La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

24 Septiembre 2006

De cómo Él dice que hemos mordido el anzuelo británico y Ella enuncia la hipótesis de la «rendición preventiva», de Luis María Anson y Cayetana Álvarez de Toledo en El Mundo

DOS EN LA CARRETERA

El intercambio epistolar de hoy se inicia frente a la verja de Gibraltar, que el ministro Moratinos ha abierto de par en par esta semana con un acuerdo que no es sino una renuncia de hecho a la soberanía española sobre el Peñón. Él cree que Zapatero ha mordido la 'zanahoria' británica; Ella que no es sino el enésimo ejemplo de su disposición a la «rendición preventiva». El diálogo se adentra después en la figura de Enrique Múgica, cuya coherencia Ella opone a la desfachatez del candidato Montilla. Él remata la semana con un desmedido elogio de David Delfín que le deja a Ella sin apenas espacio para contestar.

ZAPATERO SE RINDE AL REINO UNIDO Y A ETA

Querida Cayetana...

Zapatero ha concedido a Su Graciosa Majestad la merced de un aeropuerto ampliado en Gibraltar, una red de telefonía y una verja coladero a cambio de nada; bueno, habrá Instituto Cervantes en una colonia en la que todo el mundo habla español. Los periódicos ingleses han celebrado con incontenido cachondeo la tontorronería del panoli y su ministro Desatinos.

Nuestro presidente por accidente -cómo escuecen los hallazgos sobre el 11-M, a punto de aparecer la prueba definitiva- ha tratado a Gibraltar como a una nación independiente. Si Cataluña, Euskal Herria, Galicia, Baleares, Canarias y Al Andalus caminan hacia la independencia, es decir, hacia la Edad Media, que ésa es la idea de España que tiene el think tank monclovita, ¿por qué no Gibraltar? El primer paso está dado. Después de tres siglos, el líder gibraltareño se ha sentado en pie de igualdad con España e Inglaterra. Zapatero ha renunciado de hecho a la soberanía española sobre Gibraltar, ha consolidado el bienestar de los llanitos y ha impulsado el paraíso fiscal que es la Roca, centro de infinidad de trampas, fraudes y trapisonderías.

Desde que el Parlamento británico aprobó que respaldaría siempre la voluntad de los gibraltareños, no ha existido otra política seria que la establecida por Castiella: hacer la vida lo más incómoda posible a los habitantes de Gibraltar hasta convertir la Roca en una base militar inútil y carísima. La diplomacia británica, que estuvo acorralada, ha seguido la estrategia de ofrecer la zanahoria de la soberanía para que los gobiernos de turno picaran e hicieran concesiones. Así ocurrió con Suárez, González y Aznar. Con el pobre Zapatero no ha hecho falta ni eso. Para demostrar su talante, el presidente se ha adelantado a ofrecer hasta lo que no le habían pedido. De una tacada, Londres ha obtenido lo que quería en Gibraltar mientras, querida Cayetana, Moratinos se fotografía con gesto estúpido y, en La Moncloa, Zapatero I el de las mercedes, como la marquesa Eulalia de Rubén Darío, sonríe, sonríe, sonríe...

Querido Luis María...

Antes de que el Castrosaurio menguante les expulsara a él y a su leal mochila de la bella y triste Cuba, mi amigo y ahora compañero Jorge Moragas acuñó una expresión que resume bien la doctrina de Zapatero en política exterior: «Rendición preventiva». Zapatero se rindió preventivamente en Irak, antes de que se cumpliera el plazo fijado por Kofi Annan para aprobar una nueva resolución. Se rindió preventiva y económicamente ante Marruecos y Senegal, con cheques millonarios que sólo han servido para estimular las oleadas de ilegales. Y ahora se ha rendido preventivamente a los pies de Isabel II y de espaldas a la soberanía nacional. Tras conocer los detalles de su carta de claudicación, sólo me queda exigirle al presidente un mínimo de coherencia: o abre una Embajada en Gibraltar o monta un Instituto Cervantes en Barcelona.

Lo que no sabe Moragas, o tal vez sí, es que la doctrina de la rendición preventiva no es de uso exclusivo de Boabdil Moratinos. También se ha venido aplicando, y con consecuencias particularmente funestas, en el frente interior. Me refiero sobre todo a la negociación con ETA. Zapatero ha dicho esta semana que es «radicalmente falso» que su partido dialogara con Batasuna durante la pasada legislatura. Qué difícil es creerle. No sólo porque es raro que respete la palabra, como bien saben desde Nicolás Redondo, Rosa Díez y Maite Pagaza hasta Carod, Maragall y los jefes de la Caixa. Sino porque los contactos nos lo ha contado con detalle El País. El domingo pasado, deslizaba, además, que el Gobierno y ETA, no es que hayan suscrito «compromisos verbales», sino directamente «preacuerdos» con «plazos incluidos». Impresionante, ¿verdad?

