Señores, se acabó lo que se daba. Adiós, perspectiva de acuerdos. Adiós, anuncios de entendimiento. Olvídense de pactos entre los grandes partidos. Ni sobre inmigración, ni sobre terrorismo, ni sobre nada: se acerca el 1 de noviembre, Catalunya está en precampaña, están lanzados los candidatos autonómicos y locales (salvo el socialista de Madrid) y faltan 18 meses para cerrar la legislatura y han sonado los timbres electorales. Los gabinetes trabajan intensivamente en interpretar encuestas y proyectar intenciones de voto. Dicen que el margen entre Zapatero y Rajoy es estrecho, y puede ocurrir todo. Con esa emoción se inició el penúltimo curso de la legislatura. Dicen que va a ser una batalla cruel.

En ese marco hay que inscribir todo lo que está pasando: el torpe cerco parlamentario al Partido Popular, los movimientos de Rajoy, el aprovechamiento de los puntos dudosos del 11-M, los nervios de algunos gobernantes... Llamo torpe al aislamiento del PP porque es muy difícil justificar la imposición del silencio a una fuerza política. Son importantes los pasos de Rajoy, porque llevó a Bruselas su alternativa sobre inmigración y se confirma que piensa que ahí está encontrando la grieta para penetrar en el vivero de los votos. La bronca a nuestro gobierno en Finlandia avala su línea de oposición.

Y el 11-M. Ni una semana sin sobresalto.

Ahora le tocó turno al ácido bórico. Hay gente que lo utiliza para esponjar prendas de lana. Otros, para conservar marisco o combatir el olor de pies. En miles de casas hay envases de ese ácido, que se compra en droguerías y farmacias. Pero quiso el destino - que a veces parece conjurado contra Zapatero- que apareciese en los dos lugares más inoportunos de la reciente historia: hace años, en un piso de ETA; después, en poder de un islamista. Siguió queriendo el destino en sus renglones torcidos que pasara lo que pasó con el informe policial. Y tanta predisposición de las estrellas dejó este panorama: hay una parte de la opinión ocupada en demostrar que existió lo que Carlos Herrera llama "ETA Consulting" del 11-M. La parte contraria es vista como obsesionada por borrar toda huella que pueda conducir al terrorismo vasco. Lamento esta simplificación, pero es lo que hay. Y vale de poco el desmentido o el anuncio de acciones legales, por una razón todavía más elemental: hay mucha gente, millones de personas, que desean que haya ocurrido así, que ETA haya sido coautora. Lamento la frivolidad, pero se puede aplicar aquel dicho cínico del oficio de informador: "No dejes que un desmentido estropee una bella historia".

¿Cómo luchar contra eso? Yo creo que el ácido bórico, por sí solo, no justifica nada. Es como si, en vez de encontrar ese producto, hubieran encontrado aerosoles. Lo que hace todo sospechoso es justamente lo que hizo la policía: borrarlo del informe. He aquí cómo una acción, posiblemente inocente, se convierte en bomba política. Yhe aquí cómo se convertirá en el tanque utilizado por el impulsivo Zaplana para arremeter contra la fortaleza del PSOE y aliados. Si yo fuese Zapatero, me empezaría a preocupar. Y empezaría a recuperar un aviso que dejó su antecesor Calvo Sotelo: "En política, lo que parece, es".

Nostalgia primera ¿Recordáis cuando, ante un litigio, decíamos "la justicia dirá la última palabra"? Ahora, el panorama español está tan deteriorado, que esa apelación apenas se puede leer. Ha sido borrada del escenario por la invasión de los procesos paralelos. El del 11-M juzga menos los hechos ya demostrados que al juez instructor y a la fiscal.

Segunda ¿Recordáis cuando la mayoría se medía por escaños? Ahora sólo se hace en las votaciones. Cuando casi todos los partidos se unen en torno al gobierno hay voces de menosprecio: "Son los minoritarios". Que se suele completar con un "no representan a nadie".

Tercera ¿Recordáis cuando los argumentos de los recursos se analizaban según su consistencia intelectual y jurídica? Ahora se analizan según el pedigrí del autor. Si es Múgica, le condenan o le justifican de estas singulares maneras. Para censurarle, se dice que debe favores a Aznar. Para defenderle, que tiene trayectoria antifranquista.

Y cuarta ¿Recordáis cuánto se ha escrito estos días de la dependencia de Rajoy de Aznar? Pues lamento decepcionar tales discursos: Aznar y Rajoy se llaman poco. La última vez que han hablado personalmente ha sido en el mes de julio. Eso aseguran. Naturalmente, el cronista no lo puede demostrar.