Octavio Paz escribió que cada poema es único y que en cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. La frase del poeta mexicano debió de animar a Pasqual Maragall en la última reunión del Consell Nacional del PSC, así que no se le ocurrió otra cosa que improvisar unos versos dedicados a José Montilla, el candidato socialista a sustituirle en el Palau de la Generalitat. No fue éste un acto precisamente íntimo, sino que Maragall se atrevió a recitarlo en público, fortalecido por la afirmación de Paz de que en cualquier poema late en algún grado toda la poesía. Como no eran precisamente flores (y versos) lo que había derramado el presidente catalán sobre el ex ministro de Industria en los últimos tiempos, habrá que convenir que el efecto Montilla empieza a hacerse realidad.

Después de que su esposa Diana se diera de baja del partido, de que su hermano Ernest proclamara deslealtades ajenas y de que el propio Pasqual celebrara la Diada en Madrid comprando el libro Los apuñaladores en presencia de Montilla, la calma parece volver a los espíritus puros del socialismo catalán. El manuscrito del president se titulaba Paraules d´amor,como la canción de Serrat, aunque más que senzilles i tendres las suyas resultaban simples y toscas, pero lo importante era qué decía, más que cómo lo decía: "Pepe, ets més català / que molts catalans de socarel. / Ets català de la Catalunya / de debò, de la Catalunya real. / Tens el caràcter català: / no parles per parlar / no dius paraules sobreres / no parles a la babalà, / Ets rigorós / ets sèrio / ets autèntic. / No amagues l´ou / no fas pactes estranys, / no busques la foto, / busques resultats. / Ets un català per convicció / t´has guanyat el ser-ho. / Per això guanyaràs".

La verdad es que los versos de Pasqual Maragall rimaban menos que las tres voces del tripartito, pero emocionaron a Montilla, porque, por una vez, sus palabras sonaban a juegos florales más que a patadas en la espinilla. Paz fue excesivamente generoso diciendo que en cada poema palpita toda la lírica, a la vista de una composición tan carente de ritmo. Se diría que, en el código genético, al Maragall político no le ha tocado ni un solo marcador de su abuelo el Maragall poeta. Pero nunca unas palabras improvisadas sonaron tan bien en sede socialista. Los barones del PSC saben que el maragallismo no ha querido escuchar el toque a rebato de la dirección, pero esperan que oigan, al menos, la lira del rapsoda. De momento, se ha pasado de las palabras de rencor a las de amor. Y Montilla ha tenido la primera alegría de la campaña.