Felipe González, cuando empezaba a pasearse por Europa con bastón de presidente, durante los primeros años de la década de los ochenta, se quejaba de que los empresarios españoles no estaban por esos mundos de Dios, apenas contaban. Paco Ordóñez, cuando actuaba de ministro de Asuntos Exteriores, se lamentaba porque a la sociedad española, decía, «le faltaba espesor», esa trama empresarial y cultural que enaltece la política y la influencia internacional. Ahora los argumentos son al revés, existe trama empresarial pero, probablemente, falta espesor político.
El protagonismo internacional de los empresarios españoles es evidente, emergente y, para muchos sorprendente, parece la selección de baloncesto de Gasol y Calderón. A la política le toca parecerse a la de fútbol, prometedora, bien pagada, pero poco capaz, sin resultados. Se nota, por ejemplo, en América, donde el protagonismo inversor español desborda ampliamente a la influencia política o diplomática; sólo el Rey compensa ese hueco.
De entre esa arrogancia empresarial que despliegan banqueros, azulejeros, hoteleros... hay que destacar ahora a los llamados constructores que cada día suman más apellidos a su nombre, más sectores en los que se interesan, porque desde hace años han diversificado sus actividades para crecer mucho más de lo que nadie imaginó. Tres grandes constructoras españolas al abrigo de opas, ACS, Ferrovial y Acciona, duplican su tamaño cada poco hasta convertirse en cabeceras de grupos empresariales en los que la construcción pasa a ser negocio menor. Compañías que calculan en billones de las viejas pesetas y que se pasean por el mundo sin enseñar credenciales porque son conocidas.
El sector eléctrico español ha sido tradicionalmente privado, muy vinculado al sector financiero y siempre atento al Gobierno. Tacita a tacita esas compañías eléctricas, dos docenas hace veinte años, cotizadas en Bolsa, líquidas y populares, se han ido concentrando y ante el dilema de ser cabecera o filial se encaminan a lo segundo.
Constructores que mandan en las eléctricas, pocos los imaginaron. Los de Dragados (ahora ACS) dominan Unión Fenosa e Iberdrola; y los Entrecanales van a ser los árbitros en Endesa. Y los del Pino, jefes de los aeropuertos británicos. Sin perder de vista a FCC, los que más saben de residuos en el mundo, Sacyr-Vallehermoso o Metrovacesa que se codean con cualquier grande de las infraestructuras y los servicios urbanos.
Empresarios locales catalanes y gallegos imaginaron meses atrás que debían defender la electricidad local (el galleguismo de Fenosa y el viejo sueño energético catalán de Durán Farell) sin percibir que ahora es tiempo de otra liga de más espesor que al menos es nacional y a la que hay que jugar con más aliados y refuerzos.

Escribe un comentario