Amir Peretz, el ministro de Defensa israelí, cuestionado en su país por cómo dirigió la guerra del Líbano, tampoco tiene buena prensa en Marruecos. Tres distinguidas personalidades del país alauí, los ex prisioneros políticos Abraham Serfaty y Sion Asidon, así como el escritor Edmond Amran el Maleh, marroquíes de confesión judía, interpusieron la semana pasada una querella por «crímenes de guerra» contra el político hebreo.

La información hubiera sido irrelevante si Peretz no fuera también de origen marroquí. Su auténtico nombre es Armand Peretz, y nació en la pequeña localidad de Bejaad, en el centro del país, donde su padre regentaba una gasolinera. El hoy ministro de Defensa en el gabinete de Olmert emigró a Israel con cuatro años de edad, en 1956. Para las autoridades y las leyes marroquíes, los ciudadanos israelíes nacidos en el país norteafricano y sus descendientes -una población estimada en 800.000 personas- siguen siendo marroquíes, ya que nunca han renunciado a su nacionalidad de origen, y aunque lo hayan hecho, esta formalidad raramente llega a término.

Para complicarlo un poco en Marruecos, la ley autoriza que se interpongan querellas contra todo marroquí que haya cometido un delito o crimen dentro o fuera del territorio nacional. En febrero pasado, durante su visita al reino, invitado personalmente por el rey Mohamed VI, Amir Peretz declaró en una entrevista al diario marroquí L'Economiste que se sentía «orgulloso de ser marroquí» y que su elección como líder del Partido Laborista «es una victoria para todos los marroquíes, los que viven en Israel y los que viven en Marruecos".

En agosto pasado, en pleno conflicto del Líbano, tres militantes pro Derechos Humanos y abogados de renombre, Abderrahim Jamai, Jaled Sefiani y Abderrahman Benameur, se basaron en esas declaraciones para interponer una querella contra el ministro, al que tacharon de «terrorista criminal sionista» en una conferencia de prensa. Querella que acaba de ser secundada por ésta última.

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