La Coctelera

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28 Septiembre 2006

Esperanza Aguirre, cuídate, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital

Marcello ha visto a Esperanza Aguirre abanicándose junto a Mariano Rajoy cuando el presidente del PP hacía bromas sobre la supuesta candidatura de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega para la Alcaldía de Madrid. ¿Hacía calor, o era un sofoco? Porque daba la impresión de que en el PP preocupa seriamente el desembarco de De la Vega en la batalla madrileña, y no sólo la temen sino que no descartan que en vez de ser la candidata a la Alcaldía la vicepresidenta acabe presentándose a la presidencia de la Comunidad de Madrid, tras pasar a Simancas —el chollo del PP— al cartel de la Casa de la Villa, porque en el PSOE saben que el poder, poder, está en la Comunidad y no en el Ayuntamiento.

Lo saben en el PSOE y lo saben en el PP. Y en Moncloa están echando las cuentas y ya saben que si conquistan la Comunidad de Madrid tendrán el poder de la primera de las Autonomías de España —más televisión, caja de ahorros y millones de votos cautivos de cara a las generales— y abierta las puertas de la victoria de los comicios generales del 2008, que sin duda pasan por Andalucía, Cataluña y Madrid, de ahí que cuidado con las bromas de Rajoy, no vaya a ser que se ría de preocupación más que de satisfacción.

En todo caso, Zapatero tiene decidido convertir la campaña de la Comunidad de Madrid en un asunto personal, y está decidido a actuar en esas elecciones como si el candidato fuera él, y si llevara finalmente a De la Vega en el cartel —lo que está por ver—, pues con más motivo, aunque las lenguas de doble filo monclovitas no paran de comentar los celos que Zapatero está sufriendo por causa de la buena imagen de su vicepresidenta. Hasta el punto de que cuando se mira al espejo mágico pregunta, como la madrastra: espejito, dime, ¿quién es el mejor gobernante de España?, el espejito responde: María Teresa. Y más de una vez ha estado a punto Zapatero de romper el cristal.

Por todo eso Esperanza Aguirre, que parece confiada y que tiene en su haber una buena cuenta de los resultados de su gestión en Madrid, no debería, como la liebre, dormirse en los laureles convencida de que Simancas es la tortuga que nunca llegará a la meta antes que ella. De ahí que la presidenta deba hacer algo más, como por ejemplo alejar las malas compañías de la extrema derecha mediática vociferante —los falsos liberales de la conspiración— y cuidar con iniciativas y ejemplo de liberalismo de verdad a ese centro idílico, joven y profesional que habita en Madrid y el que al final dará los votos decisivos de la victoria a uno u a otro partido.

Además, Esperanza debe abandonar la guerra con Gallardón —parece que está en ello— y olvidarse de Ana Botella, de Aznar y de otras listas que no son las suyas, para hacer ella una lista de gran altura e impacto para la Comunidad de Madrid, que es, en realidad, el segundo gran gobierno de España, y que debería ser el espejo del PP de cara a unas elecciones generales del 2008 o anticipadas, porque en las otras Comunidades donde hoy gobierna el PP no hay nadie. Aguirre necesita un Gobierno de primer nivel en Madrid y de gran impacto social, cultural y empresarial, reforzando a personas de prestigio y de transparente y eficaz gestión, como a los consejeros Prada, Granados, Lamela o Fisas, y sustituyendo a otros que quitan más que aportan y están más en la intriga de dudosas compañías que en la gestión.

Aguirre podría tener en el Gobierno de Madrid el equipo de gestión que ya querría para sí el propio Rajoy. Porque en el resto de las Comunidades que preside el PP no se ve nada o más bien poco de interés. Matas está lejos, a la sombra de Zaplana, y Camps es un político que, a pesar de presidir —con moción de censura incluida— una Comunidad con un gran potencial económico y de desarrollo a corto y medio plazo, no existe en la vida política nacional, lo que es sorprendente, y lo que no ocurría con Zaplana, aunque este último se pasó en la dosis de su autobombo y omnipresencia en Madrid. Y por ahí sigue ahora que su comando mediático ha decidido que podría ser el líder del PP, el hombre, hombre, que se atreve con todos, matador de Rubalcaba, Zapatero, De la Vega, porque para su particular Orquesta Mongradón —que coqueteaban con Aguirre— ahora no hay más líder de fuerza y encanto donjuanesco que Zaplana el de las calzas verdes, las medallas al pocero, moreno de yate y de avión, Romeo de la política donde los haya, y “amigo de sus amigos” —por no decir socio—, que es la frasecita de marras que utilizan algunos para justificar a un pájaro de altos vuelos. Además los zaplanistas consideran que, si por un casual Zapatero adelanta las elecciones y Rajoy se estrella, el que tiene la oportunidad de ser el sucesor inmediato es Zaplana como portavoz del Congreso de los Diputados, porque ya está en todo, 11M, Presupuestos, inmigración, Estatuto, mientras Acebes anda más que perdido analizando la Historia con su jefa de Gabinete.

A fin de cuentas eso de ser diputado cuando se desmaya el líder —modelo Hernández Mancha— es lo que está en el origen de la disputa entre Aguirre y Gallardón, porque el alcalde quiere ser alcalde y diputado en el 2008, lo que no podría ser Aguirre por causa de la incompatibilidad en la que incurre la Comunidad. Pero si Aguirre gana y bien en la Comunidad y en el PP hay movida nada se puede descartar. Ni para ella o Gallardón, ni para cualquier otro candidato porque en el horizonte están, muy próximos y hablando mucho, Rato y Cascos. Dos que cabalgan juntos otra vez y que en cualquier momento podrían aparecer en las listas del Congreso del PP, por Madrid y Asturias, y a ver quién es el guapo que le echa un pulso a semejante tándem en un Congreso del PP. Ni Aznar —que está en deuda con ambos— osaría algo así.

La presidenta Aguirre se abanica a la sombra de Rajoy. Hace calor en la capital y todos saben que, pase lo que pase en Cataluña con Piqué y en Andalucía con Arenas, la gran batalla que será antesala de las elecciones generales del 2008 pasa por la Comunidad y la Alcaldía de Madrid. Para entonces Zapatero espera tener encauzado el diálogo con ETA, a ver si con ello se disfraza de príncipe de la paz, y tapa lo de los cayucos y otras artes como la postergación presupuestaria de Madrid —y resto de Comunidades españolas— en beneficio del Estatuto catalán. Aguirre —se lo decían los augures a los troyanos—, cuídate de los griegos y de los falsos liberales de la conspiración aunque hagan regalos y te prometan en bandeja de plata la cabeza de Gallardón.

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