En Hollywood existen dos fórmulas para producir películas de éxito. Una es tener un buen reparto, con las mejores estrellas. La otra es tener un buen guión". Aunque no lo parezca, la frase es un fragmento de una conversación sobre fútbol. La tuvimos hace ya años, cuando acababa de ganar las elecciones del Barça la actual directiva. El Barça venía de unos años de crisis deportiva, pero también de identidad. Y el Madrid fichaba cada verano otro galáctico y parecía imbatible.

La intuición de la nueva junta era genial. En los tiempos en los que las audiencias televisivas son la máxima fuente de ingresos, un club de fútbol vale la cantidad de personas que se identifican con él. Es decir, que consumirán productos vinculados al club, que seguirán sus partidos por televisión. ¿Y cómo se consiguen estas simpatías? A través de los éxitos deportivos, pero no solo. También con una imagen de marca que tiene que ver con un relato, con una especie de película.

EN AQUEL TIEMPO, la película de éxito que representaba el Madrid se basaba en el reparto. Grandes estrellas. Jugadores galácticos, fichados por el glamur y la imagen que aportaban, como Hollywood fichaba a sus estrellas. El guión se construía después y a medida. El Barça de entonces no podía competir con aquel reparto. Tenía que buscar la fórmula alternativa, el guión. Y ya tenía una base que había dado momentos de gloria o había dado solidez en los momentos bajos: el más que un club. Una fórmula ambigua, pero eficaz.

En Catalunya, el más que un club se entiende perfectamente: es la bandera de la catalanidad. De una catalanidad integradora --"tant se val d'on venim, si del sud o del nord"--, pero comprometida con los propios símbolos: "ara estem d'acord, una bandera ens agermana". La base del nuevo guión solo podía construirse a partir del buen guión de toda la vida, ampliándolo. El Barça tenía que ser el símbolo vivo de la Catalunya integradora. Pero debía ser más cosas.

Para todo el mundo, debía ser el equipo de la pluralidad, de la modernidad, de la solidaridad, de unos valores democráticos y de unas ideas abiertas. No podía ser un club rancio, autoritario, personalista. El más que un club nació de la identificación con la catalanidad, pero podía ampliarse haciendo al club símbolo de valores universales. El acuerdo con Unicef --aunque sea un rebote de la búsqueda de un patrocinador-- es la mejor expresión de este guión, a escala planetaria. Más que un club en Catalunya; más que un club en el mundo.

Los éxitos deportivos y la construcción de este guión han sido los dos pilares sobre los que se han construido los actuales días felices del barcelonismo. Se retroalimentan en un círculo virtuoso. Pero cuando se escoge el guión como camino hacia el éxito, los actores deben seguir el guión a rajatabla. Y los actores son los futbolistas. Si el guión es este, el más que un club, los jugadores deben encarnarlo, en el campo y fuera del campo. Si parte del éxito ha sido asociar la imagen del club a unos valores, los jugadores no pueden entrar en contradicción con estos ni en el campo ni en la sala de prensa.

Por eso sonaron todas las alarmas cuando circuló que Samuel Etoo se había negado en Santander a responder a una pregunta en catalán en una rueda de prensa. Y por eso se ha recibido con alivio la entrevista que ha dado por zanjado el episodio. Porque no era una anécdota. Porque si un jugador del Barça expresa alguna forma de menosprecio por el catalán, por los símbolos del país, se está cargando el núcleo del guión. No es una obsesión enfermiza por la lengua, es que estamos en la base del invento, en la pieza que ha hecho pasar al Barça del círculo vicioso al virtuoso. La idea del más que un club. Que empieza por la catalanidad y la trasciende, pero que no puede traicionar su punto de arranque.

POR ESO los jugadores del Barça deben entender el catalán tan pronto como puedan. Por eso el Barça lleva la bandera catalana en la camiseta. Porque está en el centro del guión. Ahora el guión se ha ampliado. Perfecto. Bandera catalana y anagrama del Unicef. Las dos cosas obligan. Hay actitudes y declaraciones que están vedadas a partir de ahora a los jugadores del Barça, porque llevan en la camiseta el anagrama del Unicef. Esto da imagen, pero también obliga a una imagen. De la misma manera la bandera catalana.

"Fichamos a los jugadores para que marquen goles, no para que aprendan lenguas". Pues no. No es cierto del todo. Los fichamos para que metan goles. Pero también para que encarnen los valores que se asocian al Barça y que le han permitido ser un club importante en Catalunya, en España y ahora en todo el mundo. Las dos cosas: goles y valores. Te encuentras con camisetas azulgranas desde Duala hasta Shanghái porque se marcan goles y se ganan títulos, pero también porque existe una imagen que se ha construido a partir de unos valores. En el mercado planetario del fútbol necesitas las dos cosas. Necesitamos que Etoo sea el pichichi de esta Liga --y de esta Champions--, pero también que sea un símbolo. El fútbol nunca es solo fútbol.

Vicenç Villatoro. Escritor y periodista.