La polémica en torno a los comentarios del Papa Benedicto XVI sobre el islam no acaba de amainar. En respuesta al llamamiento del teólogo egipcio residente en Qatar Yusuf al Qaradawi para celebrar un día de la ira,miles de manifestantes se concentraron el pasado viernes en la mezquita de Al Azhar, en el corazón de El Cairo. Los Hermanos Musulmanes, una de las organizaciones islámicas más poderosas de Egipto y del mundo árabe, organizaron la protesta, y sus estudiantes dirigieron la carga. Las pancartas (que proclamaban "Los estudiantes de los Hermanos Musulmanes denuncian las palabras del Papa") colgaban perfectamente dispuestas en el patio de la mezquita y en el interior de la sala de la oración. Decenas de jóvenes musulmanes lucían en la frente cintas con la inscripción: "Somos soldados del islam".

El imán de Al Azhar recordó a los fieles que el Ramadán, el mes más sagrado del islam y una época de ayuno y abstinencia, empieza esta semana, y que deben arrepentirse y purificar su alma y su corazón. Concluyó su sermón diciendo: "No aceptaremos la disculpa del Papa porque no es suficiente. Debe eliminar la cita que vinculaba el islam con la violencia para que no pueda ser utilizada por generaciones futuras".

Nada más finalizar el sermón, la multitud entonó una ensordecedora cantinela: "Con nuestra sangre, con nuestra alma, nos sacrificamos por el islam". La sala de la oración se transformó de pronto en un mitin político. El primer orador, Mustafá Bakri, un periodista y parlamentario nacionalista, afirmó que Occidente está librando una cruzada contra el islam. "La más alta autoridad de la Iglesia católica proporciona la justificación religiosa para la guerra de Bush", gritó Bakri por el micrófono. "El otro es el asesino. El otro es el agresor. Nosotros, los musulmanes, debemos unirnos. Debemos acabar con el compromiso y la reconciliación con el otro", declaró el único orador no islamista presente.

El siguiente en hablar, Mohamed al Beltagui, un parlamentario de los Hermanos Musulmanes vestido con traje y corbata, recordó a la multitud que los comentarios del Pontífice no eran un error inocente; fueron pronunciados de modo consciente para insultar al islam. La declaración del Papa, añadió Beltagui, es una prolongación de la cruzada militar que tiene lugar en Iraq, Palestina y el Líbano. La nueva cruzada no tiene nada de nuevo, añadió con expresión grave. "Debemos alzarnos y apoyar los movimientos de resistencia en Palestina, el Líbano e Iraq. Si unificamos nuestras filas, laumma(comunidad musulmana) conseguirá repeler a los agresores que se dedican a esquilmar nuestros tesoros. No aceptaremos las disculpas del Papa. No son suficientes. Debe admitir que se ha equivocado".

Vi a varios hombres vestidos con tela blanca de sudario, encapuchados para no ser reconocidos por las autoridades y con una declaración escrita sobre el pecho: "Estamos dispuestos al martirio por el islam". Otro orador de los Hermanos Musulmanes arrancó lágrimas a la multitud. El jeque Gamal Abdul Hadi, un historiador, advirtió a los airados manifestantes que no debían subestimar las palabras del Papa; esas palabras justifican la guerra estadounidense contra los musulmanes. Los estudiantes de los Hermanos Musulmanes interpretaron el discurso y entonaron consignas proclamando la importancia de la unidad nacional con sus compatriotas egipcios cristianos. El jeque Abdul Hadi se preguntó en voz alta: "¿Dónde está la umma?¿Dónde están los dirigentes musulmanes, dónde están los clérigos musulmanes? Tienen que cortar las relaciones con el Vaticano, con los estadounidenses, con los alemanes. Tienen que hacer un llamamiento en favor de la yihad,para luchar. ¿A qué estáis esperando?", espetó con lágrimas en los ojos.

El Ramadán es el mes del ayuno, del sacrificio, recordó a su receptivo público el jeque Abdul Hadi, un hombre bajo con cerca de setenta años, barba y atuendo tradicional islámico (túnica holgada y kefia)."¿A qué estáis esperando? Lo que ha hecho el Papa es un delito".

