LA VISITA DEL PAPA A ALEMANIA

El autor asegura que el programa del pontificado de Benedicto XVI consiste en la «sencillez del anuncio», pese a la multitud de temas que trata en sus homilías.

Benedicto XVI da quebraderos de cabeza a los periodistas. Sobre todo a los que, en las redacciones, tienen que sintetizar en un titular lo que les transmiten sus colegas a pie de obra. Todo lo que dice y escribe el ex profesor Ratzinger es fruto de meditaciones realizadas durante 60 años, más la experiencia de arzobispo y, después, de responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por eso, incluso en homilías, como las que pronunció en Baviera, acumula tantos temas que se convierte en un problema para los que deben resumir y subrayar uno de los muchos aspectos que aborda.

La acumulación se verificó en la homilía de anteayer en Ratisbona, la ciudad donde el Papa hizo sus primeros pinitos como profesor. Ante tantos argumentos, algunos comentaristas se centraron en la relación entre fe y ciencia, o en el «diseño inteligente» y el Evolucionismo según la «casualidad y la necesidad». Otros se fijaron en el «odio y el fanatismo» de ciertas religiones que «han matado la auténtica imagen de Dios».

El que subraye estos últimos argumentos no se equivoca. La actualidad del tema es tal que Benedicto XVI quiso volver sobre él por la tarde, en la conversación que mantuvo con los universitarios. Así como el iluminismo occidental, que se convierte en escepticismo, si no en nihilismo, es una «patología de la razón», advirtió, el fundamentalismo convertido en terrorismo y en imposición de la conversión es una «patología de la religión».

En Ratisbona, Ratzinger no dudó en hablar del islam, y citó capítulos del Corán, dándoles una lectura «pacífica» que seguramente agradará a los musulmanes moderados, pero que suscitará el rechazo de los radicales. Para éstos, es inadmisible que un infiel, aunque sea el mismísimo Papa, dé lecciones a los creyentes en Alá sobre la auténtica Revelación, la que convirtió en anacrónicos al judaísmo y al cristianismo. ¿Podría lanzarse una fatua contra Benedicto XVI? Dados los tiempos que vivimos, no se puede excluir.

Pero volviendo al denso texto de la misa de Ratisbona, permítasenos subrayar una frase que apunta a una de las preocupaciones esenciales de un hombre que no quiso convertirse en un catedrático armado de teorías, sino en un sacerdote con vocación apologética. Esa «pasión por convencer» que, según Pascal, es algo instintivo en el hombre que tiene fe y que necesita comunicarla.

Tanto que, en determinados círculos clericales, nadie duda de la estatura de teólogo de Ratzinger, pero prefieren tildarlo de «dogmático» más que de «pastoral». No como infravaloración, sino como reconocimiento. No en vano el primer libro que le da notoriedad internacional es la Introducción al cristianismo, una especie de catecismo lanzado en medio del caos del 68. Y no en vano -para escándalo de muchos-, fue el primero que rompió el legendario silencio y secreto de sus predecesores del Santo Oficio, convocando a un periodista para que «sacase a la calle» lo que, hasta entonces, se debatía sólo en los laboratorios teológicos.

Por ello, me parecieron familiares las palabras del sucesor de Pedro ante la multitud a orillas del Danubio: «La fe es sencilla. Viendo la cantidad de libros escritos a favor o en contra de la fe, alguien puede pensar que creer es complicado. Y no es así».

El gran intelectual se dio cuenta de que el estudio es necesario, pero que, para la comprensión de lo que realmente cuenta, los sencillos son privilegiados. La Iglesia creó las primeras universidades de la Historia y siempre exhortó a los doctos a la investigación. Pero también anunció la Palabra a los ignorantes y los elevó a los altares en número superior al de los profesores.

La sobriedad de Benedicto XVI (pocos documentos, pocos viajes, pocos discursos) nace de una preocupación que ya expresaba en Informe sobre la fe: «Si la gente se aleja es también porque le dimos la impresión de que creer es un sistema complejo, cuando es así de fácil: hay un Dios, un Dios que es Amor y que quiso encontrarse con nosotros en la persona de Jesús de Nazaret. Para vivir la Esperanza y para conocer lo esencial son suficientes las pocas palabras del Credo».

Concentrarse en lo esencial y reencontrar la sencillez del anuncio. Este es, en el fondo, el programa del pontificado de Benedicto XVI.

Vittorio Messori es experto vaticanista del Corriere della Sera.

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