Qué habrían reivindicado los nacionalistas catalanes si no hubiera tenido lugar la huelga del personal de tierra de Iberia que provocó hace unas semanas el colapso del aeropuerto de El Prat? Pues, sinceramente, no lo sé, pero seguro que habrían reclamado algo: hay una inacabable lista de reivindicaciones pendientes y se escoge una u otra según las circunstancias. Ahora toca el aeropuerto.
La vida política catalana de los últimos treinta años podría contarse como la historia de una continua reclamación al Estado de traspasos de competencias, no la historia de exigir un buen gobierno al Estado, a la Generalitat y a nuestros municipios respectivos, que sería lo razonable. Muchos están convencidos de que los problemas públicos, si son competencia del Estado, se solucionarán por el simple traspaso de los servicios correspondientes a la Generalitat. No importa que después, una vez transferidos, sigan funcionando mal o peor: nadie pide entonces que la competencia en cuestión sea devuelta al Estado. Se trata de un camino de ida sin vuelta atrás: ¿cómo algo puede funcionar mal si es "nuestro", si lo gestionamos "nosotros"?
Las reivindicaciones frente a Madrid son siempre interminables. Hace unos meses, además del nuevo Estatut, se reclamaban los papeles de Salamanca, las selecciones deportivas, el concierto económico, el catalán en la Unión Europea y que al valenciano - como le llamaban Ausiàs Marc y Joanot Martorell- se le denomine catalán. Todo ello era cosa de vida o muerte, ¿se acuerdan? Antes habían sido los Mossos d´Esquadra, la supresión de los gobernadores civiles y así podríamos seguir hasta los comienzos de nuestra autonomía. Algunos de estos objetivos, siempre vitales, se consiguen y otros no. Estos segundos vuelven a aparecer, intermitentemente, al cabo de un tiempo, hasta que finalmente caen en el saco: entonces no se vuelve a hablar de ellos. ¿Quién se acuerda hoy de los famosos papeles de Salamanca?
Todo ello genera un estado de perpetua insatisfacción y de incesante victimismo que determinados partidos aprovechan para cobrar sustanciosos réditos electorales. Según el informe que el CIS hizo público anteayer, el 47,5 por cien de los catalanes considera que el nuevo Estatut "no satisface las aspiraciones de Catalunya". Ahora estamos en un prudente compás de espera pero dentro de muy poco se empezará a decir que Madrid no cumple y de nuevo comenzarán las disputas competenciales. Algo más tarde se dirá que se necesita un nuevo Estatut. Y vuelta a empezar.
El problema, por tanto, no es quién gestionará mejor el aeropuerto de El Prat: puede ser el Estado, la Generalitat, un consorcio público o una empresa privada. El problema está en que esta política de continua reivindicación y escasa preocupación por los problemas reales está conduciendo a Catalunya a una situación de adormecimiento y atraso. ¿Por qué los catalanes no nos dedicamos a reclamar - a la Administración que corresponda- una mejora de la educación, de la investigación, de la atención sanitaria, de la seguridad pública? ¿Por qué no pedimos - a quien corresponda- la pronta construcción del cuarto cinturón, el desdoblamiento del Eix Transversal, la conexión eléctrica con Francia, que se terminen las obras del AVE, la línea 9 del metro, que se construya una autovía entre la frontera francesa y el límite con Castellón, entre tantas otras cosas pendientes? Gobernar no es reclamar más competencias, sino realizar obras. Obras son amores y no buenas razones.

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