UNAS palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, en el corazón del catolicismo alemán y en cuyas aulas fue profesor hace varias décadas, han originado un notable revuelo en el mundo musulmán. En su discurso, titulado Fe, razón y universidad,y ante una audiencia procedente del mundo académico, el Papa plantea el debate entre la razón y la fe, entre el fideísmo y el racionalismo siguiendo la doctrina establecida en una de sus encíclicas por Juan Pablo II y toma como pauta un diálogo del siglo XV y unas referencias al fanatismo religioso. He leído la densa conferencia de Benedicto XVI en Ratisbona, sus referencias a la yihad islámica y sus inequívocas palabras manifestando que difundir la fe con violencia es irracional, sus reflexiones sobre la evolución del cristianismo en Europa y su defensa del diálogo entre culturas y religiones. En un Pontífice de elevada talla intelectual, ninguna sorpresa. Entonces, ¿por qué la polémica? En primer lugar porque, de un tiempo a esta parte, desde el islam sólo emergen las voces marcadamente radicales y fundamentalistas, lo que da pie a una implacable manipulación. Mientras, una Europa desconcertada - se vio en la polémica sobre las viñetas de Mahoma- sigue con miedo todo lo que sucede al tiempo que tiene una irrefrenable necesidad de pedir perdón.
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