No habrá más paseos por los jardines de la Moncloa bajo la atenta mirada de la hilera de plátanos que rodea el hogar del presidente. No habrá más confidencias al oído del director de El Mundo a Zapatero. Al carajo la complicidad de escaparate.

Todos contra todos. El ABC, de una tacada, contra Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez. Y, de paso, contra Zaplana, el traidor a la causa conservadora. Libertad Digital contra los nuevos compañeros de viaje de Polanco, que además son vascos un tanto frailunos. La Moncloa y el CNI vuelven por sus fueros. A poner los servicios de inteligencia al servicio del Gobierno, no del Estado. El País -afortunadamente de papel- vuelve a las trincheras. Vuelve a sacarle las castañas del fuego a un Gobierno socialista. ¿A cambio de qué?

-¡Pasen y vean! La función ha comenzado...

Rajoy, como la copla. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Ni en la misma trinchera que acoge y protege a quienes le piden que salga del burladero para hacer frente a los nuevos molinos de viento que socavan la democracia, ni con quienes le reclaman la vuelta a la moderación. Al posibilismo que tanto gusta a la clase política. Y tanto solivianta a los periodistas. Ni con Aguirre ni con Gallardón. Con los dos y con ninguno. A la gallega.

La batalla está servida. Se puede seguir a través de las ondas, de Internet o de algunas tertulias televisivas. Y promete ser larga, para deleite de los espectadores. Por el mismo precio se puede ver a un ex director general de la Policía diciendo que los autores del 11-M son sicarios de ETA, pero sin aportar pruebas; y al periódico que más ejemplares vende manipulando pruebas sacadas ilegalmente de un locutorio carcelario tutelado por un juez. Pero también a imputados por crímenes nauseabundos ejerciendo como experimentados politólogos, explicando a cinco columnas cómo, cuándo, por qué, y quién está detrás del mayor crimen de la historia contemporánea de Europa (a lo mejor lo hace en la siguiente entrega). Todo es posible en este magnífico espectáculo en el que se ha convertido la política. Una bendición para mentes irascibles.

Todo es posible. Y es que España, como se sabe, es una de las escasas democracias avanzadas en las que una legislatura dura poco más de dos años. El espectáculo está asegurado, al menos hasta mayo. Hasta las próximas elecciones municipales y autonómicas. Incluso, es muy posible que la función se alargue hasta las elecciones de marzo de 2008.

¡Lo nunca visto! Pasen y escojan sus localidades.

El mago Rubalcaba

¡Tomen asiento! Observarán como el mago Rubalcaba hace desaparecer en santiamén hasta cinco informes que hablan sobre las relaciones entre ETA y el terrorismo islamista. Cinco informes, cinco, que nunca fueron puestos a disposición de la comisión parlamentaria que investigó en su día los crímenes más deleznables de la democracia. Todo un ejercicio de funambulismo político. No. No se trata de un simple sosias, de un vulgar imitador, de alguien inimitable. Inigualable. Es el auténtico, el genuino portavoz socialista que en los tiempos de la oposición decía aquello de Queremos saber. De aquel que repetía por las esquinas de la TV: No nos merecemos un Gobierno que nos mienta. ¡Chapaeau!

La función promete ser colosal. Las autoridades han pensado en todo. Esta previsto, incluso, que los espectadores puedan saltar a la pista. El confidente de la policía – y garganta profunda en el 11-M con apellido de noble y duro oficio de antaño- escribe libros con el periodista que investiga los hechos, dando éste una inequívoca señal de neutralidad. De objetividad, que se decía en la facultad de Ciencias de la Información.

Hay más. Mucho más. A la pista también saltarán los mismos que un día dijeron que el asunto de los Gal era un invento de Pedro J. para desgastar a Felipe González y reemplazarlo por José María Aznar. Sobre las lonas del circo podrán también demostrar su destreza quienes durante años lo único que han conseguido investigar desde sus borbónicas páginas ha sido la composición del kalimotxo.

Y por si falta algo, tendremos un ejercicio de diván nunca visto desde que Freíd abrió consulta en la primera planta de la Berggasse 19, en Viena. Se trata de demostrar, por medio del hipnotizador Acebes, de las hermosas tierras de Ávila, que después de ocho años en el Gobierno los servicios secretos seguían en manos del enemigo. Del adversario político. Se trata de un número verdaderamente singular en el que el protagonista del hechizo es también la víctima. El espectador y el hipnotizador. La víctima y el verdugo caen atrapados en un mismo sueño.

Todo es posible. Todo salvo la verdad. Bienvenidos al espectáculo. No defraudará.

Tras la función se sabrá realmente si hubo alguna vez 192 muertos.