Estamos “ante la venganza de la vieja economía”, dice con cierta sorna Juan Carlos Ureta, presidente de Renta 4, quien añade que la bolsa con este máximo histórico rinde tributo a la salud de nuestras empresas que asombran al mundo con sus incrementos de beneficios y sus tomas de participaciones. Ahí están Telefónica, Santander y Ferrovial, sin ir más lejos. Han dejado boquiabiertos a los prohombres de la City.
¿Quién lo diría hace ahora seis años y medio cuando Villalonga asombraba al Gobierno de Aznar con sus osadías? En 2000, no sólo comienza a enamorarse el virus I Love You de redes enteras de ordenadores, sino que Terra compra Lycos por 12.500 millones de dólares, Telefónica se hace con Endemol por 915.000 millones de pesetas, América On Line y Time Warner anuncian su megafusión, Vodafone adquiere Mannesman... En España no había más de 4.000 usuarios de ADSL y se pone en marcha el malogrado Nuevo Mercado Español.
El 6 de marzo de 2000, con el Ibex en 12.816 puntos Telefónica valía en bolsa 106.368 millones de euros. Pesaba un 28%. Ayer, la operadora tenía un valor bursátil de 66.189 millones de euros, con una ponderación del 14,26%. Terra costaba en bolsa 33.600 millones de euros, un valor similar al de Iberdrola ayer y superior al de Repsol, Popular o la mismísima ACS de Florentino.
Ahora eléctricas, inmobiliarias y bancos, entre otras, empujan al Ibex hacía cotas no recordadas desde hace seis años y medio cuando crujió la burbuja de Internet.
Hemos pasado del pinchazo de las telecos al fervor del sector eléctrico, a la exuberancia irracional de las inmobiliarias -justo cuando empieza a cambiar el ciclo- y a la fiesta de la especulación en su más amplia acepción, sin olvidarnos de la orgía que vivimos de la información privilegiada.
Endesa vale hoy en bolsa 37.000 millones de euros. Entonces, poco más de 23.400; Iberdrola costaba 12.576 millones y ayer mismo, 34.403 millones.
Seis años después el Gobierno quiere de nuevo tomar parte de la reestructuración eléctrica. Ignasi Nieto, el flamante Secretario de Energía, ha llamado a capítulo a todas las eléctricas y David Vegara, secretario de Estado de Economía, insinúa que el Gobierno está dispuesto a modificar las normas para que puedan producirse fusiones.
Por lo pronto, la constructora de Florentino Pérez, los March y los Albertos, ha comprado el 6,3% de Iberdrola y no parece importarle a nadie su posición del 35% en Fenosa. Incluso quiere comprar más, aunque sea a 39 o 40 euros. Hay que ver qué raro es el mercado en el que los compradores autoalimentan las subidas.
Es uno de esos acercamientos amistosos que terminan en parto, aunque la acción de Iberdrola ha hecho los delirios de los especuladores. Resulta curioso cómo de repente un montón de manos fuertes sale en busca de acciones eléctricas al mercado. Todo el que tiene una carterita, suelta lo que puede aunque hay muchos que se niegan y quieren participar de la fiesta de la irracionalidad.
Ahí está Iberdrola, que gana un 65% desde enero, bueno desde hace unos días, o Endesa, con un 57%; Gas Natural, un 27% o ACS un 40%. Nadie quiere perderse el ágape y la fiebre de los compradores alcanza a casi todos los sectores calientes: eléctricas, inmobiliarias, constructoras.
Si Metrovacesa, pese a la caída ayer de un 13%, vale en bolsa 9.900 millones, “cómo tenemos que valorar Urbis”, decía un operador que consideraba un quilombo el precio de venta de la inmobiliaria de Banesto. De hecho, dentro del banco ha dado mucho que hablar la operación.
Estamos en una situación en la que nada es lo que parece y todo el que quiere comprar tiene que pagar una prima, aunque más que una prima estamos rozando el tocomocho. Así son las pugnas en las que entran en subasta un par de interesados y a su alrededor surge un tumulto de animadores dispuestos a desangrar el melón.
Los fundamentales, el NAV y otras referencias se han convertido en auténticas sandeces para un mercado en el que desde primeras horas de la mañana hierve el rumor y se dibujan operaciones mastodónticas, sin importar el coste, el endeudamiento y ni mucho menos el futuro incierto. Luego vienen los sustos, pero quién se atreve a estar fuera de semejante calentura.
Entre el año 2000 y 2006 hay numerosas diferencias, pero la cultura del riesgo por el riesgo no parece haber sido superada. Está enquistada en las venas del mercado. Las empresas viven momentos muy saludables, con beneficios récord pero, al otro lado de la valla, los tiburones son de idéntico tamaño e incluso superior a los de 2000.
De la burbuja de Internet hemos pasado, tras un cuidadoso saneamiento y un tiempo de bonanza impensable, a la burbujeante realidad eléctrica, al desconcertante fervor inmobiliario. Y si antes se pagaban millonadas por el sol embotellado en un ordenador, ahora se compran expectativas construidas en demasiadas ocasiones sobre castillos en el aire.
Veremos si la venganza de la Vieja Economía da paso al renacer de la Nueva Economía, bien entendida tras el fiasco de 2000 y el explosivo comportamiento bursátil de 2006. Y aún nos queda un trimestre.

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