Siempre he dicho que el caciquismo arecista que nos gobierna tenía ribetes stalinistas y, como no podía ser menos, ya ha quedado demostrado, por enésima vez, que también lo tiene hasta en la sopa boba de los discursos henchidos de megalomanía que nos proporciona.
Nada menos que dos horitas de superfacundia estéril y vacua nos proporcionó en su discurso sobre el debate del estado de la región, para demostrarse, así mismo y a los demás, que a narcísismo político no lo gana nada más que el dictadorzuelo del caribe cubano.
Escuchándolo por la radio no pude evitar preguntarme ¿cómo este hombre ha podido perder el más mínimo sentido de ridículo? ¿Tantos años medrando en la alta política regional producen estos efectos? No me cabe la menor duda a tenor de otros ejemplos parejos, aunque de menor cuantía.
En cualquier caso, hubo momentos del discurso que me parecieron memorablemente patéticos por su presentación grandielocuente pero nimio resultado.
Por ejemplo -por referirime sólo a las inversiones industriales-, no tuvo empacho en dedicarle a este apartado grandes y estiradas frases sobre la gran significación de las mismas para el futuro de Asturias que se avecina bajo su deslumbrante mandato, dando la sensación de que a renglón seguido iba asombrarnos con la lectura de las llevadas a cabo. Pues bien, la única inversión industrial que figuró en tan "extenso" catálogo no fue otra que las inversiones que se llevan a cabo (con fondos estatales y europeos, por cierto) en la ampliación de los diques de el Musel. Ahí se quedó todo, esa era toda la inversión industrial, más, se supone, las promesas futuribles de lo que habrá que venir con la regasificadora y demás ciclos combinados, que por ahora no son más que eso, entelequias.
En fin, un discurso tan largo y tan plomizo en sus resultados, que no pude evitar acordarme del discurso de Morala, hace escasos días en club de prensa asturiana, y compararlo con el de Areces por su brevedad pero gran acierto en el diagnóstico de lo que está sucediendo en Asturias con los pavorosos cierres, día tras día, mes a mes, año a año, de sus industrias.
No me extraña nada, pues, que el arecismo-felguerosino quiera meter en la cárcel a los líderes sindicales, Morala y Cándido. No por nada, son la voz cantante de su fracaso político en la gestión de los intereses de Asturias, de sus engañosa verborrea triunfalista, de sus nefastas y oscuras directrices urbanístico-expropiatorias, de sus irresponsables y nulamente justificados proyectos energéticos, de sus absurdos y costosísismos proyectos televisivos, de sus faraónicas obras niemeyerianas rellenas de pura nada, de sus políticas impositivas asfixiantes, y de sus, en definitiva, políticas de control de todo el entramado económico asturiano en aras a procurar la feliz recurrencia de su clientelismo político.
Por supuesto, la condición genérica de izquierdas que ostentan los arecistas-felguerosinos con los sindicalistas Morala y Cándido, no es garantía y salvoconducto de nada, salvo para constatar, una vez más, que históricamente, cuando las izquierdas manifiestan sus profundas diferencias refractarias, es para hacerlo del modo más radical posible, llegando a límites tan escandalosos (los hubo peores en el pasado) como tratar de meter, estaliniana y castristamente, a los oponentes críticos en la cárcel.

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