El intercambiador
El éxito de La Noche en Blanco del pasado sábado ha sido total. Alberto Ruiz-Gallardón, que está controlando los tiempos con vistas al 27 de mayo, fecha de las elecciones municipales y autonómicas, se ha apuntado un buen tanto de cara a la ciudadanía. Alicia Moreno cumple bien el encargo de virar en la marcha cultural.
Ha sido importante la celebración de La Noche en Blanco en Madrid, el pasado sábado. Desde el punto de vista político, Alberto Ruiz-Gallardón ha conseguido que, independientemente de las frustraciones de unos y otros por las colas o por la insuficiencia de algunos de los contenidos, una gran parte de la ciudadanía acudiese a su llamada con la misma fe con la que los niños seguían en la fábula al flautista de Hamelin. El personal confía en Gallardón, es un hecho. Movilizar en una noche a un millón de personas -pongamos que la cifra oficial es válida- no es fácil. Se puede conseguir en un 5 de enero, con la Cabalgata de Reyes, o en manifestaciones ante sucesos y acontecimientos de excepción. Ante una celebración festivo-cultural no es nada fácil. Gallardón lo ha conseguido.
El ya candidato del PP para la Alcaldía en las muy próximas elecciones municipales desde antes del verano se ha puesto las pilas y, al frente de su disciplinado y fiel equipo, y, cuerpo a tierra, sin hacer olas, y procurando que no se las hagan tampoco a él, quiere sintonizar con la frecuencia de un electorado que se le estaba yendo de las manos. Si hay que estar en las fiestas de la Paloma, se está; si hay que hallar una solución al problema Rubianes, se encuentra, y si hay que lanzar un órdago cultural a la ciudadanía, se organiza La Noche en Blanco, suficientemente testada en otras capitales europeas. Lo malo es cuando el órdago puede ser un farol.
Sigue lo de Rubianes.
Tanto Oscar Iglesias como Rosa León han sacado las uñas. Con relación a La Noche en Blanco, su análisis no es despreciable. Reconociendo el éxito de la iniciativa, han subrayado dos aspectos interesantes. Primero: el que la fiesta cultural tendría que haberse hecho extensiva a los barrios periféricos. Segundo, y capital: que el acontecimiento no debería tener la excepcionalidad de ser sólo una noche al año. Los 365 días pueden tener en Madrid su noche en blanco, su noche cultural. Porque lo que se ha demostrado es que el madrileño quiere que le ofrezca cultura, y no precisamente elitista.
Además, para los socialistas del Ayuntamiento, una cosa es La Noche en Blanco, que reconocen que ha sido un éxito por lo que pone en evidencia, y otra el comportamiento de Alicia Moreno en el caso de la desprogramación de la obra de Rubianes en el Teatro Español. Piensa el equipo del que es portavoz Oscar Iglesias que Moreno no pugnó por la libertad de expresión en esta circunstancia y que por ello debe dimitir. ¡La libertad de expresión!
El miércoles, en el pleno, Manuel Cobo quiso llevar el tema por la españolidad, cosa que Iglesias frenó. Para español, él, que también se dolió en su día por las palabras de Rubianes, que considera intolerables. Lo que pidió Iglesias, ese sucesor de la ya feliz Trinidad Jiménez, fue que Gallardón dijera por qué se contrató a Rubianes y luego se le censuró. Algo que Gallardón no explicó.
La versión oficial, como se sabe, es que no fue el Teatro Español el que excluyó la obra de su programación, sino que fue el propio Rubianes el que la retiró. Aquí ya se ha dicho que la obra sobre Federico García Lorca tiene su valía, independientemente de lo que Rubianes haya podido decir en otras circunstancias sobre los españoles, que allá él. Rubianes no ha venido al fin a Madrid. Comisiones se ha enfadado, y los ultras han vuelto a la carga. El rosario de la aurora. Vale.
El madrileño pide más.
Desde el punto de vista estrictamente cultural, es significativo que a la convocatoria de La Noche en Blanco acudiese en masa una buena parte de la población madrileña, deseosa de tener propuestas culturales sólidas. Oscar Iglesias, desde su crítica por la excepcionalidad de una sola noche en blanco y 364 en negro, nos está diciendo que el ciudadano de hoy está más preparado que nunca y quiere cultura de verdad.
