El Gobierno dio luz verde a su tercer Presupuesto, que empieza ahora la andadura parlamentaria pródiga en avatares y negociaciones con cambios de cromos hasta final de año. Este año la negociación presupuestaria sufre el obstáculo de las elecciones catalanas del 1 de noviembre, que hacen muy difícil que antes de esa fecha los grupos que concurren a esas elecciones se distraigan con pactos en Madrid.

El Gobierno salvará como pueda el plazo de enmiendas a la totalidad en octubre para entrar en una fase más aclarada una vez concluidos los pactos que hagan posible formar Gobierno en Cataluña. El Gobierno Zapatero pretende aprobar estos Presupuestos y evitar una prórroga presupuestaria para su último año completo de mandato, que evidenciaría una debilidad parlamentaria casi insostenible.

El proyecto de Presupuesto es, fundamentalmente, continuista con los anteriores, con los de los últimos diez años, fundados en el ortodoxo principio del equilibrio entre ingresos y gastos y la prudencia de no llevar el peso del sector público más lejos. Presupuestos sin déficit y que las cuentas de todo el sector público no desborden el 40% del PIB, ésos son los parámetros sobre los que existe un consenso tácito entre los dos grandes partidos e incluso entre los demás grupos del arco parlamentario, que en ningún caso predican ninguna orgía de gasto público.

De la experiencia de los últimos Presupuestos hay que destacar que en todos los casos las estimaciones fueron modestas, en los ingresos y en los gastos. El crecimiento económico ha sido casi siempre superior al previsto, lo cual ha propiciado unos mayores ingresos fiscales que han financiado los excesos de gasto. Este año la recaudación fiscal superará lo previsto en más de diez mil millones de euros (+6%) lo cual permitirá atender una desviación de los gastos del orden del 5%.

De manera que lo que podía haber sido una oportunidad para un recorte de la deuda acumulada o para una rebaja de impuestos, se queda en unas tablas, que tampoco hay que desdeñar, ya que la pasión de los políticos (de todos los políticos) por el gasto podía haberles llevado a tirar de talonario hasta agotar cualquier saldo.

Solbes ha apostado por la continuidad y con una cierta modestia en la estimación de crecimiento que deje margen para una mayor recaudación. No faltan quien estima que el año 2007 será el último de este ciclo con un crecimiento más cercano al 3 que al actual 3,5%, que pondría en apuros la recaudación y el equilibrio. Pero esas voces dijeron lo mismo un año atrás sin que la realidad confirmara su pronóstico.

El Presupuesto es creíble, es razonablemente neutral para la coyuntura económica, es modesto en sus objetivos y es probable que consiga suficiente apoyo como para que el Gobierno aspire a concluir la legislatura sin adelanto electoral.

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