Al final todo es política. Estábamos inmersos en el embrollo de la situación vasca, de la catalana y de todo lo que va implicado en el futuro de España y, de pronto, el control de la eléctrica Endesa por la alemana E.ON se convierte en una operación zozobrante, si no frustrada, en la que el Gobierno del señor Zapatero, sin tener que dar la cara para no colisionar con el principio de la libertad de mercado en la UE, mejora su crédito político ante la opinión nacional.
La operación ha sido realizada, o por ahora intentada porque no se sabe lo que el tiempo dará de sí, a través de la empresa Acciona –Entrecanales—bajo un aval financiero del Banco de Santander. De este modo, que es lo que alcanza a la sensibilidad común, España conserva el control del sector energético eléctrico. Hasta ahora se daba por seguro o muy probable que el Gobierno, con ZP en primer plano de la imagen, perdía la batalla en su cobertura a favor de Gas Natural, y ello debido, no hace falta repetirlo, por la intromisión de la alemana E.ON. Con el fracaso de Gas Natural perdía también terreno en sus pretensiones políticas a la presidencia de la Generalitat —tras elecciones, naturalmente— José Montilla, el protegido de La Caixa. Montilla necesitaba para su propio cartel electoral el éxito de haber llevado a Cataluña —léase La Caixa y Gas Natural— nada menos que el control de Endesa. Ya no puede. La intromisión de E.ON, en cuya “marcha” hacia el éxito figuraba como intermediario español el ex ministro Carlos Solchaga, “zancadilleó” las aspiraciones del hoy aspirante a la presidencia de la Generalitat.
Con lo que no contaba E.ON era con la opción de compra de Acciona sobre el 10 por ciento de Endesa. ¿Qué contrapartida se le ha ofrecido a Acciona para conseguir poner a la empresa alemana en vías de naufragio respecto a sus proyectos españoles? Se sospecha que ha habido una conspiración de intereses entre el Gobierno y Endesa. En esa conjunción de intereses, con Acciona dispuesta a controlar hasta el 25 por ciento del capital de Endesa, a E.ON se le pone cuesta arriba su sueño de escalada energética. El accionariado de la empresa mayoritariamente española queda presumiblemente fuera de su alcance, con la correspondiente indignación alemana y el grito en el cielo por parte de los devotos europeos de la libertad de mercado, que habrán de callar, sin embargo, porque libertad de mercado debe existir para todos. Lo delicado es que el Gobierno español haya introducido su influencia en el desarrollo de la operación. Montilla es uno de los perdedores finales pero se da por hecho que podrá incluir como compensación promisoria en su pancarta electoral, gracias a las concesiones de Zapatero, la gestión para Cataluña del aeropuerto de El Prat.
Otro de los vencedores de este pleito, si cabe llamar así a la pugna industrial, o al asalto al mercado, ha sido Pizarro, hasta hoy presidente de Endesa, que según los observadores lo ha estado haciendo “de cine” para los accionistas de la compañía. En el balance de los intereses figuran también como beneficiados el Banco de Santander, es decir, Botín, como avalista-comisionista, y, aparte de Acciona (Entrecanales), Caja Madrid y la SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales).
Conservará Pizarro la presidencia de Endesa o se verá sacrificado al término de este proceso? Si esto último ocurre habrá que abonarse a una famosa sentencia verbal que Felipe González solía repetir para advertencia a navegantes o quizá para anticipación de su propia filosofía a prueba de desengaños posibles. La frase decía: “También se puede morir de éxito”. Y de Omar Torrijos, el dictador panameño, adoptó este consejo para perdedores: “Si te afliges, te aflojan”. Conviene aprender de ciertos sabios ocasionales. Si afligiera o no, a Torrijos le derribaron el helicóptero en el que viajaba y se le acabó el poder.

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