En este país, todo maridaje es posible, de M. Dolores García en La Vanguardia
Hay dos formas de ver la política. La del ciudadano, que con su voto pone límites al poder, y la de los políticos, que luchan por el poder. Los pactos postelectorales, de los que hablaremos hasta el hartazgo en estos meses, responden a ambas motivaciones. Pese a la reciente experiencia catalana, las alianzas permiten resolver situaciones de ingobernabilidad. El profesor Ferran Requejo explicaba el domingo en las páginas de Opinión de La Vanguardia que los gobiernos de coalición no sufren más crisis internas ni son más ineficaces que el resto, a tenor de lo ocurrido en la mayoría de sistemas democráticos desde la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo, son vistos con recelo por los electores, ya que son pactos que no controlan y que sienten como una perversión del sentido de su voto. Por eso, los líderes catalanes tratan estos días a sus votantes como desmemoriados y se empeñan en hacerles creer que lo que vieron no es lo que parece.
Así, los socialistas reniegan del tripartito. El relevo de Maragall por Montilla busca el olvido del primer experimento de izquierdas tras la era pujolista. El candidato procura desviar la atención del votante, corriendo un velo sobre lo reciente y refrescándole la memoria sobre los intensos devaneos de CiU con el PP. Sin embargo, pese a que al escaldado votante socialista se le atragantaría una campaña de guiños hacia los republicanos, en el Govern y en el PSC se encargan de seguir tendiendo puentes con Esquerra.
En Convergència subsisten menos lazos con los republicanos, aunque la dirección del partido estima que su militancia está preparada para asumir esa alianza. La nueva generación que maneja el partido inició hace cinco años un acercamiento a ERC por lo que pudiera pasar. No fue sencillo, ya que Pujol nunca ocultó su desconfianza hacia los republicanos, a quienes consideraba - y no consta que haya cambiado de criterio- unos barbilampiños en el arte de lo posible que es gobernar. Los esfuerzos de aproximación, traumáticos siempre dentro de una familia mal avenida, tuvieron efectos baldíos, pero los convergentes creen haber hecho los deberes y que es fácil convencer a los suyos de que un pacto con ERC sería un mal mucho menor que seguir en la oposición. Otra cosa es lo que opinan en Unió.
¿Qué ocurre en ERC? Su vuelta a la equidistancia resultaría poco creíble si no fuera porque el partido ha dado muestras sobradas de su natural inclinación a las sorpresas. No les faltan argumentos para pactar con Mas o Montilla, es cierto, pero el reto estriba en convencer a los electores de que su objetivo es poner límites al poder más que disfrutarlo. Acabar la obra emprendida es motivo para seguir con los socialistas. Para cambiar de pareja hay otros: ya no hay que arrastrar al PSC al campo nacionalista para aprobar un Estatut, y fueron los socialistas quienes les expulsaron del Govern.
En este plácido país, salvo la combinación antinatura entre PSC y PP, todo maridaje es posible. No es de extrañar pues que el elector sospeche de tanta promiscuidad. Y que los políticos se entreguen a las piruetas verbales para no dar pistas de con quién se irán a la cama la noche del 1-N.
Sólo un Nadal de candidato Al conseller portavoz, Joaquim Nadal, le hizo ilusión que Montilla le eligiera para presentar la conferencia que pronunció en el auditorio Winterthur. Pese a que Nadal es un hombre del Govern de Maragall, el gesto le pareció propicio cara a un eventual Ejecutivo de Montilla. Éste, en cambio, quiere dar portazo a otro Nadal, Manel, hermano del conseller, que ocupa el cargo de secretario de Mobilitat de la Generalitat. Montilla no le quiere en la lista para las autonómicas que Joaquim Nadal encabezará por Girona.
Dinero por cubrir una campaña Una importante agencia de noticias ha enviado a los partidos catalanes una carta ofreciéndose para cubrir los actos de la campaña y difundirlos a las televisiones. Nada de particular si no fuera porque se incluyen las tarifas: cubrir un acto (de no más de cuatro horas) cuesta 360 euros más IVA, un día completo (ocho horas), son 500 euros y toda la campaña, 7000.
Obsequios para Rajoy y Piqué Algunos militantes son auténticos forofos. Lo pudieron comprobar el pasado sábado Rajoy y Piqué, quienes recibieron un obsequio de un afiliado de lo más particular: una colección de vasos con la imagen grabada de cada uno. En cambio, el nuevo fichaje del PP catalán, Montserrat Nebrera, más que obsequios ha recibido algún reproche por la calle una vez que se ha difundido que será candidata, lo cual, de momento, no le ha quitado la ilusión.
