Carrie, la protagonista de Sexo en Nueva York,suelta la siguiente sentencia en uno de los capítulos de la serie: "Supongo que hacemos una buena pareja. Soy adicta a la moda y él es adicto a la política. Y la verdad, ¿cuál es la diferencia? Ambas adicciones vienen de ideas recicladas y las hacen lucir más frescas e inspiradoras". En un mismo día coincidieron en Madrid un adicto a la política como Enrique Múgica y una adicta a la moda como Milla Jovovich: él presentó su recurso contra el Estatut; ella, su campaña para la firma Mango. No me atrevo a decir que formen una buena pareja, aunque aparecieran juntos en las páginas de los diarios. Por lo demás, me gustaría. De hecho, el sueño de Milla es perderse con su pareja en una isla desierta, adonde a muchos les encantaría que se extraviara para siempre la carrera de este político que, con los años, ha perdido la ideología, pero no los cargos, de los que sigue disfrutando.
Múgica está en su derecho a llevar el Estatut al Constitucional, de acuerdo con sus potestades, aunque cuando uno es Defensor del Pueblo debería pensárselo dos veces cuando actúa contra una parte de este pueblo al que dice defender. Pero don Enrique, con su verbo pastoso y su frenillo desbocado, no se limitó a deslegitimar un texto aprobado por el Parlament, el Congreso, el Senado y refrendado por los ciudadanos de Catalunya. Este defensor nuestro cuestionó el resultado del referéndum del Estatut porque los aprobó un 35,77% de los catalanes. Más allá de que no le pagamos entre todos su salario para que haga teoría política, merecería un suspenso en esa materia porque nadie en su sano juicio, o que no quiera hacer trampa, suma abstenciones, votos en blanco y votos nulos para deslegitimar un resultado. Según su teoría, los últimos gobiernos, tanto el de Zapatero (en cuyo partido virtualmente milita) como el de Aznar (con cuyo partido efectivamente se identifica) no tendrían tampoco legitimidad alguna porque, con sus cuentas, habrían obtenido resultados inferiores a ese 35,77% que le obsesiona.
Los motivos de inconstitucionalidad que advierte este político de larga y tortuosa biografía (los adjetivos son influencia de Simon& Garfunkel) se parecen como dos gotas de agua a los que defiende el PP para actuar igualmente ante el Tribunal Constitucional. Los más de 140 folios del recurso contienen casi tanta letra como el propio Estatut, lo que por sí solo tiene su mérito.
Oír a Múgica hablar de la España que se rompe suena a disco escuchado (o solicitado). En los meses de vida del texto estatutario, nadie ha visto que al Estado se le abran las costuras. O para ser más exactos, lo único que parece descosido es la chaqueta cambiada de algunos.

Escribe un comentario