Mi mejor encuesta son las preguntas sobre el futuro político, así como las reacciones a mis respuestas. Pongo siempre el mismo disco, para mí un poco rayado, que insiste: "Las cosas se van a mover poco, menos incluso de lo que pronostican los sondeos". Algunos andan pidiendo explicaciones, pero sólo añado cuatro cifras sobre lo mucho que debería subir CiU, contando que el PP baja, para que el tripartito deje de sumar mayoría absoluta.
Los hay que aprovechan mi laconismo para soltar su rollo contra ERC. ¿Por qué no contra el PP? No hace falta. Ahora que tenemos aislado y crucificado al malo de la película, bueno será señalar al otro, tal vez menos malo pero casi tan indeseable como el PP. No pocos dicen que ERC debería apoyar al Govern desde fuera, para evitar mayores bochornos. Es lo que desearían los convergentes, los socialistas, los de ICV... incluso los votantes populares se quitarían un gran peso de encima. No me molesto en intentar razonar sobre cómo funcionan las alianzas, con reparto del poder, porque no hay argumentos que valgan contra la visceralidad. ERC molesta, molesta más de lo que se dice y a más gente de lo que en principio sería razonable. Otra cosa sería pronosticar si la onda de antipatía y exclusión del club de los buenos hacia ERC es capaz de hacer mella significativa en su propio electorado. De momento, la encuesta de mis preguntadores abona la percepción de que muchos los quisieran expulsados del paraíso catalán.
La sociovergencia, por su parte, cuenta con un gran número de partidarios, incluso entre los que, perteneciendo al universo progre, echaban pestes contra Pujol, por exclusivista y anticosmopolita. Eso ha tenido de positivo por lo menos Carod: hacer bueno, aceptable, incluso deseable, el nacionalismo moderado de CiU. Los de CiU de toda la vida también prefieren un pacto con los socialistas, contando con que el PSOE va a necesitar apoyos de CiU en Madrid. Por ahí se adentran hasta el final quienes consideran que la desembocadura natural del oasis catalán está muy cerca de una cierto matrimonio CIU-PSC o satelización del nacionalismo moderado catalán alrededor del PSOE, donde CiU aportaría centrismo y a cambio recibiría el virreinato de Catalunya poco menos que a perpetuidad. Hay quien me dice que abundan entre los dirigentes de CiU los convencidos de que el PSOE no tiene otra salida.
Dejémoslo para otro día - no sin antes recordar que, tal vez por verles tan convencidos, el PSOE ha dejado en la estacada a CiU cada vez que ha podido hacerlo sin sufrir represalias inmediatas- y veamos si puede tener respuesta la pregunta del título: ¿Quién con quién? Es la pregunta que prefiero, la mejor va al grano siendo la más escueta. Por si hace falta, traduzco: Quién será president aliado con quién. Pues ni con los vientos a favor, se acerca CiU a dar la vuelta, o sea, a romper la posibilidad matemática de un nuevo tripartito.
El sondeo publicado ayer por La Vanguardia corrobora una vez más que los movimientos son escasos, cuando no mínimos, y que pocas variaciones va a haber. Las posibilidades son y siguen siendo las que había. Gran coalición sociovergente; tripartito; coalición nacionalista. Con la salvedad de que la sociovergencia se queda como estaba, el tripartito pierde apoyos (pero aún le sobran para mantener su mayoría absoluta) y el conjunto del nacionalismo los gana.

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