Ya tengo mi Fonera, el nuevo router social de Fon. Un aparatito pequeñísimo en comparación con los routers WiFi habituales (en la foto, encima de la mano de mi hija), que se conecta al modem o router ADSL y crea una doble conexión inalámbrica con dos canales, uno privado y uno público. El aparatito es tan mono y tiene un diseño todo blanquito y a la Apple tan conseguido que mi hija, encantada, ha dicho que "parece un baby router" :-)
Fon ha decidido distribuir las Foneras por cinco euros, subvencionándolas para conseguir una penetración amplia de la red. Al echar un vistazo a los mapas de cobertura, me ha sorprendido encontrarme no menos de veinte puntos en un sitio como Majadahonda. En muy poco tiempo, primero a base de routers Linksys y ahora con La Fonera, esta empresa está consiguiendo un nivel de ubicuidad del WiFi francamente notable, muy en línea con lo inicialmente planteado. Por el momento, mi impresión es que dicha sensación de "economía de la abundancia aplicada al WiFi" se produce únicamente entre un cierto nivel socioeconómico de la sociedad, algo por otro lado todavía coherente con la distribución de la conectividad Internet en la misma, pero la dirección evolutiva del progreso me parece bastante evidente. Tanto la propuesta de valor de montar una red inalámbrica en casa como la de conseguir una red inalámbrica cuando estás fuera de casa apelan directamente a una persona que dispone como mínimo de un ordenador portátil u otro tipo de periféricos dotados de WiFi, pero la penetración de ese tipo de equipos aumenta de una manera muy rápida y abarcando dispositivos como teléfonos y cámaras de fotos, algo que posiblemente extienda el rango de intereses a cada vez más capas de la sociedad.
Por el momento, la Fonera transmite una cierta sensación de "solidez" de proyecto, como que ya no sólo envían un aparato fabricado por otros y con una pegatina encima, sino que fabrican y distribuyen algo creado por ellos. Desde un principio me ha gustado este proyecto, algo que ha motivado todo tipo de acusaciones de estar vendido al oro de Moscú por vete tú a saber que peregrinas intuiciones. Aunque conozco al creador del proyecto de las aulas del Instituto de Empresa, no me va ni me viene absolutamente nada económico en todo esto, y simplemente, es una idea que me encanta, como no podía ser de otra manera siendo una persona que siempre ha pensado que el mundo evolucionaría hacia ser un lugar con una cobertura WiFi universal y accesible. Y entre que me la dé Fon o que me la proporcionen los únicos actores que había capaces de hacerlo de manera realista antes de que llegase Fon, pues francamente, desde un principio he pensado y sigo pensando que todos estamos mejor así.

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