Conocidos por sus capacidades organizativas, los Hermanos Musulmanes se ocuparon de los más pequeños detalles de la concentración política. Nada quedó al azar; siempre se mantuvo el equilibrio entre los estudiantes que coreaban consignas antipapales y los oradores que incitaban a la multitud. Los manifestantes actuaban al unísono. Los Hermanos Musulmanes también movilizaron un impresionante contingente de mujeres, veladas y tan ruidosas como sus homólogos masculinos, lo cual supuso un detalle que añadió color y textura a la protesta política. Los Hermanos han alentado en los últimos tiempos una base de hermanas para poner de manifiesto su evolución desde una estructura patriarcal dominada por los hombres hasta una organización política y socialmente inclusiva.

Un orador que representaba a la Federación Internacional de ONG Islámicas pidió que Turquía anulara la visita papal a ese país. Ese gesto enviaría una señal clara a la pecaminosa alianza entre el jefe de la Iglesia católica y Bush.

Omar Azzam, dirigente de un partido islámico prohibido (Trabajo), advirtió a los congregados en la sala de la oración que las consignas y los cánticos no bastan. "Tenemos que hacernos fuertes. Tenemos que apoyar los movimientos de resistencia y los muyahidines del Líbano, Iraq, Palestina, Irán, Afganistán, Chechenia y Sudán", dijo Azzam gesticulando con la mano. "Tenemos que dar gracias al Papa por lo que ha dicho, porque ha despertado a la umma.Tenemos que conocer a nuestro enemigo".

Los otros partidos políticos no participaron en el acto, que fue exclusivo de los Hermanos Musulmanes. "¿Están ustedes explotando los comentarios del Papa para consechar beneficios políticos en Egipto?", pregunté a un destacado islamista radical, Kamal al Said Habib, que asistía a las protestas. "¿Y qué?", me respondió sorbiendo un vaso de dulce té egipcio. "El Papa nos ha dado la oportunidad de movilizar a la umma".Pero su retórica incendiaria perjudica las relaciones interreligiosas entre musulmanes y cristianos a largo plazo. "Bueno, los comentarios del Papa ya han hecho un daño irreparable", prosiguió Kamal con expresión seria. "Nosotros [ los islamistas] tenemos una responsabilidad ante nuestro público, que espera que defendamos la fe. No podemos pensar racionalmente mientras nuestro profeta y nuestra religión son mancillados. La declaración antimusulmana del Papa no nos ha dejado más opción que la protesta", dijo tomando otro sorbo de té.

Temiendo quizá que extrajera conclusiones equivocadas, Kamal añadió una salvedad: "No, espero que no me mal interprete. No estamos incitando a la gente. Pregunte a cualquiera en El Cairo y le dirán que están dolidos". Kamal interpeló a dos transeúntes que pasaban junto a la mesa de nuestro café, en el casco antiguo de El Cairo. Ambos dijeron sentirse ofendidos y furiosos por los comentarios del Papa sobre Mahoma. "Lo ve", señaló Kamal con una sonrisa triunfante. No captó la ironía.

Yo no había dicho que los musulmanes no estuvieran dolidos por las palabras del Papa, había preguntado si no estaban los islamistas manipulando sus sentimientos.

"¿Y a partir de ahora, qué?", pregunté a mis dos acompañantes, Kamal y Hazem, un musulmán progresista. "Si el Papa se disculpa de forma clara, si cancela la cita hiriente, el eco sería positivo entre los musulmanes", respondió Kamal.

"Algunas cosas se rompen y no pueden volver a arreglarse", replicó Hazem, un defensor de los derechos humanos de treinta y tantos años. "El problema es que los musulmanes están mirando el pasado del Papa Benedicto XVI y no les gusta lo que ven. La crisis ha aumentado la separación entre el mundo del islam y el Occidente cristiano", dijo con tristeza.

Al agravamiento de la crisis, añadió Hazem, contribuye el hecho de que el islam árabe y el islam no árabe en Irán, Pakistán, Indonesia y Malasia compiten el uno con el otro para demostrar que son los verdaderos defensores de la religión. El resultado es que las palabras del Papa reverberan cerca y lejos.