La primera vez que vi en persona a Fernández Teixidó fue en un estudio de Catalunya Ràdio, el grande, el que tiene ventanas a la calle Beethoven y a la Diagonal. ¿Era 1986? ¿1987? Por ahí va la cosa. Fernández Teixidó (ex trotskista) era cabeza de lista del CDS, un partido que aglutinaba los restos de aquella UCD que había liderado Adolfo Suárez, el que pedía que le mostrasen un solo profesor capaz de explicar física nuclear en catalán. Fernández Teixidó fue una tarde el invitado del programa El mínim esforç,que conducía Jordi Vendrell y en el que colaborábamos Ramon Barnils y yo.

Estábamos en plena campaña electoral. No sé si al Parlamento de aquí o al de allá. Tanto da. Era una época en la que los intelectuales se apuntaban siempre a apoyar a tal o cual partido de izquierdas (por llamarlos según la terminología al uso): PSC, PSUC... Estaba muy mal visto dar apoyo a un partido de derechas (por seguir con la misma terminología). Entonces, en medio de ese panorama previsible, va Albert Boadella y da su apoyo al CDS, un partido en la decadencia previa al naufragio definitivo.

Era una postura sorprendente, digna de la capacidad teatral del fundador de Els Joglars. Estos últimos tiempos pienso a menudo que aquel apoyo de Boadella al CDS era de hecho un ensayo: el primero de esa compleja obra político-teatral de elipse excéntrica que ha llevado a su máximo desarrollo (al menos de momento) en el Partit de la Ciutadania.

El caso es que, en aquella campaña de los ochenta, Boadella acompañaba a Fernández Teixidó a las entrevistas. Era espectacular verlo allí, sentado junto a éste y diciendo que había que votar al CDS porque era un partido... ¿de inútiles, de inexpertos? No recuerdo qué adjetivos utilizaba exactamente, pero "guapos" les aseguro que no. Su argumento era que, siendo tan zopencos, cuantos más diputados consiguiesen mejor, porque serían menos perniciosos para la gente que los de otros partidos más espabilados. Pero si espectacular era ver a Boadella cantando como glorias las mediocridades del partido al que apoyaba, aún lo era más ver a Fernández Teixidó aguantando el chaparrón ¡y agradeciéndolo! Si su mirada se cruzaba con la tuya, leías en sus ojos: "Ya ves lo que hay que soportar para conseguir que los medios te presten atención..." Y Boadella a su lado, rajando sobre la clase política y, de pasada, sobre el CDS para el que pedía el voto.

Más tarde, el CDS desapareció del escenario. No sé si debe haber aún por ahí algún residuo extraparlamentario. Pero los líderes - por llamarlos de algún modo- se fueron colocando. La vivaz Teresa Sandoval, por ejemplo, que también fue cabeza de lista del CDS y acabó en el PSC. Y, bueno, con el tiempo, un día leímos que Fernández Teixidó entraba a formar parte de CiU. Ay, caray. Y pasan los años y los lustros y de repente salta la noticia de sus problemas por haber tenido contactos con un presunto jefe de la mafia rusa.

Estos días, cada vez que hablan de eso en la prensa, o cuando lo veo en la tele diciendo "La política és la meva vida!", no puedo evitar recordarlo en aquel estudio de radio, sentado junto a Boadella y soportando impertérrito su alud de alabanzas envenenadas: es el retrato perfecto de los políticos con espíritu funcionarial, a los que tanto les da el pollo como el pescado, mientras tengan algo en el plato.