Tienen en su haber los Rolling Stones un espléndido blues titulado Melody.Pertenece a su disco Black and Blue,grabado en 1976, y en su interpretación es fundamental el virtuoso pianista Billy Preston. Que 30 años después tan brillante pieza haya desaparecido del repertorio del grupo no tiene por qué extrañar: la longevidad de su carrera es tal que en cada concierto deben dejar decenas, si no centenares de temas en la cuneta, algunos de ellos porque plantean una exigencia vocal que tal vez ya no conviene a su sexagenario cantante. Lo que sería extraño, eso sí, es que un día decidieran desenterrarla y ponerla otra vez en danza. Porque es improbable que un personaje como Mick Jagger, siempre tan atento a los cambios sociales y políticos de su entorno, decida un día volver a soltar por el micro estrofas como la que cierra Melody:El día que me dejó se llevó todo cuanto se movía / se llevó mi coche y mi caravana / se llevó mis botas de domingo / mi olfato está sobre su pista / la cogeré por sorpresa / entonces tendré el placer/ de asar a esa chiquilla viva.
Las sociedades cambian que no se las reconoce y, si es cierto que en 1976 un artista hubiera puesto cara de marciano de haber sido advertido del sexismo de sus canciones, sería ahora inverosímil que un letrista deseara para la protagonista de su tema una muerte violenta desgraciadamente tan de actualidad en nuestros días. Yno porque el hombre abandonado por su pareja actúe de otra forma 30 años después, sino porque al fin hemos aprendido - al menos como sociedad en su conjunto- que no hay abandono que justifique ejercer sobre la pareja ningún tipo de violencia; ni maltratarla psicológicamente ni, claro está, quemarla viva.
Nuestra ley de la violencia contra las mujeres tiene partidarios y detractores, y hay que admitir que la estadística de muertes apunta este año en dirección contraria a las intenciones que la inspiraron, pero si la vemos como una herramienta más de una serie de iniciativas que configuran un nunca máis contra la violencia sexista, no podemos más que apoyarla. En esta línea, la socialista francesa Ségolène Royal se ha inclinado por aprobar una ley igual en su país. ¿Señala España el camino de un cambio social sin precedentes?
No sería el único paso al frente que se da últimamente en este país en cuestiones de interés social y, concretamente, de lucha contra el sexismo en cualquiera de sus manifestaciones. El más reciente, además, ha surgido de un pacto amparado por una Administración gobernada por el PP. La iniciativa de Pasarela Cibeles de impedir desfilar a modelos demasiado delgadas ha tenido ya un efecto multiplicador, pues autoridades y medios de comunicación de otros países piden que se aplique en sus salones. Porque este veto lanza dos mensajes saludables: la preocupación por el bienestar físico de las propias modelos y la declaración subliminal de que el canon universal de belleza, en cuya configuración tanto tienen que ver las pasarelas y la moda en general, no puede seguir vinculado a la apariencia enfermiza de la mujer.
Pero hagámonos las justas ilusiones y ni una más: es un objetivo a largo plazo. La realidad es que en el 2006 las modelos desfilan por la pasarela no ya al compás de los lamentos vengativos de los Stones, pero sí de un tema de Laidback que reza if you want to be rich / you´ve got to be a bitch (si quieras ser rica, tienes que ser una zorra), como se pudo comprobar en la primera entrega de un concurso de top-models que se emite por televisión.

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