La más óptima Asturias imaginable dentro del mejor universo político posible, bajo el mandato arecista. Discurso que fue un amasijo de prosa propagandística plúmbea. Logro a logro, maravilla a maravilla. Todo ello con un ritmo chirriante y soporífero. A veces, bostezos. Como guinda, risitas del enemigo, por supuesto, irresponsable. Obras que son amores. Alegato que se fue forjando a golpe de hormigón armado. ¡Hay que ver lo que le espera a la ciudadanía astur! No se anuncia que los desheredados vayan a heredar, pero se asegura que los impuestos sucesorios dejarán de pagarse en el 90 por ciento de los casos. Política justa donde las haya para un viejo dirigente de la izquierda plural, revolucionaria y transformadora. He ahí una nueva fórmula en pro de la redistribución equitativa de la riqueza. ¡Ay!
La Asturias de la esperanza es la que Areces lidera. Atrás se quedaron aquellos años de escepticismo y de inquietud. Fórmulas mágicas habrá para superar el problema demográfico. Decisiones milagrosas vendrán que traigan a estos pagos inversiones que generen innumerables puestos de trabajo. El aislamiento astur saldrá derrotado. La crisis resultante del viejo modelo industrial habrá llegado a su fin. ¡Oh, maravilla!
¿Y qué pasa con las otras Asturias? Pongamos aquella que se opone al embalse de Caleao, así como a la proliferación -que hay quien considera excesiva- de parques eólicos. Pongamos aquella otra que manifiesta su inquietud cuando piensa en el futuro de nuestra costa y del legado natural que recibimos. Pongamos la que se pregunta por la cadena de hechos que llevaron a la situación actual a viejos sindicalistas como Martínez Morala y Cándido González. Pongamos aquella que mira con indisimulado recelo lo que se pretende hacer con los importantes recursos naturales que nos quedan. Pongamos la que espera que se dé un paso adelante en pro de la oficialidad del asturiano para superar un conflicto que ya se está eternizando. Pongamos aquella otra que demanda, sin esperanza y con convencimiento, que se apoye de verdad la cultura que aquí se está generando más allá de amiguismos profesos y confesos.
¿Y qué pasa con IU? Doña Noemí echa el freno al triunfalismo arecista. Aun así, uno no acierta a entender por qué se mantiene por parte del señor Valledor la coalición si de veras hay un fuerte descontento con el famoso libro editado en Leganés; si hay un total desacuerdo, más allá de la retórica, con la obra de Caleao; si hay una disconformidad manifiesta con la supresión del impuesto sucesorio, y así un largo etcétera. Lo de IU lleva tiempo conduciéndonos a uno de los más logrados endecasílabos de Lope de Vega, es decir, a «creer sospechas y negar verdades». ¿Están en coalición con Areces para algo más que el mantenimiento de cargos en el Gobierno y todo lo que eso conlleva? ¿Para algo más que contradecirse y desautorizarse los unos a los otros y viceversa? Alega doña Noemí a favor del Gobierno la política social y de viviendas. Me pregunto si en ese pliego de satisfacciones cabe Progea o si nada tiene que ver al respecto. O, incluso -todo es posible aquí- si no existe.
¿Qué decir de don Ovidio? Asturias, ante todo. La incomprendida, no sé si también la malquerida. Quisiera cabalgar el carismático político allerano al servicio de don Pelayo. Su flequillo reconquistará Asturias, la más covadonguista, la más apuesta, la más opuesta a los desmanes del pérfido Gobierno de Zapatero.
Lo real maravilloso. Todo a lo grande. Todo cemento. La hormigonera como metáfora. La política como una empresa constructora. Se hace país, se hace Asturias a golpe de andamios y de ladrillo.
Lo real maravilloso. Dejó dicho Alejo Carpentier que «en América latina lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades, en los rótulos callejeros o en nuestra vegetación o en nuestra naturaleza y, por decirlo todo, también en nuestra historia».
En la Asturias de 2006 lo real maravilloso habita en el discurso político. Aquí el doctor Pangloss sería un escéptico, incluso un pesimista.
Lo real maravilloso. Cuando se estudie en el futuro el inicio del siglo XXI astur se hablará de un tiempo y de un país donde la política se desarrollaba como sigue. Érase un Gobierno donoso y rumboso en Madrid que construía y construía. Y en Asturias hallábase una de las sucursales más beneficiadas de tan dadivosa empresa. Érase un naufragio de la izquierda plural, revolucionaria y transformadora en un mar de cemento.
Érase una derecha sin más proyecto que la ranciura.
Érase una vez que se era la Asturias con dirigentes políticos más mediocres cuya única realidad, más allá del cemento, eran sus señoritos madrileños. En cada esquina, en cada ciudad, en cada villa, en cada paisaje, decepción. Érase una vez que se era la Asturias que, hablando de impuestos hereditarios, no asumía la responsabilidad de mantener, administrar y mejorar el legado recibido en todos y cada uno de los órdenes que la historia tuvo a bien establecer.

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