"Alguien tiene que decir: ¡basta!", de Andy Robinson en La Vanguardia
EL CAPITOLIO FINALIZA LEGISLATURA
El efecto de las leyes sobre inmigración en la frontera.
National City y Escondido, dos modestas ciudades situadas a menos de veinte minutos en coche de la frontera con México, representan las dos reacciones opuestas de la ciudadanía de California ante la cuestión de la inmigración indocumentada. A un mes de los comicios para renovar el Senado y la Cámara de Representantes en Washington, los resultados electorales de ambas localidades se plantean casi como un plebiscito nacional.
National City, municipio suburbano a primera vista escasamente atractivo, será noticia de primera página hoy cuando se declare ciudad santuaria para los indocumentados. Su joven alcalde americano-mexicano, Nick Inzunza, realizará una proclamación ceremonial desde la sede municipal en la que dará la bienvenida a los sin papeles y la insumisión de su Ayuntamiento en caso de que se ratifique en el Congreso una ley que criminaliza a los inmigrantes indocumentados.
Ya se han producido enfrentamientos con grupos locales de minutemen,vigilantes antiinmigrante que patrullan por la frontera, sobre la cuestion. "Esto va a sacar a los minutemen de sus casillas pero alguien tiene que decir: ¡basta! Y tendré cientos de vecinos delante y un centenar de policías municipales", dice el demócrata Inzunza.
National City, que tiene una población de 30.000 personas, el 90% hispana y filipina, será el ultimo de un puñado de municipios del sur de California con mayoría latina que se han declarado santuarios desde las grandes manifestaciones hispanas en primavera.
Pero a diferencia de Maywood o Huntington Park, ciudades santuarias de la gran metrópoli multicultural de Los Ángeles, Inzunza planta cara a la ciudad ultraconservadora de San Diego, base principal de la Armada estadounidense, y "donde viven más miembros del Ku Klux Klan que en Mississippi", según Enrique Morones, de la ONG Ángeles del Desierto y aliado de Inzunza.
Son éstos los que han animado al Ayuntamiento republicano de Escondido, que con toda probabilidad aprobará el próximo miércoles una ley municipal que multará hasta con 1.000 dólares a los propietarios de inmuebles que alquilen pisos a los indocumentados. Aunque algunos concejales de Escondido - 140.000 habitantes, un 30% de origen hispano- reconocen que difícilmente se podrá aplicar la medida, ya es un éxito político.
"La mayoría abrumadora de los no hispanos apoya esto", dijo el concejal Ron Newman. Crece una histeria en Escondido azuzada por grupos xenófobos como Save Our State (salva nuestro estado), que siembra temores infundados de que los indocumentados abusan de los servicios públicos y viven de la delincuencia. Lo cierto, por el contrario, es que "son gente muy trabajadora, con alguna excepción, y por uno que se porte mal, pagan todos" afirma Ruben Isaires, pastor de la Iglesia Universal en Escondido.
Sin embargo, la comunidad hispana de Escondido - con su autoestima reforzada por las movilizaciones de primavera- no da la impresión de sentirse intimidada; el domingo por la tarde familias mexicanas preparaban la merienda en el bucólico Grape Day Park, donde en mayo se celebró una gran manifestación de apoyo a los indocumentados.
Las medidas de National City y Escondido son ejemplos de la polarización de la opinión respecto a la inmigración indocumentada en California, el estado en el que residen mas inmigrantes sin papeles, unos tres millones en una población total de 36 millones. En Escondido se pretende rentabilizar el creciente rechazo a los sin papeles en las comunidades de mayoría blanca o negra, aunque pierda apoyo en la comunidad hispana. El acoso a los inquilinos indocumentados "es sobre todo una táctica política cara a las elecciones de noviembre", dijo Newman.
Inzunza - que abandona la alcaldía en noviembre-, por su parte dice que pretende recuperar la dinámica de las megamanifestaciones de primavera, a su juicio, "un nuevo movimiento de derechos civiles". Sin embargo, duda que esto se traduzca en votos. "Los latinos no votan. No puedo rentabilizar políticamente este voto", dice. En National City la polarización interétnica crece también: "Es muy difícil llegar a los blancos y los negros porque los medios de comunicación en ingles no entienden el mensaje, mientras que los medios hispanos sí", explica.
