El portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, ha querido asumir prácticamente en solitario la estrategia de su partido respecto a la investigación del 11-M, hasta el punto de que se juega a esa sola carta su futuro político. Si se confirman las sospechas del portavoz parlamentario del PP, podrá apuntarse un éxito importante que, incluso, le rehabilitaría dentro de su partido, donde tiene numerosos adversarios. Pero si fracasa en ese intento, "su carrera política habrá tocado a su fin", dicen en el PP.
Fuentes próximas al líder de este partido señalan, sin embargo, que Zaplana cuenta en este momento con el consentimiento de Mariano Rajoy para seguir adelante en la estrategia de acoso al Gobierno por el 11-M, a pesar de que al político gallego nunca le ha gustado hacer seguidismo de la línea de oposición política que marcan determinados medios de comunicación, como la COPE o El Mundo. Sí que lo hace, sin embargo, Eduardo Zaplana, en perfecta sintonía con Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez.
Hasta hace unos meses, Rajoy y su entorno eran partidarios de pasar la página del 11-M porque en lugar de aportarle beneficios al PP, le restaba apoyos y credibilidad. Pero eso era hasta que, según estas fuentes, "cada vez es más evidente que desde algunos sectores policiales y de los servicios de información se está trabajando activamente por entorpecer la investigación, y lo único que queremos en el PP es saber por qué". Esta percepción ha hecho cambiar la opinión de Rajoy sobre la estrategia a seguir.
Con todo, el líder de los ‘populares’ sigue queriendo mantenerse al margen mientras las pruebas no sean más concluyentes, de manera que es el portavoz parlamentario quien ha asumido casi en exclusiva la estrategia, ayudado por sus colaboradores y algunos diputados como Alicia Castro y Jaime Ignacio del Burgo. El entorno de Zaplana y el propio portavoz creen que las últimas revelaciones periodísticas han puesto en duda la veracidad de algunas pruebas fundamentales para la investigación e, incluso, el propio explosivo utilizado.
Dudas que, dicen, han empezado a calar en la opinión pública y "ahora el 11-M ya no es algo que recuerde al PP, sino que se está convirtiendo en un serio problema para el actual Gobierno, al margen de que fuera fruto de un atentado islamista o de otra cosa, que es lo que parece", señalan fuentes próximas a Rajoy. Por eso, el líder del PP ha hecho de tripas corazón y, a pesar de que su relación con Zaplana se había deteriorado considerablemente, le ha dejado seguir adelante con el tema del 11-M.
Zaplana, crítico con Rajoy
Zaplana venía siendo crítico con la actitud, según él a veces demasiado complaciente, de Rajoy. El portavoz parlamentario prefería mayor firmeza en la oposición al Gobierno, cerrando cualquier posibilidad de acuerdos porque, dicen fuentes parlamentarias, "cada vez que hemos querido pactar algo, Zapatero nos ha engañado". El líder del PP sigue queriendo, sin embargo, ofrecer una imagen moderada y serena a la opinión pública, y eso dista bastante de debates tensos como los vividos hasta ahora.
Lo cierto es que en los últimos meses, el presidente del PP y el portavoz en el Congreso mantenían una relación fría y distante, y sigue siendo así. Rajoy no quiere que el 11-M interfiera en otros mensajes que él está empeñado en hacer llegar a la opinión pública, mensajes de alternativa a un Gobierno "absolutamente inoperante e incapaz de solucionar problemas tan graves como el de la inmigración", dicen estas fuentes. Pero, ¿y si realmente el 11-M fue fruto de una conspiración contra el PP?
Esa pregunta, que en el entorno de Rajoy se despreciaba hasta hace relativamente poco, ahora cobra más fuerza, e incluso líderes de los llamados moderados dentro del partido, como Piqué, Ruiz-Gallardón o Elorriaga han coincidido en que quizás sea positivo mantener "en alto las espadas del 11-M", señalaba a este diario un dirigente próximo al líder del PP. El propio Piqué admitía ayer que en su partido existen distintos "énfasis" sobre este asunto, pero defendió que se mantuviera la presión en el Congreso.
Opiniones compartidas por el secretario general, Ángel Acebes, aunque también él ha mantenido siempre un discreto segundo plano en este asunto. Y es que, si se confirmara alguna clase de negligencia policial en los atentados, él era el ministro del Interior, y aunque el PP ya perdió las elecciones, eso podría tener coste para su imagen personal, señalan fuentes de Génova 13. Razón por la que el secretario general ha venido manteniéndose al margen, distanciado en este tema de Zaplana.
Ni Acebes ni Rajoy hablan del 11-M salvo que se les pregunte. El único dirigente del PP que hace de este asunto tema central de casi todas sus comparecencias es el portavoz parlamentario. El mismo Zaplana que, en privado, ha reconocido que si el PP pierde las próximas elecciones su carrera política habrá tocado a su fin. Pero si su teoría de la conspiración, sustentada en la investigación que están llevando a cabo los medios de comunicación, se confirma, hasta Rajoy estaría obligado a reconocérselo.
Nerviosismo en las filas socialistas
De entrada, la interpelación de la semana pasada y la moción debatida antesdeayer, parecen haber puesto nerviosos a los grupos que apoyan al Gobierno –todos, menos el PP-, dicen fuentes parlamentarias de los ‘populares’, y eso, añaden, es un síntoma de que "vamos por el buen camino". Ayer mismo, todos los portavoces de los grupos se reunieron contra el PP en una rueda de prensa conjunta. Una actitud que el propio Zaplana calificó de "bastarda".
De ahí que, lejos de amedrentarse, el Grupo Parlamentario tenga la intención de seguir adelante con el 11-M, a la espera, además, de nuevas revelaciones periodísticas. La intención del cartagenero es seguir presentando nuevas mociones y preguntas escritas en el Parlamento, sin rechazar la posibilidad de que futuras noticias den lugar a nuevas interpelaciones a Rubalcaba. El ministro del Interior se ha convertido en el objetivo de Zaplana, convencido desde el principio de que Rubalcaba llegó ahí para ocultar pruebas del 11-M, además de para allanar el camino de la negociación con ETA.
Con todo, los últimos acontecimientos volverán a reeditar viejos debates en el PP sobre cuál debe ser la estrategia a seguir. Piqué quiere hablar en Cataluña del Estatut y de los problemas de los catalanes, y no del 11-M, y eso ya lo ha dicho en Génova. Lo mismo Ruiz-Gallardón, aunque aceptan que el PP en el Congreso mantenga viva la tensión. Esa es la razón por la que Rajoy evita hablar del asunto. Sabe que las generales se pueden decidir por un puñado de votos, aunque ahora parece más dispuesto a correr riesgos.

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