En una especie de merienda campera, las juventudes del PP han lanzado un mensaje a su partido pidiendo una revolución hacia el centro. ¿Revolución? Gruesa palabra para estos atildados cachorros que interpretaron aguerridos una especie de danza guerrera ante un pasmado Rajoy, cuando a lo mejor lo que esperaban en la dirección del PP era la versión política del Amo a Laura o algo así.
Por el momento las juventudes del PP no son de fiar, sobre todo mientras no despejen algunas incógnitas que tienen anclado a su partido en el pasado y en posiciones ultraconservadoras como las que pregona con aires cada vez más cavernícolas y merecedores de tratamiento psiquiátrico el presidente de honor del PP, José María Aznar. El que un día nos dice que la OTAN puede bombardear el Líbano a favor de Israel y otro nos cuenta desde Washington que el Islam debe pedir perdón por la conquista y ocupación de Andalucía. ¿Y Roma, Cartago y Francia?
Queremos saber de las juventudes del PP lo siguiente: ¿Están o no a favor de la guerra de Iraq?, sus mentiras, pompas y masacres continuadas, similares a las de otras guerras como las de Líbano o Afganistán. Y otrosí, ¿están de acuerdo con el comando Zaplana —nada que envidiar al comando Rubalcaba— en la teoría de la conspiración del 11M? ¿Qué opina Nacho Uriarte, el nuevo jefe de la juventud pepera, sobre el matrimonio de los gays?
Y ¿qué nos dicen entre el atlantismo de Aznar y el europeísmo de Zapatero? ¿Están por la gran alianza con Estados Unidos o con la Unión Europea? ¿Hay que romper las relaciones diplomáticas con Cuba, Bolivia y Venezuela? ¿Y el aborto, los preservativos y el divorcio, como lo ven? Como cabe preguntarles si están a favor del Estado laico o del Estado católico y confesional. Y más aún, ¿debe ser el PP un partido conservador, liberal, democristiano, radical, centrista o un poco de todo? ¿Qué hacer con el Estatuto catalán? ¿Hay que negociar con ETA?
Estamos a la espera que Belén Bajo Derecha —que no para de comer y va a romper la báscula— nos prepare una entrevista con el nuevo líder de las juventudes del PP para dar respuesta a estas y otras interrogantes, porque eso de la revolución del centro que tanta gracia le hace a la Gospedal —por cierto, ¿están a favor los jóvenes del PP de los niños sin papá?— es mucha revolución, demasiado gas, que queremos ver convertido y pronto en flagrante realidad. No vaya a ser que oyendo al carcamal Acebes —otro conspirador del 11M— los jóvenes del PP hayan podido confundir revolución con la involución.
En resumen, aman a Laura o a Angelina Jolie (y ellas a Torrente o George Clooney); vamos a ver qué es eso de la revolución hacia el centro, porque Fraga ya quiso una vez viajar al centro de la Tierra y casi acaba en Australia. No vaya a ser que después de tan bucólica estampa campestre del PP al final estos chicos nos salgan muy de derechas de toda la vida. Desde luego Rajoy no es de mucho bailar sino de montar en bicicleta, pero ése no es el problema. El problema que tiene el PP es precisamente el que han visto los jóvenes con meridiana claridad: su ausencia del centro, siempre y cuando ellos sepan qué es el centro de verdad. Otra pregunta más: ¿son monárquicos o republicanos? A ver lo que tardan en contestar.

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