El abismo entre un partido y sus electores, de : Dolores García en La Vanguardia
Un dirigente del PSC se topa con un concejal convergente del Ayuntamiento de Barcelona tras el relevo de Joan Clos por Jordi Hereu y le suelta en broma: "Esta vez lo tendréis bien, ¿eh?". Al interpelado le traiciona el subconsciente y responde: "Pues sí, esta vez Mas será president". La anécdota ilustra la escasa confianza de CiU en el resultado de Barcelona, pero también la certezade que la Generalitat volverá a sus manos. Los nacionalistas han hecho los deberes y, a la luz de los sondeos, han recuperado la confianza de votantes que, hartos de pactos con el PP, se refugiaron en la abstención. La pelota está ahora en el tejado de los socialistas, que no logran despertar a sus durmientes.
"Ara és l´hora dels catalans". Con esa promesa de ocuparse más de las personas y menos de Catalunya emprendió Montilla la ardua tarea de desperezar a los electores que viven con apatía las citas autonómicas. Tras dos años de tedioso discurso estatutario, el cambio de registro parecía apropiado. Pero el candidato, con cierto complejo, se ha dedicado a justificar su catalanidad, lo cual no ha provocado ningún entusiasmo entre quienes deberían identificarse con la figura del inmigrante hecho a sí mismo y plenamente integrado que vende Montilla. En el PSC aseguran que el discurso autojustificativo es necesario para apuntalar el voto más nacionalista, antes de lanzarse a por el otro. Ahora que Maragall ha puesto de moda a Leonardo Sciascia es oportuno recordar el dicho de que en Sicilia, para ser demócrata, antes hay que ser comunista. A tenor de la campaña de Montilla, aquí, para ser socialista, diríase que antes hay que ser catalanista. Queda claro que ser una fuerza central en Catalunya pasa por aglutinar el más amplio espectro de sentimientos de pertenencia.
Pero lo cierto es que a Montilla le será difícil lograr en cinco semanas lo que no se consiguió en muchos años. Y, pese a ello, más que cundir el desánimo, entre los dirigentes socialistas se percibe el efecto balsámico que proporciona la suma del tripartito. Es curioso el abismo que se ha abierto entre el PSC y sus electores. La alianza con ERC e ICV, tabla de salvación de los cargos del partido, es la opción más denostada por los electores socialistas y, no hay que olvidarlo, por el PSOE. En cambio, la sociovergencia, la renuncia a toda esperanza de primacía del socialismo en la política catalana, es vista con simpatía por el 58% de sus votantes y, de rebote, resolvería la papeleta a Zapatero. La elección entre tripartito o sociovergencia deviene así tan decisiva para el futuro del socialismo catalán como atrevidos han sido los últimos pasos de sus actuales dirigentes.
Zapatero estuvo el domingo en Gavà, donde dio las gracias por haberle encumbrado al poder, consciente de que, sin los votantes socialistas catalanes, no habría sido posible el vuelco del 14-M. ¿Estaría dispuesto Zapatero a facilitarle las cosas al PSC en pago por los servicios prestados? O habrá que darle la razón a Maragall, que en una ejecutiva del PSOE interrogaba a sus compañeros sobre el eterno sacrificio del PSC diciéndoles: "¿Está condenado el socialismo catalán a ser el partido que más contribuye a la victoria del socialismo español y a no ser nunca del todo el primer partido de Catalunya?".
El otro Piqué La suerte es que casi todos solemos elegir la papeleta de un partido, sin mirar siquiera los nombres de quienes encabezan las listas. Si no, se produciría más de un error. Aunque el apellido Piqué no sea tan habitual como García o González, hay dos candidatos que lo llevan: el líder del PP catalán, Josep Piqué, y el cabeza de lista por Tarragona de Ciutadans - el partido de Boadella-, un profesor que se llama Antoni Piqué.
Garrigosa y el Consell Executiu El presidente de la Generalitat aprovechó un reciente Consell Executiu para, al final del debate, explicar a los consellers la baja de su esposa como militante del PSC. Lo curioso es que Maragall dio sus argumentos en presencia de los dos titulares de ICV, los consellers Joan Saura y Francesc Baltasar, a los que poco debía interesarles la cuestión, más allá de una cierta curiosidad personal. Ambos hicieron amago de levantarse, pero el president les comentó que podían quedarse a escuchar sus razones.
ERC aprende de sus errores Esquerra es el único partido que aún no ha presentado el lema de la precampaña. A los republicanos les gusta ser rompedores en su mensaje publicitario y esta vez han encargado de nuevo a la agencia Bassat que ponga su creatividad al servicio de una idea para su frase publicitaria: que ERC aprende de sus errores.
