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22 Septiembre 2006

De cómo Rubalcaba, el ‘químico’, se ha convertido en una víctima más del fracaso escolar, de Carlos Sánchez en El Confidencial

El ministro del Interior, que en sus tiempos fue pnn -aquellos revoltosos profesores de la Universidad de los 70- se ha convertido sin darse cuenta en una víctima más del fracaso escolar.

El padecimiento no tendría ninguna importancia –desgraciadamente el problema abunda en nuestro sistema educativo- si no fuera por que estamos ante un antiguo ministro de Educación y Ciencia. Es más, ante un químico de formación, a quien cuando estudiaba en la Universidad le debieron enseñar el valor de la ciencia para comprender el mundo. Ante un ministro que hace menos de tres años -en los tiempos de la oposición- iba por las calles de Madrid diciendo aquello de Queremos saber... o No nos merecemos un Gobierno que nos mienta. Nada más cierto. No nos lo merecemos.

Resulta que el Ministerio del Interior hizo ayer una nota de prensa “en relación” con la noticia publicada por el diario El Mundo, en la que no sólo no contribuye a aclarar la verdad de los hechos, sino que miente de la manera más grosera.

Dice la nota que el documento en el que se apoya el periodista García-Abadillo para realizar su información “es un simple borrador”. Lo será, pero lo cierto es que el documento está firmado en su margen izquierda por los autores del informe, y en ningún sitio se aclara que se trata de un documento provisional. Va, incluso, encabezado por los membretes del Ministerio del Interior y de la Dirección General de la Policía, y tiene el mismo registro de salida 6.684 de 14.3.05 que el enviado por la Comisaría General de Política Científica al juez Del Olmo. El documento fetén. Para tratarse de un borrador no están nada mal las coincidencias. Con borradores así no hace falta gastar más papel. La ministra de Medio Ambiente tendrá algo que decir.

Dice la nota de Interior que “en modo alguno” se remitió al juez un “informe falso”. Tiene razón Rubalcaba. El informe pericial trasladado a la autoridad judicial no es falso, es auténtico. Lo que se ha hecho es, simplemente, censurar los párrafos que, según Interior, no debía conocer el juez.

Asegura el Ministerio del Interior que el trabajo de los científicos “no eran más que elucubraciones y consideraciones subjetivas sin fundamento científico alguno y que, por lo tanto, no debían, ni podían constar en un informe científico”. Este es el meollo del asunto. Resulta que son los funcionarios del Ministerio del Interior quienes deciden -por su cuenta y riesgo- lo que debe ver el juez, no vaya a ser que se equivoque.

La verdad científica, como sabe muy bien el químico Rubalcaba, debe estar sometida al principio de contradicción, de lo contrario no estaríamos hablando de ciencia, sino de inducción a la fe. Y por eso, lo que tenía que haber hecho el Ministerio del Interior es ofrecer toda la panoplia de hipótesis al juez para que éste tomara en consideración la que considerara más oportuna. A no ser que el profesor Rubalcaba haya recuperado la vieja idea del despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Dice la nota de Interior que las elucubraciones eran inconsistentes debido a que el ácido bórico tiene “múltiples utilidades”. Se supone que como la metralla que a veces se utiliza en los atentados terroristas para hacer más daño, y no por eso deja de ser analizada por la policía científica con el objeto de informar posteriormente al juez sobre los pormenores de la actividad delictiva. O es que los clavos no pueden comprarse en cualquier ferretería.

Asegura Interior que la decisión de no remitir al juez instructor la versión íntegra del documento fue obra del Comisario General, y que el texto estaba avalado por el propio jefe de laboratorio. Suponemos que los subordinados estarán contentos con sus jefes. La nota viene a decir que son unos incompetentes y que dedican a hacer elucubraciones sin ningún fundamento. La verdad es que mucho corporativismo no parece que haya en la policía.

El punto último de la nota es el más ilustrativo. Es un homenaje a Freud y a la traición que a veces provoca la conciencia. Lo que usando un latinajo se suele definir como Excusatio non petita, accusatio manifesta. Dice Interior que el comisario general nunca ha informado de estos hechos al ministro, “ni al actual ni al anterior”, es más “ni a ningún superior jerárquico”. O sea que estamos ante un probo funcionario que se reúne con él mismo para decidir. Si no hace caso a sus subordinados y tampoco informa a sus superiores, es que estamos ante un ser superior capaz de destronar al mismísimo Florentino Pérez, como lo calificó Emilio Butragueño.

¿Cuántos documentos no tendrá guardados el ínclito policía en el cajón de su mesa no vaya a ser que se enteren los jueces?

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