Se vio el sábado. Un millón de madrileños huyó de los programas adocenados de sus televisores y se lanzó a la calle ante la provocación de un político como Gallardón en el que cree una buena parte de la población, sobre todo la más joven. Lo malo es cuando esa ilusión es un globo que se pincha, una cola que se estanca, una propuesta de humo, fuegos artificiales. Ojo, que de noche todos los gatos son pardos.
Pero que nadie lo niegue. El paso dado con La Noche en Blanco por Gallardón, por Alicia Moreno, es importante, a pesar de que haya sido una franquicia europea. Al mando ha estado un veterano de la movilización cultural, desde los tiempos de Tierno, Tato Cabal, fino y rotundo al tiempo. Y es un hecho que Gallardón, con Villapalos, sacó adelante los dos teatros de El Escorial, y, con Alicia Moreno, proyectó el complejo teatral del Canal. Son hitos innegables. Son continentes magníficos. Otra cosa son los contenidos que se pongan dentro. Como en el Español, que no lo ha hecho Gallardón, que se hizo en 1583, y se ha deshecho en múltiples ocasiones...
Un Madrid cultural.
Gallardón ha presentado sus presupuestos para el 2007, e incrementa el de Alicia Moreno en un 27,37%; es decir, de 114,9 millones de euros, le pasa a 146,44. Hay que observar que una parte se la lleva el ladrillo: las instalaciones del Matadero, el centro Conde Duque y el eje Prado-Recoletos. Bueno, en total, poco más de 20 millones de euros. ¿Y el resto, más de 120 millones?
Madrid, se ha demostrado, está sedienta de una buena oferta cultural. Pero no quiere que le den gato por liebre. Dos noches más como esta y se acabó el misterio. Le comenta al cronista un sufridor... Y no se afina a golpe de talonario. La oposición ha preguntado cuánto ha costado La Noche en Blanco, y aún no ha recibido contestación. Tiene que haber transparencia. Las cartas, boca arriba. Madrid puede ser un foco cultural impresionante para los de dentro y para los de fuera. ¡Habría que contabilizar los visitantes que tendría Madrid cada fin de semana si cada sábado del año hubiera una oferta festiva y cultural! ¡Visitantes de toda España! ¡Y de toda Europa! No se le puede poner, por ejemplo, a Madrid cada verano el cartel de «Cerrado por balance».
Tras la convocatoria de La Noche en Blanco, las fiestas navideñas que se avecinan, las de Carnaval y las de San Isidro, nadie duda que Gallardón va a llegar al 27 de Mayo en olor de multitud. Mucho más, si los socialistas siguen demorándose en sacar al ruedo al sucesor de Jiménez. ¡Ella misma lo dice! Han de elegirlo cuanto antes. Si, al fin, es el propio Oscar Iglesias, más tiempo tendrá para la brega. Iglesias, que está dispuesto a que Alicia Moreno siga en el ojo del huracán. También, Granados, secretario general del PP de Madrid. Pero esa es otra película.
Gallardón, la Carrasco y Gómez
El miércoles, tras el pleno, Gallardón no fue a su Teatro Español a ver a Gelabert, se fue a La Abadía de Gómez a ver a Marta Carrasco. En el Español, media entrada. La Abadía... ¿Qué cómo estaba la plaza? «Abarrotá». Al acabar, fue el delirio. ¡Del propio Gallardón, aplaudiendo como un loco! Gómez sabe cuidar a su parroquia. Marta Carrasco es nuestra Pina Bausch y el buen paladar de Gallardón lo sabe. Sin duda, hay calidad en nuestros creadores, como entre nuestros motoristas o entre nuestros economistas. Se trata de sacar esa calidad a flote en el mundo de la cultura. ¡El contenido, no el continente! El arriesgarse con esa calidad. ¿Abrir las puertas de los museos? Sí, claro. ¿Abrir las puertas de Madrid a la creación más rigurosa? Eso sí que sí.
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