Tras el tornado que puso patas arriba Viladecans, Rajoy logró aterrizar en El Prat, llegar al local donde le esperaban sus militantes y pedir "que gane el sentido común". Como se trataba de renovar su apoyo a Josep Piqué y de proclamarle candidato a la presidencia de la Generalitat ante políticos del PP con mando en plaza como Camps, Gallardón y otros, Rajoy aprovechó la ocasión para culpar a Montilla y al tripartito de lo que pasó en el aeropuerto de El Prat, de las últimas inundaciones en Catalunya, de los incendios en Galicia, del caos de la inmigración, de apoyar a Irán junto con los países no alineados y de tanta catástrofe natural o artificial como pueda acontecer. Con un discurso más cercano a la moderación de Piqué que al de notorios ausentes como Zaplana o Acebes, Rajoy auguró que será el futuro presidente del Gobierno, que Alberto Fernández será el futuro alcalde de Barcelona y que Piqué tiene mucho futuro en la Generalitat.
Echando cuentas de lo más aplaudido y lo más abucheado por la concurrencia, cosecharon las mayores broncas Pepe Rubianes, Pepe Montilla, Pepe Luis Zapatero, Pepiño Blanco y Joan Clos, y eso que fue el único de la lista que no se llama Pepe. Por el contrario, recibieron ovaciones Pepe María Aznar, Pepe Piqué y todas las alusiones a la I+ I+ D, que en lenguaje electoral del PP significa incompetencia más ineficacia más demagogia, igual al Gobierno de ZP y al Govern de Maragall, a quien retaron a que cuente "quiénes le traicionaron y defenestraron mucho antes de que cumpliese mil días de ese gobierno que considera un éxito".
Mientras el sector más popular del público gritaba olés, oés y otras lindezas populistas que el sector más acomodado y elegante intentaba acallar, intuimos que gane quien gane y mande quien mande, siempre habrá algún Pepe en algún lugar del poder.

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