Mi única duda es si Zapatero va a cumplir o no esos «preacuerdos». Los bárbaros de la gasolina y los capos de las pistolas andan preocupados. No olvides nunca la advertencia que le hizo ese individuo clave que es Rafa Díez Usabiaga a Zapatero en Gara: «La vía catalana, con un poco más de prólogo y algo más de agua autonómica, no tiene futuro» como base para resolver el «conflicto vasco»; la «izquierda abertzale» no aceptará «una síntesis» entre el régimen vigente y el derecho de autodeterminación; no permitirá que, en una deliberada «confusión de conceptos», se intente hacer pasar el «derecho a decidir» por el «derecho a consulta» como el que ejercieron los catalanes en su referéndum. Los tiempos se agotan, Luis María. Y Zapatero ya no sonríe tanto.

MUGICA SE PLANTA ANTE EL PRESIDENTE

Querida Cayetana...

Lo que puede congelar la sonrisa de Zapatero no es vuestra actividad desde Génova, Dios os tenga en su gloria, sino la actitud de socialistas independientes. Arrollados Vázquez, Bono e Ibarra, marginado González, desaparecido Guerra, surge de pronto Enrique Múgica y anuncia que, como Defensor del Pueblo, se propone recurrir el Estatuto catalán porque «se trata de una reforma constitucional encubierta». Zapatero carecía de asistencias suficientes para reformar la Constitución. Necesitaba al PP. Como es un listo, decidió engañar a todos haciendo la reforma constitucional a través de los estatutos, para cuya aprobación sólo necesita la mitad más uno de los votos parlamentarios. Le salió parte del tiro por la culata. Tuvo que replegar velas. Se le echaron encima sus barones, el PP y las manifestaciones en la calle. Se amparó en la legalidad para aprobar el Estatuto pero perdió la legitimidad porque no alcanzó en el referéndum la frontera del 50%.

Y ahora, para mayor mortificación, salta el socialista Múgica sin pedir permiso a Pepino Blanco y, desde una institución especialmente seria y prestigiada, se planta en el Constitucional. Múgica es un político importante, coherente, leal al socialismo verdadero, defensor de los intereses del pueblo, perseguido y encarcelado por el dictador. Pocos políticos pueden exhibir unas credenciales democráticas como las suyas. Don Juan le tenía en máxima estima. Y Don Juan, querida Cayetana, ha sido uno de los españoles grandes del siglo XX. Múgica fue, además, un extraordinario ministro de Justicia. Vasco, y por eso mismo español hasta la médula, terminó con el cachondeo carcelario de los etarras y decidió dispersarlos. Fue una medida eficaz e inteligente que Zapatero se propone ahora desbaratar y que, probablemente, forma parte de sus acuerdos secretos con ETA. ¿Qué se ha acordado desde el otoño de 2004 entre Egiguren y los dirigentes etarras de Batasuna, entre Carod-Rovira y Josu Ternera, ese hombre? Tal vez no lo sabe ni Acebes, pero es fácil suponerlo. Y, claro, el presidente por accidente está nervioso.

El servicio que ha hecho al pueblo español Enrique Múgica, al plantarse en el Constitucional cuestionando el Estatuto catalán, me parece extraordinario. Como antes que nada eres periodista, estoy seguro de que estarás dispuesta a elogiar a Enrique Múgica como se merece. Te recordaba el otro día, querida Cayetana, que nosotros los periodistas, además de administrar el derecho de los ciudadanos a la información, debemos ejercer el contrapoder, elogiando al poder cuando el poder acierta, criticando al poder cuando el poder se equivoca, denunciando al poder cuando el poder abusa. En el ejercicio del contrapoder, me complace elogiar por sus aciertos a Enrique Múgica, político al que admiro desde los tiempos agrios de la dictadura.

Querido Luis María...

