Un supuesto delincuente Trashorras está hablando con sus padres en la cárcel sobre la faena que le ha hecho un antiguo compinche suyo Nayo. Hace pocas semanas, y a través de una entrevista en el periódico EL MUNDO, el compinche lo acusó de colaboración con terroristas y tráfico de explosivos. Los padres, quizá, le preguntan al hijo por la veracidad de esas declaraciones, y quizá, después de que el hijo la niegue, dicen algo parecido a entonces por qué... El hijo contesta que por dinero. Y para convencerlos remacha, según la primera frase de la transcripción de ese diálogo, conocida anteayer: «Mientras el periódico EL MUNDO pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil española». Y añade, dirigiéndose probablemente al padre: «¿Por qué piensas que lo hizo Nayo [el compinche]?». El padre ve el cielo abierto: «Por dinero, si ya se sabe...» Y la madre se sulfura: «Yo no sé por qué la Justicia no le cierra la boca a EL MUNDO».

Un año después, el citado periódico publica una entrevista con el supuesto delincuente Trashorras. Al cabo de unos días otro periódico, entre catilinarias acerca del amarillismo, le acusa de comprar declaraciones. Concretamente «de pagar para que declare lo que se le indica que diga o lo que él [el entrevistado] sabe que quien le paga desea que diga». ¿Con qué fundamento fáctico?: la transcripción parcial de la citada conversación carcelaria. Es decir: la defensiva especulación (es un supuesto delincuente, acusado de facilitar un crimen terrible; pero sus padres, e incluso un rastro de vergüenza filial, no son supuestos, sino irrebatibles) de Trashorras fundamenta la acusación del periódico: timbales en portada y un editorial titulado «A cualquier precio». Impresionante asunto. ¿Cuál es la fuente que permite decir a la acusación que EL MUNDO soborna?: Trashorras. ¿Por confesión personal?: no, de ningún modo dice Trashorras que haya cobrado de EL MUNDO. ¿Porque tiene pruebas de que alguien haya cobrado del periódico? En absoluto: sólo que para justificarse ante sus padres dijo que las calumnias del compinche eran calumnias mercenarias.

A cualquier precio.

Mi creencia (en el exacto sentido en que Daniel Dennet usa esta palabra) es que lo sustancial de la matanza del 11 de marzo se conoce y está recogido en el sumario, y que las sucesivas teorías de la conspiración no responden a la racionalidad. Las teorías conspirativas son tan desmoralizantes como un ataúd que no ha encontrado aún su cadáver. Sería una excelente noticia que sus intentos de refutación no retrasaran el cierre del duelo.

(Coda: «La verdad se asemeja más al amor que al dinero. A la mayoría de nosotros nos preocupa la verdad, al menos algunas veces, por razones no meramente instrumentales. La verdad es profundamente normativa, merece la pena interesarse por ella como un fin en sí mismo». La importancia de la verdad. Para una cultura pública decente, Michael P. Lynch. Paidós, 2005.)

© Mundinteractivos, S.A.