O Montilla o Mas será (dicho sin desmérito alguno para el resto de los candidatos) quien gobierne en Cataluña tras las próximas elecciones autonómicas. Esto es algo más que una probabilidad.Cosa distinta es si uno u otro necesitarán el apoyo de otras formaciones para configurar el gobierno. Ya se verá en su momento.Como es bien sabido son dos personalidades bien diferenciadas: el primero, un dirigente del socialismo moderado; el segundo, un dirigente calificado, ciertamente, como representante del nacionalismo catalán. En el caso de José Montilla las cosas parecen ser meridianamente claras: es, en efecto, un socialista moderado en la línea abierta de esa formación política catalana, cuyos referentes podrían ser los de Serra i Moret y Joan Reventós.Artur Mas, nacionalista, es fundamentalmente otra cosa: un exponente de la corriente política liberal ¿Se me ha escapado una improvisación? De ninguna de las maneras.
El candidato de CiU pronunció concretamente a finales de noviembre del año pasado- una importante conferencia en la prestigiosa institución inglesa la London School of Economics. Repase el lector dicho texto, por ejemplo, en www.lafactoria.com (así en su versión catalana como castellana) y verá hasta qué punto el pensamiento más llamativo de este candidato es el liberalismo.Un analista político tan fino como el maestro Josep Ramoneda lo captó de inmediato. Y un servidor sostiene que es un liberal en su sentido prescriptivo. Debo dejar sentado que considero -faltaría más- el liberalismo tan constitucionalmente legítimo con el socialismo. Naturalmente, una cosa es lo legítimo y otra son mis preferencias.
De entrada, el socialista Montilla y el liberal Mas están en sobradas condiciones para proponer un discurso razonado que eleve el tenor de la campaña electoral, que, aunque todavía no está infestada con excesivos ruidos, puede entrar en una deriva de zahúrda, como es tradicional en tales solemnidades. Ahora bien, si se opta, cosa deseable, por la palabra con punto de vista fundamentado, se estaría en condiciones de abordar cuestiones tan importantes y necesarias como, entre otras, qué tipo de propuestas hace cada cual en torno al Estado de bienestar, auténtico nudo gordiano de las preocupaciones de la gente corriente y moliente.O, también, qué tipo de encaje tiene nuestra economía en los grandes movimientos de la globalización. Y de qué manera se incardina lo uno y lo otro con la necesidad de un desarrollo sostenible que hace que el paradigma medioambiental no sea una variable sino el centro de las grandes transformaciones que están en curso.Todo ello, naturalmente, con la modestia de los poderes y prerrogativas que realmente se tienen en Cataluña. O sea, sense fer volar coloms. A mi entender, será en ese terreno donde se debería jugar la partida. Francamente, en una dirección contraria a lo que han sido las anteriores confrontaciones electorales o, por mejor decir, a lo que ha sido mi percepción de dichas campañas.
Montilla y Mas están suficientemente capacitados (cada cual desde sus propias herramientas conceptuales y políticas) para elevar el tono del debate y la propuesta. Un servidor tiene su preferencia. No la digo por ser sobradamente conocida; más todavía, este no es el foro para pronunciarse. Pero desde mi parcialidad no soy indiferente al tipo de propuestas que se hagan. Porque una campaña con argumentos es ya un servicio noble a las gentes de Cataluña, y las mejores tradiciones del socialismo y del liberalismo parecen exigirlo.
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