A un mes de las elecciones, por el interés popular nadie lo diría, se vislumbra por unanimidad una nueva victoria de CiU, la enésima. Deberíamos estar acostumbrados - total, han ganado siempre, siempre, las autonómicas-, pero no lo estamos: la gran incógnita no es quién ganará, sino quién será president, Mas o Montilla, y con qué apoyos. Esta incógnita no la podrían despejar los líderes políticos aunque quisieran. Pero además de no poder, tampoco lo desean.

A día de hoy, sólo los votantes de Iniciativa saben lo que se disponen a hacer sus representantes, entrar en un nuevo tripartito, en la media que de ellos dependa, o bien quedarse en la oposición.

La idea de formar parte de un bloque nacional, de todos menos el PP, o incluso junto a CiU y ERC, no les llama para nada la atención (a diferencia de sus correligionarios en Euskadi), y eso que CiU no es, en la práctica, menos socialdemócrata que el PSC.

El resto, no sabe, no contesta, incluso despista. ¿Qué haría el PP de Piqué, en el muy improbable caso de que sus votos contaran? Los regalaría a CiU, no lo duden. Manos completamente libres en Catalunya, con algo de prudencia en temas identitarios, sólo a cambio de no apoyar al PSOE en Madrid. Como la posibilidad de que entre CiU y el PP sumen el mínimo de 68 diputados es muy remota, dejémoslo así, añadiendo lo peligroso que sería para CiU aceptar un caramelo tan venenoso que llevaría la calavera y las tibias en el envoltorio.

A CiU, lo que le va y le vale es pactar con el partido del Gobierno. Eso es pujolismo y el resto, puñetas. Si bien absteniéndose de volver a caer en el gran error de Pujol, poner el Govern a la merced del partido que manda en Madrid sin que dicho partido necesite los votos de CiU en el Congreso. Eso sí es letal. Se demostró en la última legislatura de Pujol. Se demostrará llegado el caso si, tras las generales que se avecinan, Mas se encuentra a merced del PSOE como president de Catalunya sin que Zapatero tenga necesidad de él para sostener su Gobierno. En CiU mantienen la firme convicción de que intercambiar apoyos con el PSOE es la garantía para ambos de largo ciclo en el poder. Con un pacto a tanta profundidad y de largo alcance que pase por encima de las coyunturas de mayorías absolutas o relativas. Tanto al PSOE como a CiU les puede ir mejor o peor, pero CiU ha demostrado que siempre gana, mientras que al PSOE de Zapatero se le prevé un ciclo en el poder casi más largo que el de Felipe González. Ambos con altibajos. ¿A santo de qué, entonces, tocarse o apretarse lo que no suena? ¿A santo de qué no volverse hermanos de sangre por un plazo, pongamos, de tres o cuatro legislaturas? Para derrotar este hermanamiento, el PP debería sacar mayoría absoluta o casi, lo que no entra en ninguna de las previsiones. ¡Dios salve a la Santa Alianza! ¡Largo ciclo en el poder para ambos! Máxima estabilidad, hasta la exhaustividad, con ausencia de alternancia. Y pensar que todavía, a esas alturas de la claudicación nacionalista y con esas perspectivas de entreguismo perpetuo, hay quienes sacan a relucir el fantasma del català emprenyat a la mínima que se observa un residual meñique con impulso de medio no diré alzarse, sino desperezarse. Tengan por seguro esos denunciantes, hacedores de aspavientos sin par contra la nada con sifón, que la locomotora real de las reivindicaciones catalanas es ya, y va a ser cada día más, la Cambra de Comerç, no el catalanismo político (no digamos el cultural). La perspectiva del feliz matrimonio, con regalo de bodas de truhán aceptado con fariseísmo, topa con una única salvedad. ¿O en un impropio arranque de lucidez, debería llamarle por su nombre de fantasma? ¡El tripartito! De momento y con rara unanimidad, los sondeos se encargan de alejarlo. GALLARDO Si en el 2003 CiU superó al PSC por cuatro diputados, ahora la diferencia podría elevarse a diez o incluso a quince, siempre según los sondeos, con lo que ERC tendría enormes dificultades para colar un nuevo pacto del Tinell, por más que las matemáticas previstas sigan dando, en todos los casos, mayoría absoluta a la izquierda. De confirmarse esas halagüeñas pero insuficientes perspectivas, Artur Mas podría amagar con un pacto nacionalista CiU-ERC, con la finalidad inmediata de evitar la tentación de un tripartito, y sólo para el caso de que el PSOE estuviera tentado de dejarle en la estacada.Esta vez, Esquerra tendrá la llave de rebote, si es que llega a tenerla. Según el análisis que se deriva de los sondeos, lo probable es que deba escoger entre dos males, a saber cuál mayor: hacer de comparsa a CiU sometida al PSOE o bien sostener a un PSC en retroceso, también sometido al PSOE pero díscolo, ya que Zapatero está en contra de que Montilla sea president. La alternativa, tal vez lo más sensato, sería volver a la oposición, esto es, dejar que los demás jueguen la partida del poder regional y resistir las tentaciones de pintarla con algunas conselleries de poca monta.