El peaje en las carreteras es un invento catalán, al menos eso se puede deducir del hecho de que, ante la incapacidad de concluir la carretera que conectaba Ribes de Freser con la Cerdanya por parte de los gobiernos de Alfonso XIII, un grupo de industriales catalanes que pasaban los veranos en aquellas tierras pirenaicas decidió completar por su cuenta el tramo que faltaba entre La Molina y el valle, aunque obligando a pagar un canon a todo aquel que viajara por aquel paso. Un siglo después de aquella iniciativa, el Gobierno ha decidido rebajar algunos peajes mediante los nuevos presupuestos y al conseller de Política Territorial, Joaquim Nadal, le ha faltado tiempo para ensalzar la buena nueva, mientras el candidato del PSC, José Montilla, se subía a un anuncio de prensa enarbolando el nuevo descuento.
El rescate de peajes es un asunto recurrente de la política catalana y en los archivos de TV3 pueden encontrarse imágenes de dirigentes de diferentes partidos manifestándose en las autopistas en favor de esta medida, como la consellera Tura o el ex conseller Carod-Rovira. La cascada de declaraciones que el tema suscitó en su día sólo sirvió para establecer un grupo de trabajo en el Parlament. Por cierto, que este colectivo abogó por crear un fondo para el rescate selectivo de los peajes, nutrido con recursos procedentes de los impuestos de las sociedades concesionarias. Sin embargo, ahora nadie apuesta por esta medida y la propia Generalitat dice por boca de Manuel Nadal que esto es imposible, que las concesionarias tienen un contrato que las protege y que la única solución sería subir los impuestos para reducir los peajes. Pues si esto era imposible, ¿por qué nuestros diputados se dedicaron a proponer medidas inaceptables?
El descuento de peajes afectará a 66.000 conductores, es decir, al 0,8 de la población catalana. La rebaja le costará a la Administración central cien millones, cuando el rescate total de peajes se elevaría a 4.500 millones. La casuística de estas rebajas selectivas requiere poco menos que un manual de instrucciones para cada caso; que si hay que ser residente, que si hay que pasar un mínimo de veces, que si el domingo no vale, que si es obligatorio llevar el teletac (que no es gratis). Además, algunas de estas reducciones (como la de Alella en lugar de la de Vilassar) lo único que harán es incrementar aún más el tráfico en la carretera de la costa.
Por todo ello, cuando se nos venden las migajas como una hogaza, entran ganas de responder lo mismo que el doctor House en el capítulo de una paciente que quiere obsequiarle: "A veces el mejor regalo es la gratificación de no volver a verla".

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