PIDO disculpas anticipadas, porque el hecho que voy a comentar nos cae un poco lejos; tan lejos como Sevilla. Pero es indicativo de los errores que se pueden cometer en el entorno del Gobierno en relación con el terrorismo. Se trata de lo siguiente: la Asociación Víctimas del Terrorismo ha convocado para mañana, sábado, una manifestación en Sevilla bajo la consigna conocida de No en mi nombre . ¿Y qué hizo el señor subdelegado del Gobierno, a quien no tengo el gusto de conocer? Por supuesto, autorizarla; pero, a continuación, y según noticias transmitidas por radio, ponerle condiciones como éstas: no interrumpir el tráfico y que el nivel de ruido no supere las ordenanzas municipales.

Esto es lo más insólito que hemos visto en muchos años. Esto es lo más ridículo que se hizo desde un despacho oficial desde que tenemos memoria. ¿Dónde se ha visto una manifestación que no interrumpe el tráfico? ¿Qué es eso de limitar con una orden administrativa los gritos de unos manifestantes? ¡Eso no se lo imponen, ni se lo sugieren, ni a las manifestaciones en que participa Arnaldo Otegi! ¿Y sabe el señor subdelegado qué impresión transmite a la sociedad? Que el Gobierno legítimo de la nación está en contra de las víctimas, limita su capacidad de expresión y manifestación, y es menos tolerante con ellas que con los asesinos.

He aquí cómo un cargo público de cuarto nivel puede inhabilitar toda la acción -bueno, el talante- del señor Zapatero. He aquí un hecho que, debidamente aireado, deja en ridículo la grandeza de un momento en que, por una parte, el presidente mantiene abiertas sus expectativas del llamado proceso de paz y, por otra, mantiene la Ley de Partidos para que no sufra la legalidad. Es absurdo pensar que el subdelegado esté cumpliendo las instrucciones y filosofía del Gobierno, pero, si se trata de un cargo de libre designación, también es legítimo que mucha gente piense que lo hace. Y, si continúa en su puesto después, es legítimo que sospeche que el Gobierno consiente ese desmán.

Tremendo. ¿Qué hay detrás de este episodio? Como parto del principio de que el Gobierno es amigo de las víctimas o, por lo menos, no es su enemigo, aquí está fallando algo. Está fallando la transmisión del mensaje de la Moncloa. O algo peor: no hay ese mensaje. Y así asistimos a diario a contradicciones y absurdos. El más grave, el más elocuente, éste de Sevilla, que sitúa al Gobierno como adversario de las víctimas del terrorismo. Sólo hay una salida: el cese. Ese subdelegado quizá sea un hombre valioso; pero, si está contra las víctimas o transmite la impresión de que lo está el Gobierno, lo siento mucho, pero no puede seguir en su puesto. Por coherencia. Por pura dignidad.