No te equivoques: lo que hiela la sonrisa de Zapatero no es la actitud de los socialistas pata negra, que se han ido desplomando como las fichas de un dominó. Lo que tiene a Zapatero felipizado o afelipado es un proyecto político agotado, las imágenes de inmigrantes hacinados en el sur y autobuses calcinados en el norte, y la alternativa del PP. No es que yo quiera restarle mérito a Múgica. Si no me extiendo en el elogio a su coherencia y dignidad es sencillamente porque serviría de argumento a quienes conciben la política y la vida como un laberinto de verjas y trincheras. Además, estoy convencida de que si ha recurrido el Estatuto catalán no es porque choca con los viejos pilares del verdadero socialismo español, sino porque vulnera la Constitución. De todos los personajes que componen el Retablo de las Maravillas ibérico, Enrique Múgica es tal vez el que más y mejor ha interiorizado el principio democrático (y tan británico) de respeto a las instituciones. Tanto a la que él encarna como al Constitucional, en el que ha dicho confiar.

Qué contraste con esa esfinge sin enigma que es Montilla, que ha llegado a decir que el Defensor del Pueblo actúa condicionado por el asesinato de su hermano y sus deudas con Aznar. Éstos son, amigo periodista, los que ahora acusan al PP de no respetar las instituciones. No hay nadie que en tan poco tiempo haya hecho más para socavar la credibilidad de las instituciones de este país que Zapatero. Esto último es lo peor. Son al menos dos las ocasiones en las que Zapatero se ha burlado del Congreso: la primera fue cuando compareció ante la prensa en vez de en el hemiciclo para anunciar el inicio de las conversaciones con ETA. La segunda es ahora, cuando insiste en mantener esas conversaciones a pesar de que no se cumple la condición clave de la resolución aprobada en el Parlamento. A pesar de los autobuses carbonizados que la mafia etarra va colocando entre las sábanas del presidente del Gobierno a modo de cabeza de caballo.

EL NUEVO PICASSO DE LA MODA ESPAÑOLA

Querida Cayetana...

No hacemos otra cosa que hablar de política y ni siquiera conozco tu opinión sobre David Delfín, la cual me interesa mucho más que tu pensamiento profundo sobre Mariano Rajoy y tu certera descalificación de Zapatero. Conocí a Balenciaga, el gran nombre de la moda española en el mundo. Fue en el hotel du Palais, en Biarritz. Conversamos mucho, nos hicimos amigos y un día me dijo que la belleza en la mujer consiste en «salud chispeante, dientes blancos y miembros largos y bien proporcionados». En muchos aspectos, considero a David Delfín como el sucesor del gran Balenciaga. Le he llamado el Picasso de la moda y me parece un hombre genial y versátil que incorpora a sus desfiles la poesía, la danza, la música, la pintura. David Delfín es el Winter insomnia de Carver, el susurro de Malher, la estridencia de Badalamenti, la incitación de John Williams. Tiene a su lado a una mujer muy inteligente, Bimba Bosé, que es taza de espuma azul, concha marina, alga abierta en la arena, del verso de Alberti, y sabe a mosto submarino, a olas en vivientes moluscos despeñadas, a tajamares, soles de escollera y rumor de perdidas caracolas.

Los personajes verdaderamente interesantes de la vida española son los pintores como Antonio López, los músicos como Cristóbal Halfter, los arquitectos como Santiago Calatrava, los cantantes como Plácido Domingo, los novelistas como Miguel Delibes, los científicos como Santiago Grisolía, los dramaturgos como Fernando Arrabal o Francisco Nieva, los poetas como Carlos Bousoño, los filósofos como Eugenio Trías, los escultores como Víctor Ochoa, los cineastas como Pedro Almodóvar, los modistos como David Delfín, los políticos como..., no, los políticos, desde que se murió Areilza, no. Salvo Cayetana Alvarez de Toledo, Leire Pajín y el póker de reinas de Esperanza Aguirre, me aburren a morir.

Querido Luis María...

Con tanto personaje ilustre, tanta literatura de pasarela y tanta musa me has dejado compuesta y sin hueco para responder. Sobre tu Delfín cubista e iconoclasta tengo poco que añadir. Me he quedado con la imagen de tu conversación con Balenciaga en la terraza salada del hotel du Palais, que sigue siendo refugio de vascos elegantes. También lo fue de muchos europeos desorientados en el ocaso de la belle époque. Mi abuelo, español de Nápoles, violonchelista, idealista y seductor, pasó largas temporadas de infancia junto a su madre viuda en aquella costa verde, roja y blanca. En sus pequeñas memorias evoca sin nostalgia las tertulias de embajadores en Zarautz, los paseos en bicicleta entre caseríos, las faenas de Guerrita en San Sebastián y la espuma lustrosa de la Grande Plage. Eran tiempos de inocencia y de preguerra. El nuestro es el de la cultura politizada y la política sin cultura.

© Mundinteractivos, S.A.

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