Una victoria contundente de Mas sobre Montilla dificultaría los planes de la cúpula de ERC para repetir el tripartito.

Han visto la luz esta semana un par de encuestas que pueden servirnos para enmarcar nuestra reflexión. El jueves nos enterábamos, gracias al CIS, de que casi la mitad de los ciudadanos de este país piensa que el nuevo Estatut no satisface las aspiraciones de Cataluña, de lo que, a la vista de los resultados del referéndum, en que cerca del 74% de los que votaron lo hizo a favor, cabe deducir que el sí fue un sí responsable pero nada entusiasta. Otra respuesta parece confirmarlo: la gran mayoría de los que avalaron el Estatut lo hicieron porque les parecía mejor que el del año 1979. Puro pragmatismo catalán. Puro seny.
La otra encuesta se hizo pública un par de días antes. Se la debemos a la cadena radiofónica RAC-1. Pese a que un sondeo es siempre una foto fija de un proceso en desarrollo, de algo que se mueve, puede ayudarnos a entender cómo se plantea la batalla por la Generalitat, al menos a grandes rasgos. Según la citada encuesta -y otras que hemos podido conocer-, Montilla estaría situado por debajo de los resultados obtenidos por Maragall, mientras que CiU ganaría un puñado de diputados en relación a 2003, lo que daría a Mas una ventaja amplia (15 escaños, según RAC-1). Además, ICV-EUA tendería a subir, lo contrario que el PP. ERC por su parte, se encontraría suavemente a la baja.

La foto, en resumen, nos da un Mas claramente vencedor pero a quien un nuevo pacto tripartito podría mandar a la oposición.Dicho de otra manera: Carod-Rovira, su partido, tendría la capacidad de gobernar con el PSC o CiU. Eso sí: siempre que los socialistas no optaran, tras la supuesta derrota, por renunciar a la presidencia de la Generalitat para buscar una alianza sociovergente. Pero vayamos a ERC, que en estos momentos parece conservar la famosa llave. La cúpula de Esquerra ni siquiera como hipótesis se plantea pasar a la oposición. Por otra parte, para repetir la alianza de izquierdas le valdrían los argumentos empleados ya con motivo del Pacto del Tinell. Se trataría, ahora, de dar continuidad al proyecto entonces iniciado, de ser coherentes con la decisión estratégica tomada en diciembre de 2003.

Y llega aquí la pregunta en mente y boca de todos: ¿Un triunfo de CiU contundente, inequívoco, de más de seis u ocho diputados sobre el PSC por ejemplo, puede condicionar lo suficiente a ERC como para cambiar de planes y apostar por un gobierno con CiU? ¿Importa el tamaño de la victoria de Mas sobre Montilla? Aunque entre los independentistas son muchos los que repiten que «si sumamos, habrá tripartito», el asunto no es tan simple. Porque para el electorado de ERC no es lo mismo convertir a Maragall en presidente que hacerlo con Montilla. La posibilidad de que su voto convierta al hasta ahora ministro en presidente de la Generalitat, más aún si resulta perdedor, genera malestar y desconcierto entre amplios sectores republicanos. Y esa intranquilidad y desconcierto seguirá ahí después del 1 de noviembre. Además, la presión que se desatará para que ERC pacte con Mas -caso de ser éste el claro ganador- será mucho más intensa que en 2003, cuando CiU ganó por tres escaños pero el PSC cosechó más votos. La necesidad de garantizar la defensa y el despliegue del nuevo Estatuto se convertirá sin duda en uno de los argumentos más repetidos por los partidarios de un gobierno CiU-ERC, que los hay.

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