No son tiempos, ya se sabe, de rodear la Embajada británica en Madrid al grito de ¡Gibraltar español! O de cerrar la verja de un portazo. Pero no hay más que verle la cara a Moratinos, el Metternich español, para adivinar que España ha perdido la partida de la negociación cordobesa sobre Gibraltar. Vamos que, por un puñado de euros, una treintena de millones para las pensiones, calderilla, el Gobierno de Zapatero ha cedido a todas las pretensiones de los británicos y gibraltareños sobre el aeropuerto del Peñón, que, dicho sea de paso, está construido sobre el istmo de Gibraltar en pleno territorio español y fuera incluso de la frontera del Tratado de Utrecht.

Es decir, que España ha vuelto a ceder, a cambio del pretendido uso conjunto de dicho aeropuerto mientras hace la vista gorda sobre la nueva Constitución gibraltareña, con este acto que supone, de facto, un reconocimiento español sobre el istmo, de igual manera que lo fue el ingreso de España en la OTAN, y todo ello por más salvaguardias literarias que se ponga o se guarde el Gobierno español y que a Londres y a Gibraltar le resbalan, mientras se ríen del pánfilo Moratinos.

La noticia de hoy hubiera sido la devolución del istmo de la Roca a España, incluido el aeropuerto en pago por la usurpación de este territorio desde hace años. A no ser que el ministro Alonso esté pensando en una acción relámpago de los comandos que en su día desembarcaron en Perejil, por orden del almirante Trillo, el responsable de aquel penoso entierro de los soldados españoles muertos en el Yakolev 42.

Lo primero que España debe arreglar con Gibraltar y prohibir en España es el tráfico de capitales, fugas fiscales y sociedades títeres y tapadera que están en el Peñón y que son utilizadas por defraudadores y delincuentes de todo orden, al margen de la ley. Luego, conseguir el final del contrabando de droga, tabaco y otros productos, y después buscar una solución negociada a la soberanía del Peñón, cosa que, hasta el momento, nadie ha podido conseguir.

Entonces, ¿dónde estamos? Pues estamos en que Moratinos le acaba de hacer un buen regalo al “gilipollas integral” —así lo llamó Pepe Bono— de Tony Blair, que en estos meses las está pasando canutas porque en su partido no paran de preguntarle la fecha de su retirada. ¿Cuándo te vas, Tony? Pero lo de Gibraltar no es un caso aislado sino que ya forma parte de la espléndida política exterior de Zapatero, que le acaba de regalar a la canciller Merkel la OPA de EON, a Chirac 1.100 soldados con destino a Líbano, a Fidel la visita de Bernardino León en la cumbre de no alineados de Cuba, a Chaves armas y a Mohamed VI una agenda abierta para que ponga la fecha del próximo viaje de Zapatero a Rabat, aplazado ya por tres veces.

O sea, que en vez de recuperar, ¡por lo menos!, el istmo de Gibraltar, les bendecimos el aeropuerto con la sonrisa boba de este ministro que siempre camina hacia atrás. Por cierto, ¿dónde están los pimpollos diplomáticos del PP, Arístegui y Moragas? Pues imaginamos que uno en la yihad y el otro buscando un visado para La Habana a ver si lo dejan entrar.