Los atentados del 11 de marzo de 2004 que costaron la vida a 191 personas y provocaron un vuelco electoral en España volvieron ayer, de nuevo, al Parlamento, y lo hicieron de la mano de una interpelación del Grupo Popular, defendida por su portavoz, Eduardo Zaplana, al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Fue un debate agrio, intenso y duro, con acusaciones por ambas partes, en el que Rubalcaba buscó el cuerpo a cuerpo con el dirigente del PP.
Y lo hizo, entre otras cosas, como forma de eludir la respuesta a las preguntas, a los interrogantes que le planteó en su primera intervención el portavoz del PP. El mismo día que el diario El País entraba a saco en la guerra mediática sobre el 11-M insinuando que El Mundo había pagado a Trashorras por sus declaraciones, el ministro del Interior afirmaba en la Tribuna del Congreso que “hoy he encontrado una nueva interpretación a la frase de que el PP quiere saber la verdad a cualquier precio”.
La primera intervención de Zaplana, sin embargo, no había sido especialmente ‘virulenta’ ya que el portavoz del PP centró su argumentación en resaltar las “sombras” que planean sobre la investigación, al tiempo que cuestionó al ministro sobre algunos de los asuntos que más dudas plantean y que afectan, fundamentalmente, a la cadena de custodia de la mochila de Vallecas, las pruebas halladas en la furgoneta que utilizaron los terroristas el día de la masacre y las “contradicciones” del jefe de los TEDAX ante la comisión de investigación y el juez encargado de la investigación.
La conspiración
No respondió Rubalcaba quien, sin embargo, acusó al PP de inventarse una teoría de la conspiración, para acabar añadiendo que “la conspiración la protagonizaron ustedes para engañar a los españoles”, y que el PP resucita el debate del 11-M por orden “de quien manda en su partido pero no se sienta en la calle Génova”, en clara referencia al ex presidente José María Aznar. Zaplana acusó el golpe, y en su contrarréplica a Rubalcaba elevó considerablemente el tono.
El portavoz del PP acusó al ministro de ocultar información al Parlamento y lo contrapuso con la actitud transparente de su antecesor en el cargo, Ángel Acebes. “Su estrategia es denigrar al que pide información, porque ese es su concepto de la democracia”, afirmó Zaplana. “Usted se niega a dar a esta Cámara lo que nos exigió irresponsablemente en unas horas trágicas de la Historia de España”, añadió el portavoz popular para quien “la verdad es una exigencia de la sociedad española”.
El ministro, en su primera intervención, había puesto en duda el interés del PP por las víctimas. Lo hizo a su manera, dejando que la conclusión la sacaran otros: “A ustedes las víctimas del 11-M...”. Eso hizo que la bancada popular protestara con energía y que Zaplana le espetara: “Si no tienen nada que ocultar, ¿porqué esos nervios? ¿Por qué esa tensión? ¿Por qué esas ganas de insultar al PP?”, para recordarle a Rubalcaba “lo que hizo en otra época, cuando decía que no se podría demostrar nada, y al final se demostró todo y fue malo para ustedes y para la sociedad”, en referencia a los GAL.

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