Hace algunos meses dije, en estas mismas páginas, que lo mismo que llevó a Rodríguez Zapatero al poder, es decir, el 11-M, sería lo que cavara su tumba política. Y hoy puedo añadir que eso está más cerca que lejos, que cada vez es más evidente que los atentados de Madrid fueron el resultado de esa conspiración de la que se ríe a tumba abierta Rubalcaba, y que, en algún momento más o menos próximo, tendremos un conocimiento algo más preciso de lo que ocurrió, aunque hoy todavía son meras sospechas que, eso sí, nada, o muy poco, tienen que ver con la versión oficial. Pero lo cierto es que el pasado miércoles por la tarde, en la interpelación que sobre el 11-M hizo el PP al ministro del Interior, la intervención de éste último trajo a mi memoria recuerdos de otros tiempos, aquellos en los que, quien entonces era portavoz del Gobierno de Felipe González, se entregaba en cuerpo y alma a la tarea de negar las evidencias de lo que luego se demostró como uno de los capítulos más tristes y vergonzantes de nuestra reciente historia: el terrorismo de Estado, los GAL. Entonces, como ahora, Rubalcaba se reía a tumba abierta del PP y de sus sospechas. Pero también entonces, como espero ocurra ahora, supimos la verdad pese a que aún hoy sigue sin despejarse la famosa ‘X’ que oculta el nombre del máximo responsable de aquellos crímenes.
¡La famosa X...! Apunten este nombre, antes de que me olvide: Nadia Zai. Ya les diré más en el momento oportuno, pero si mis fuentes no me engañan –y no creo que lo hagan-, su nombre -de reminiscencias árabes-, su ascendencia marroquí, su educación francófona, y su buena relación con empresarios iraníes la convierten en una pieza importante en el tablero de juego de los intereses ocultos y la tenebrosa trastienda de todo lo que estamos viviendo. Quizás como agente doble –franco-marroquí-, quizás como esposa de, o amiga de, quizás como vínculo de los servicios de información españoles, quien sabe por qué, pero esos días parece que estaba, como se dice vulgarmente, en el ajo, en la pomada. Algo les adelanté la semana pasada. Algo más les digo hoy. Algo más añadiré en el futuro porque, siniestramente, ese nombre, que bien puede ocultar otro, tiene que ver con la larga sombra que se extiende sobre una legislatura política marcada en origen por unos sangrientos atentados y caracterizada por una debilidad extrema ante el terror y la claudicación humillante y vergonzosa a las exigencias de la pandilla de canallas.
¡Esta es la gran tragedia del tiempo que vivimos! Rodríguez gobierna asfixiado por sus compromisos, por quienes tienen información fundamental para su propia supervivencia política, y por los fantasmas del pasado. Rubalcaba demostró el miércoles por la tarde que este Gobierno se guía por la máxima marxista de que el fin justifica los medios, y el fin era, en marzo de 2004, alcanzar el poder. Daba igual cómo, a cualquier precio. Para ello se confiaba en una sociedad cobarde, fácilmente manipulable, que enseguida se sometió a las exigencias de los terroristas que no eran otras que las de cambiar el Gobierno. Una sociedad que ha entregado su libertad a la obediencia sumisa a aquellos que se han designado a sí mismos como los únicos que construyen nuestro destino, un partido –en la teoría marxista- que nos conforma y nos guía conducido por líderes visionarios. “No hay déspota en el mundo que no pueda usar este método de argumentación para la más vil opresión, en nombre de un yo ideal que busca realizar por sus propios medios, aunque estos sean algo brutales y prima facie moralmente odiosos” (Isaiah Berlin).
Rodríguez quiere ser aquel “ingeniero de almas humanas” que describía Stalin, el hombre que escriba nuestros designios. Y eso exige ocultar la verdad. Rodríguez ha encontrado en Rubalcaba, el portavoz del Gobierno de los GAL, la maquinaria perfecta para mantener abierto el escenario de negociación con ETA al tiempo que intenta cerrar cualquier válvula de escape de información confidencial respecto al 11-M. Información que, además, puede afectar gravemente al escenario negociador al que se somete el presidente como único clavo ardiendo al que puede agarrarse para volver a robar una nueva legislatura a la voluntad popular. Está, definitivamente, atrapado entre el azar y la historia. ETA y el 11-M son la clave de todo, el medio justificado por el fin último, que no es otro que el poder. Rodríguez es prisionero de sí mismo y de la bestia que él ha despertado y engordado precisamente cuando más cerca estaba de su extinción. Quiere escribir su destino y el nuestro, pero sus planes pueden verse perturbados por la suerte, por aquello que ni el ni su ministro son capaces de controlar: la necesidad de saber la verdad para ser más libres.
Esa, y no otra, es la razón de su nerviosismo. Esa, y no otra, es la razón de que Rubalcaba haya decidido contraatacar haciendo lo que sabe hacer: la filtración interesada, la manipulación de las pruebas, la tergiversación, el engaño, la mentira... A mí me da igual la guerra de medios. Lo que me importa es que quien tiene en su mano el mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sea quien se niega a responder a las cuestiones clave del 11-M. Lo que me preocupa es que quien puede ordenar la investigación sea quien se dedique a manipular pruebas contra los medios de comunicación. Lo que me acojona es que quien puede decidir sobre la actuación policial sea quien encienda el ventilador para extender, de nuevo, como ya hicieran en tiempos de los GAL, la mierda por todas partes, con las consecuencias que ya conocemos. Si el 11-M es lo que dicen que fue, ¿porqué no dejan que las sospechas se diluyan por sí solas? Si ETA no está detrás del 11-M, ¿porqué ocultan el famoso informe cuya existencia ya denuncié hace unos meses? Entonces, en el mes de marzo, me preguntaba si Telesforo Rubio, hoy defenestrado, ocultaba informes clave para la investigación y por qué no formaban parte del sumario informes que vinculaban a Trashorras con ETA y por qué se silenció a los investigadores que aconsejaban abrir la vía de investigación que conducía a la banda terrorista.
Hoy me pregunto qué es lo que tiene que ocultar este Gobierno. Hoy me pregunto cuál es la relación de los atentados del 11-M y la negociación que el Ejecutivo ha iniciado con ETA. Hoy me pregunto si Zapatero camina sobre la cuerda floja de unos atentados que pueden acabar con su carrera política y de una negociación que, incluso, puede estar poniendo en peligro la vida de muchas personas. Hoy me pregunto hasta que punto este Gobierno está en manos de ETA y de los GAL, sometido a los designios de canallas que no han dudado en apretar el gatillo y matar a sangre fría. Hoy me pregunto si Rodríguez es consciente de la deriva a la que nos ha llevado a todos, de la manera en que ha conducido este país al abismo, del modo en que ha puesto en peligro nuestra propia existencia como nación, de cómo nos ha entregado en manos de quienes buscan nuestra destrucción y la muerte de la libertad. Hoy me pregunto, sinceramente, si también nosotros podremos volver a respirar.

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