Mientras la Bolsa rompe su techo de negocio y la batalla de las eléctricas vive otro día de excitación, en la política también saltan chispazos, como se vio ayer en la sesión de control al Gobierno, donde reaparecieron el 11M, la crisis de la inmigración y la ahora bloqueada negociación con ETA, sobre la que Zapatero se vio obligado, y lo buscó, a decir algo ante la escalada de la tensión.
La Audiencia Nacional ha confirmado indicios de falsificación de un documento que el Ministerio de Interior envío al juez Del Olmo del sumario del 11M en relación con el ácido bórico que fue hallado en el domicilio de uno de los terrorista islámicos, pero también, años atrás, en el de un terrorista de ETA, extremo este último que había sido eliminado del documento en cuestión tras un chapucero manejo del mismo por parte de altos responsables policiales de Interior, en el tiempo en el que José Antonio Alonso era el ministro. Y, como era de esperar, esta decisión de la Audiencia, que envía el caso a los juzgados de primera instancia, ha tenido su repercusión política en el Congreso de los Diputados, porque allí le preguntó el portavoz Zaplana al ministro Rubalcaba, en los pasados días, si existía o no un documento en Interior que hablaba de ETA en relación con el 11M, a lo que Rubalcaba, citando el informe que le fue presentado por la Comisaría General de Información, dijo que no.
Y fue lo que reiteró ayer el propio ministro, recordando la fecha del 15 de septiembre, para sutilmente decir a la Cámara y al PP que él ha transmitido al Parlamento lo que le han comunicado los mandos de la Policía, dejando entrever que además este asunto de la manipulación documental no había ocurrido bajo su mandato, lo que es verdad. Pero Rubalcaba insistió en que, a pesar de lo dicho y de lo escrito en uno y otro papel —la Policía decía hace poco que el documento donde se habló de ETA era sólo un borrador—, tiene la certeza de que no existe relación entre los terroristas islámicos y los etarras, y aprovechó la ocasión para citar un informe de los servicios secretos de Estados Unidos donde se relaciona el atentado de Madrid con el terrorismo islámico.
Sin embargo, el lío de los dos documentos —ninguno de los cuales prueba nada porque la alusión a ETA es sólo una opinión no una prueba— le ha servido al PP para tomarse su revancha frente al bloqueo parlamentario que le anunció el resto de los grupos de la Cámara y para exigirle a Rubalcaba responsabilidades políticas que el ministro, con la mayor sutileza pero con precisión, dejó en manos de otros y de su antecesor.
Lo cierto es que ayer la sesión de control se convirtió en un mal día para el Gobierno. Y no sólo por el caso de los documentos del 11M, sino también por los otros dos grandes temas del debate político —además de la batalla eléctrica— como son la inmigración y el bloqueo de la negociación con ETA. Dos cuestiones que tienen bastante desconcertado y atenazado al Gobierno y en las que la oposición ha encontrado oportunidades para poner en evidencia al presidente Zapatero, que no sabe lo que hacer ni tampoco lo que decir. Se vio en la sesión de control al Gobierno, donde el jefe del Ejecutivo, como suele hacer en estos casos, intentó escaparse pero sin dar una coherente explicación sobre que piensa hacer en ambos casos porque en realidad él no lo sabe. Sobre ETA, sus desafíos y su violencia callejera creciente, Zapatero se limitó a decir que todavía confía en las expectativas de paz, que condena la violencia y que para Batasuna no existe más camino que la Ley de Partidos. Es decir, nada nuevo.
Y en general una pobre respuesta que prueba que, en contra de lo anunciado por él, aún no ha conseguido iniciar las negociaciones con la banda terrorista, que mantiene ahora sus exigencias de un previo pago de nuevas concesiones políticas. En cuanto a condenar la violencia callejera —¡estaría bueno que no lo hiciera!—, Zapatero no aportó nada, y por ello se mereció la respuesta de Rajoy, en la que el líder de la oposición le señaló que lo importante no es condenar sino actuar e impedir esta creciente reaparición de la llamada kale borroka en el País Vasco. ¿Cómo se puede consentir la celebración de actos como el de la pasada semana con encapuchados disparando sus metralletas?
El presidente sabe que la negociación con ETA está estancada e insiste en que la banda sigue sin matar, insinuando que en esto que es muy importante los terroristas no pueden volverse a atrás, algo en lo que coinciden no pocos analistas, que entienden que ETA tiene en Zapatero una única oportunidad para llegar a un pacto por el final de toda forma de violencia, porque si esta tentativa fracasa pasarán muchos años antes de que se pueda a volver a hablar de negociaciones. De la misma manera que se considera que los jefes de Batasuna tendrán que pasar por el aro de la Ley de Partidos si de verdad quieren participar en las elecciones municipales del 2007.
En el debate de la inmigración, más de lo mismo. El Gobierno no responde, no tiene un plan de urgencia para abortar la llegada masiva de inmigrantes ilegales por tierra, mar y aire, no sabe qué hacer con los llegados a Canarias y es consciente de que sus socios de la Unión Europea han criticado la regulación española de 580.000 inmigrantes del año pasado como un modelo inaceptable que atrae más inmigración, como se lo han dicho desde el PP, partido que prepara para los primeros días de octubre una gran conferencia nacional sobre inmigración.
La única gracia de Zapatero sobre este tema, reconociendo las críticas europeas que él mismo había negado, fue darle un palo a Sarkozy recordando los últimos incidentes de los inmigrantes en la ciudad de París. Una gracieta que ya se sabía en las tribunas de la Cámara antes de que la pronunciara el presidente porque ya la había comentado antes en privado, una vez que se la soplara un asesor como truco para escapar del enredo.
Vamos a ver si el ministro de Interior francés, que viene pronto a España, se toma esto a broma o si por el contrario éste es el inicio de otro incidente diplomático frente una persona que, por otra parte, es crucial en la lucha contra ETA en el citado proceso de paz, y que en el momento actual se perfila como uno de los candidatos mejor situados para alcanzar la presidencia de Francia. A ver si le va a pasar a Zapatero con Sarkozy lo que ya le ha ocurrido con otros como Bush, Merkel o Blair. De momento el gran problema de la inmigración seguirá y el bloqueo de ETA parece que también, aunque Zapatero se vio en la necesidad de decir algo sobre ETA porque las cosas se le están poniendo bastante mal.

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