Tachado ya de poco realista cuando en su día defendía desde el Pentágono las guerras por la democracia en Oriente Medio, Paul Wolfowitz, ahora presidente del Banco Mundial, se ha visto obligado a añadir pragmatismo a su plan para erradicar la corrupción en los países en desarrollo.
Aunque el consejo de gobernadores del Banco Mundial aprobó ayer el plan de Wolfowitz para fortalecer la lucha contra la corrupción y en favor del buen gobierno, el ex subsecretario de Defensa tuvo que admitir que imponer requisitos demasiado exigentes sobre corrupción a gobiernos en países en desarrollo penaliza a los más pobres. "No podemos abandonar a los pobres porque su gobierno o sus instituciones son débiles, ya que sería castigarlos dos veces", afirmó en un tono mucho más pragmático que sus anteriores llamamientos a la lucha sin tregua contra la corrupción en el banco.
Wolfowitz convirtió las políticas anticorrupción en la punta de lanza de su estrategia desde que el pasado año tomó el mando del Banco Mundial y bloqueó programas de financiación en algunos países africanos.
El Gobierno de Kenia, que cumplió con las condiciones macroeconómicas exigidas por el banco, fue sometidos a investigación y sus planes de ayuda fueron suspendidos: "Se dice que no hacemos lo suficiente" (para combatir la corrupción), pero "nadie nos ha dicho lo que significa suficiente", afirmó el ministro de Finanzas de Kenia, Amos Kimunya.
Algunos países europeos, especialmente el Reino Unido, calificaron la campaña de Wolfowitz de irrealista y autoritaria. Hilary Benn, ministro de Desarrollo, amenazó con retirar las aportaciones británicas a los programas del banco si no adopta una política más realista. Directores de programas en África y Latinoamérica, ya molestos por una serie de polémicos nombramientos a cargo de Wolfowitz en altos puestos del banco, en los que colocó a ex miembros de la Administración Bush y gobiernos aliados, también han protestado, según confirmaron fuentes internas del banco. Bajo la visión de Wolfowitz, "la definición de lo que es corrupción viene de arriba y es demasiado exigente", afirmó un experto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Siguiendo el ejemplo de la entidad estadounidense Millenium Challenge Corporation (Corporación del Desafió del Milenio), Wolfowitz quiere sustituir la "condicionalidad macroeconómica" del viejo modelo del FMI y Banco Mundial por una "condicionalidad política" que ha dado lugar a una "cruzada ideológica", añadió. Es la acusación que se lanzaba al proyecto neoconservador de Wolfowitz desde sectores pragmáticos del poder en EE. UU. respecto a la capacidad de Washington para imponer militarmente democracias proamericanas en países como Iraq o Iran.
El triunfo del pragmatismo en las políticas anticorrupción del Banco Mundial es el resultado también de otro reto al que se enfrentan el banco y el FMI: la competencia del sector privado. Existen más entidades privadas que nunca dispuestas a proporcionar créditos a los países en desarrollo, con la excepción de los extremadamente pobres, a tipos de interés muy favorables. Esto ha generado una crisis de financiación en el FMI y el banco, instituciones que en cierto sentido están muriendo de éxito por sus operaciones de ayuda al desarrollo de economías de mercado. El Fondo, que al igual que el banco se financia mediante los intereses sobre sus créditos, se encuentra ante una grave crisis de financiación a medida que países como México, Brasil e India reembolsan miles de millones de dólares y acuden a acreedores privados.
Ante la creciente independencia de numerosos países respecto a las instituciones de Washington, el Fondo Monetario Internacional secundó ayer por amplia mayoría conceder una mayor cuota de poder a los países en vías de desarrollo. China ve aumentado su cuota de los votos en el consejo del Fondo del 2,98% al 3,7%, menos de lo que se había previsto. En cuanto a España, pese a tener una menor representacion si se tiene en cuenta su actual PIB, sufrió una ligera reducción de su cuota.

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