LA REORDENACIÓN ELÉCTRICA SE ACELERA
Tendencias de fondo.
El pasado lunes por la noche había recepción en el palacio Real de Madrid y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no podía disimular su satisfacción tras el anuncio de la constructora Acciona de que había adquirido un 10% de Endesa y su intención de alcanzar el 24,9%. Parte del placer se debía a que la operación había cogido por sorpresa al propio presidente de Endesa, Manuel Pizarro. Pero también al resto de los operadores del sector, desde Gas Natural y La Caixa hasta Iberdrola o Unión Fenosa.
El desconcierto era total.
La duda es si Acciona actuaba por su cuenta o aliada con E. ON, que tiene presentada una opa sobre Endesa, como socio dominante. El anuncio de la alemana ofreciendo 35 euros indica que no quiere que la constructora compre más acciones por debajo de ese precio. La otra incertidumbre es si el Gobierno impulsa ese desembarco o es un simple observador de los acontecimientos. Cuestión esta última que tendrá una enorme importancia para las relaciones diplomáticas entre España y Alemania, tras la escenificación del pacto entre Zapatero y la canciller Angela Merkel, con copa de vino incluido.
En cualquier caso, existe la esperanza ampliamente compartida en el mundo económico de que Acciona puede ser una palanca para mantener la presencia española en Endesa, o cuando menos, que sea un elemento que evite el control absoluto de los alemanes. Españolidad, un objetivo que ahora todo el mundo celebra pero que pocos recuerdan que también estaba implícito en la opa inicial de Gas Natural.
Un día después del movimiento de Acciona, ACS, la constructora de los March presidida por Florentino Pérez, principal accionista de la eléctrica gallega Unión Fenosa, anuncia la compra del 10% de Iberdrola, primero para protegerla de una posible compra hostil y en segundo lugar para preparar una fusión que sólo será razonable si se cambia el actual marco legal. Hace unas semanas, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, ya lanzó en este sentido mensajes explícitos buscando integrar también a Gas Natural.
Después de muchas décadas de inmovilismo y consenso entre las empresas del sector, el lanzamiento de la opa de Gas Natural sobre Endesa, hace ahora un año, ha introducido un factor de aceleración geométrica del cambio. Cada vez pasan más cosas en menos tiempo.
El capitalismo español está descubriendo que el tránsito hacia el mundo de los grandes conglomerados y la concentración empresarial que domina la economía globalizada es más enrevesado y dificultoso de lo previsto. A pesar del crecimiento español de los últimos años, pocas empresas industriales del país resisten la comparación, en términos de tamaño, con sus competidoras europeas y estadounidenses. La opa de E. ON sobre Endesa y el temor de otras ofensivas similares sobre Iberdrola o Repsol son la demostración palpable.
Y, en este contexto, el destino ha querido que los denostados constructores - aparente antítesis de la inmaterialidad que según algunos debía regir la sociedad de la información y expresión de un modelo económico de baja productividad- se conviertan en protagonistas indiscutidos de la musculación del sector energético español.
Sobre una ingente montaña de beneficios acumulada con la subida del suelo y del precio de la vivienda, dos grupos constructores están actuando como factores clave en sectores estratégicos como la energía, especialmente la electricidad, para evitar que pase a ser propiedad de multinacionales extranjeras.
Tras los últimos movimientos de estos días, el sector de la electricidad y el gas en España se polariza en torno a dos grandes ejes. Por un lado, Endesa, la grande del sector, en la que Acciona parece ser la encargada de asegurar que o bien siga siendo española o, por lo menos, no se convierta en una simple filial, en una cáscara vacía, ve tras la última oferta de E. ON que los alemanes quieren cobrar la pieza como sea. Que sea la primera del sector en España no asegura su independencia, en términos de tamaño sigue lejos de las grandes en Europa, alemanas y francesas especialmente.
Por otro lado, Iberdrola intenta liderar el segundo polo. Primero con Unión Fenosa, cuyo principal accionista, ACS, blinda a la eléctrica vasca mientras espera cambios legales en la regulación de la competencia. El problema de ese plan es que no crea un grupo EFE de dimensiones suficientes y deja a Galán en manos de ACS, algo que no le satisface. Por eso, Galán apuesta por integrar a Gas Natural en su operación con Fenosa.
Entre esos dos ejes, el grupo Repsol-Gas Natural debe decidir cuál es su opción. Sobre el papel existen varias posibilidades. Primera, la de ensayar un intento final con Endesa, algo que sólo sería posible con la intervención directa de La Caixa, desembolsando dinero a cambio de una participación directa en Endesa, algo que va a contracorriente de la opción de la entidad de ahorro de reducir presencia industrial.
Segunda, sumándose a la operación en marcha entre Fenosa e Iberdrola, lo que crearía un problema de hegemonía accionarial entre ACS y La Caixa, con Sánchez Galán como mediador. La última posibilidad sería la propia fusión entre las dos sociedades hermanas,Repsol y Gas Natural.

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