ZP encara el curso electoral con más gasto público y el aplazamiento del nuevo modelo de financiación autonómica
LA Conferencia Política del PSOE, un evento posmoderno en el que tienen más papel las estrellas del espectáculo que los cuadros políticos, es la rampa de lanzamiento de los socialistas ante el curso electoral. El calendario tiene una primera cita el 1 de noviembre en Cataluña, con la celebración de los comicios autonómicos, y a finales de mayo se renovará la composición de todos los ayuntamientos y las cámaras legislativas de las comunidades que accedieron al régimen de autonomía por la vía lenta. Tras dos años de debates les corresponderá la palabra a los electores.
En la víspera de la Conferencia Política, se reunió el consejo territorial del PSOE, un organismo formado por todos los dirigentes autonómicos y los responsables de las federaciones socialistas. La reunión sólo registró una ausencia: Pasqual Maragall. Las elecciones a la Generalitat suponen un mal trago para los socialistas, cuando estaban llamadas a consolidar su poder tras sacar adelante un 'Estatut' histórico, que cambiará (¿para mal?) la relación del Estado con las comunidades autónomas. Todos los partidos catalanes repiten cartel electoral, menos el PSC que tiene el candidato más conocido por los votantes. La sustitución de Maragall por Montilla representa una dolorosa rectificación y la antesala de un cambio de ubicación: del poder a la oposición.
Pasqual Maragall cometió muchas insensataces y el tripartito fue una jaula de grillos, pero el verdadero golpe para las expectativas de los socialistas catalanes se lo dio Zapatero cuando ofreció en exclusiva a CiU el pacto entre el Estado y Cataluña. ¿Qué opinión tendríamos los asturianos de la candidatura socialista al Principado si la reforma del Estatuto de Autonomía fuese sellada en La Moncloa entre Zapatero y Ovidio Sánchez? La digestión de los resultados de los comicios a la Generalitat va a ser muy pesada para el PSC.
Realizar estas reflexiones, ahora, ofrece la ventaja de anticipar el escenario político al que estamos abocados en la recta final del año. El realineamiento del espectro político catalán, la crisis de los cayucos y la pesadilla del 11-M el Gobierno los va a compensar con unos Presupuestos Generales del Estado electoralistas, con un incremento del gasto que se sitúa en un 6,7%. Esa previsión tendrá que sufrir un crecimiento al alza para pactar las Cuentas del Estado con los partidos nacionalistas. Ya tendremos ocasión de realizar una crítica radical de esta política presupuestaria que está dejando pasar por delante de nuestras narices una ocasión histórica para sanear la economía nacional y ponerla en la senda de un crecimiento equilibrado. Simplemente, adelantaremos que cuando todo el mundo coincide en el diagnóstico de nuestros males económicos -inflación y déficit del sector exterior-, con el crecimiento del gasto público el Gobierno y sus aliados nacionalistas están comprando más inflación y más déficit exterior. Si el colesterol está alto, come bollería industrial y no te levantes del sofá.
Las golosinas del gasto vendrán acompañadas de proyectos 'made in ZP', como las nuevas prestaciones de la sanidad pública, al asumir el coste de las operaciones de cambio de sexo. No obstante, las alegrías presupuestarias y las mejoras para determinados colectivos sociales no van a equilibrar el desprestigio que supone perder la Generalitat. Para encarar las elecciones municipales y autonómicas con alguna garantía el Gobierno necesita aparcar algunos asuntos problemáticos y apuntarse un triunfo político impactante. En ello está.
Amortiguar tensiones
En la agenda política tocaba negociar un nuevo sistema de financiación autonómica que absorbiera los cambios introducidos en algunos estatutos de autonomía, como el catalán o el andaluz. Este asunto va a quedar en vía muerta con el consentimiento de todos los 'barones' socialistas. La única novedad en esa materia tiene que ver con las inversiones del Estado en algunas comunidades autónomas, como están reclamando los partidos catalanistas para su tierra. Los Presupuestos Generales del Estado van a estirarse para satisfacer a todos, pero no habrá un cambio de modelo financiero para las autonomías, de modo que las regiones que reciban un porcentaje mayor de la recaudación de los impuestos estatales tendrán que entregar ese incremento al Fondo de Suficiencia. Ninguna ventaja, por ahora. Las consecuencias del federalismo asimétrico, en su vertiente fiscal, quedarán para después de los comicios de primavera.
En estos días se cumple un año de la celebración de la segunda Conferencia de Presidentes y no hay ni atisbo de convocar otra. De esta forma, se aprecia el interés del Gobierno por no reabrir el debate territorial, que le llevó durante la negociación del 'Estatut' a perder toda la ventaja que tenía sobre el PP en las encuestas sobre intención de voto.
Antes de las elecciones autonómicas y municipales habrá un anuncio impactante sobre el llamado proceso de paz. Es impensable que los socialistas encaren las urnas sin haber logrado avances sustanciales y visibles en la negociación con la banda terrorista. Aumentar las partidas del gasto público, aplazar el debate territorial y despejar los interrogantes sobre la desarme del terrorismo son los tres elementos que va a utilizar Zapatero para ganar las elecciones en comunidades autónomas y ayuntamientos.
El fin de ETA, o la aprobación de unos presupuestos expansivos, afectan a los asturianos en igual medida que a los ciudadanos de otras partes de España. No cabe decir lo mismo del modelo territorial. En todo lo tocante a financiación autonómica, cuantos menos cambios se introduzcan nos irá mejor. Aunque el consejero de Economía del Principado, Jaime Rabanal, tiene manifestado que el actual modelo genera desfases con el paso del tiempo, más perjudicial va a ser el resultado de introducir cambios entre tensiones de comunidades autónomas ricas y pobres. Somos la región española que recibe más inversiones y más flujos de la Seguridad Social por habitante. No creo que podamos aspirar a mayores ingresos con el argumento de la solidaridad. Así de claro.

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