La prensa rosa empieza a cebarse en el mundo de la política y amenaza con quedarse. La última víctima es Condoleezza Rice, la secretaria de Estado norteamericana que, tras entrevistarse con el ministro de Exteriores canadiense durante una visita oficial, ha obligado al portavoz de la diplomacia de Estados Unidos a contestar las preguntas de un reportero que indagó sobre una cena privada entre ambos. Sean McCormack, que así se llama el funcionario, tuvo que desmentir que hubiera velas en la mesa: "La cena no era íntima, había catorce asistentes y seis miembros del servicio secreto", le soltó al final ante la insistencia del informador.
En cualquier caso, este verano hemos visto fotografiada en bikini a Ségolène Royal, la más que probable candidata de los socialistas al Elíseo, en la revista Closer, lo que ha generado una honda polémica en Francia sobre los límites a la privacidad de los personajes públicos. Sin embargo, lo más discutible del reportaje era el título que lo acompañaba: "¡Y dice que tiene 53 años!". La expresión, que intentaba ser un piropo, no dejaba de constituir una frase machista. En otra publicación como VSD salieron fotos en calzón corto de Nicolas Sarkozy, el candidato de la derecha a las presidenciables, pero el titular era "Duelo al sol" en lugar de "¡51 y sin apenas michelines!".
Sin embargo, la primera víctima política de un paparazzo este año ha sido la canciller alemana Angela Merkel, que pasó la Semana Santa en un hotel de Ischia y fue cazada mientras se quitaba el traje de baño tapándose con el albornoz. Con la mala suerte de que éste se le escurrió un poco, dejando a la vista la espalda y su final. También esta vez tan desafortunada como la foto era su cabecera en The Sun:"Soy grande en el Bundestag", titular que jugaba con el término bum,que significa culo. Todo un monumento a la ordinariez.
Las habladurías sobre Rice han sido objeto de comentarios editoriales incluso en The New York Times,donde se ha publicado el artículo "El baile de la diplomacia echa madera a la hoguera del cotilleo", en el que el columnista defiende el derecho a la intimidad de la secretaria de Estado, más allá de las críticas que le haya hecho en el pasado por su política. Esta ampliación del campo de interés de los paparazzi al de los dirigentes de los países empieza a preocupar a la prensa seria y a las personas sensatas. Pero unos y otros cada vez son menos. Así que a nadie debe extrañar que Eloy de la Iglesia dijera en una ocasión: "El color amarillo es un eufemismo para referirse a algunos periodistas. Habría que buscar un color más parecido al de la mierda para definirlos".

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