Pongamos los puntos sobre las ‘íes’, porque aquí parece que hay alguien que no se entera. Lo que está ocurriendo con las eléctricas en España es un disparate. Los ratios que se están aplicando por primas de dominio son un completo absurdo y las idas y venidas de carros repletos de información privilegiada un auténtico dislate. Aquí hay mucho de excusatio non petita, y ya se sabe. Me alegro por todos los pequeños accionistas que se han encontrado con revalorizaciones inimaginables.

Pero es tiempo de vender. The party is over, man. Porque, a ver, señores: esto es un sector regulado, donde es verdad que se requiere estar a bien con las compañías en un momento de demanda pico de gas y electricidad, pero donde no es menos cierto que se está al arbitrio de unas decisiones que escapan del ámbito de las propias empresas. A estos precios, ¿cuál es el valor adicional que el sector puede crear? Para mi, cero. Si no que alguien me lo explique.

Primer movimiento. Conocido por el todo Madrid que Florentino Pérez, esta vez sí que se entera, -no como el caso Fenosa, mitos y leyendas de la beauty local-, se acerca a Presidencia del Gobierno antes del verano para plantear una operación corporativa, que bueno, ya se sabe, el mercado es como es, pero menos, y más vale soporte gubernativo que sorpresa regulatoria, aunque no siempre sirva –que se lo digan a Gas Natural-. En palabras finas: “Oye, Presidente, esto pinta mal, la UE os va a dar un palo, salvemos la patria y construyamos un gran grupo nacional liderado por mi, que sé de qué va esto. Si no, la ruina. Enel o cualquier otro competidor europeo con los bolsillos llenos de caja puede dejar al país sin un operador nacional de relevancia. Iberdrola y Fenosa, unidas por el amor al kilowatio, es la solución”.

Segundo movimiento. El todo Madrid es tan pequeño que la operación llega a oídos de los Entrecanales, hasta entonces orgullosos de los dispendios realizados en el pasado para hacer frente a sus inversiones en renovables y que les ha situado en una clara posición de liderazgo. Que quieres viento, pues viento; sol, cuarto y mitad; biodiesel, para mi la planta más grande. Pero, ay amigo, invertir mucho dinero en energía subsidiada es lo que tiene: que puede llegar el ministro de turno, como ha llegado Clos, y decirte que sí, que está muy bien Kyoto y todo lo demás, pero que hincharse a ganar pasta a costa de las bonificaciones de tarifa que asume el Estado, pues que va a empezar a ser que no. Y resulta que suena la alarma en el cuartel general de Acciona al ver en peligro la rentabilidad estimada cuando acometió las inversiones. ¿Y entonces? Los Entrecanales le ven las orejas al lobo.

Tercer movimiento. Acciona tira por la calle de en medio. Si sale la decisión de la Unión Europea sobre las condiciones impuestas a la OPA de Endesa, que deja a E.ON en una posición de fuerza, y se materializa la fusión entre Iberdrola y Fenosa, me quedo a verlas venir. En un lado no tengo cabida y en el otro difícil será que quieran mi renovable, al menos en el corto plazo. Solución: compra de una participación en Endesa que obligue a E.On a tener que negociar con un servidor. Y si la cosa sale bien, le endoso el paquete, le pongo el ISO 9002 medioambiental a Endesa y encima me quedo con una participación en la compañía. Y si sale mal, pues 300 millones de euros al bolsillo, que las penas con pan son menos penas, y a rezar porque el entorno no se deteriore aún más. Sigo pensando que una solución nuclear por renovables será el final feliz para todos, algo de lo que no se ha oído hablar. Los Entrecanales son especialistas en posicionarse en negocios de futuro y, en todo el mundo, desde Estados Unidos, pasando por Alemania y China, el nuclear es el futuro inevitable.

Cuarto movimiento (paralelo al anterior). De vergüenza. Dos días antes de la entrada en el capital de Iberdrola conocemos un mandato de ACS a Caja Madrid para incrementar su participación en Unión Fenosa en un 6% adicional, tras superar el umbral del 35% del capital. Que se sepa bien, por favor. Que todo el mundo lo oiga. ¿Por qué? Florentino lo tiene claro: empresa cotizada, mi negocio vale lo que diga el mercado. Ergo, si yo caliento mi acción, bonita posición de fuerza que tengo para acometer un proceso de concentración con un competidor, llámese éste Iberdrola. Pero bueno, ¿es que nadie va a investigar este tema de oficio? Entra dentro del umbral fijado por la CNMV. Pues que lo haga, ¿no? ¿O es que la operación ha salido en un desayuno de trabajo esa misma mañana?

Colofón. Forre de los accionistas de las tres compañías implicadas; muchos beneficiados de los efectos colaterales que alcanzan a cualquier valor relacionado con el sector; gente que ha hecho un auténtico dineral, como Fernando Martín con su 5% de Fenosa –desde luego, si era una venganza y ganas de incomodar al que le hizo la cama en el Real Madrid, bendita venganza- o Manuel Jove –punta de lanza del frente gallego, que además ayer vio cómo su Fadesa se disparaba en el parqué-; valoraciones absurdas, porque las compañías no lo valen, y ganas de hacer short del sector, Enagás y Red Eléctrica aparte. Y lo que es peor de todo, vuelta a los años en los que los ricos, que también lloran, pero menos, hacían y deshacían en este país a su antojo ante el silencio cómplice de los que supervisaban su actuación.

Está todo el pescao vendido. Absolutamente todo. Que nadie piense que hay recorrido en un sector más concentrado y más expuesto a la lupa de las autoridades de competencia. No lo hay. Los múltiplos de consolidación duran mientras el proceso está en marcha, pero una vez concluido hay que volver a los métodos tradicionales y si tomamos el Regulatory Asset Base de alguna compañía, las sorpresas pueden ser de órdago a la grande. Es momento de que jueguen otros. O no. Que cada uno haga con su dinero lo que quiera. La advertencia queda hecha. Mañana ya es viernes.