Alguien lanza en Escandalera el rumor de que Teleasturias está en venta, y que para obtener la licencia, se le puso a su propietario como condición que elimine alguno de sus colaboradores. Ante la insinuación -por si generase alguna confusión-, aprovecho este espacio para aclarar alguna cosa, ratificando lo dicho por algún otro de nuestros contertulios.

Mi colaboración con Teleasturias no existe en estos momentos, pues no tengo ya una relación con esa cadena que vaya más allá de los afectos y los cabreos, pero puedo añadir que sí tuve una relación intensa con ella, al salir del traumático final de la TLO potente de hace cuatro años, porque amablemente su propietario me permitió ir por allí a tocar aparatos, acariciándolos con las manos (eran muchos años desde que hablé seriamente con Joaquín padre -padre de otro Joaquín que fue director de Teleasturias- de la fundación de TLO, que de allí acabó viniendo la cosa), y a concebir estrategias de resistencia en equipo, ante el dominio que Jorge Fernández León tenía, a su manera, en Teleasturias, en nombre de la aparatocracia esa que no tiene límites.

Aquello sucedía en el 2002.

Lo cierto es que mi distancia efectiva de las ideas y los proyectos de Teleasturias viene de las navidades 2004-2005, momento en que dejé de implicarme en el proyecto desde un punto de vista emocional, por discrepancias manifestadas en el lugar y a las personas adecuadas, y puede que la forma en la que me gusta definir mi relación con la empresa a partir de entonces, al haber hecho un programa como presentador en el 2005-2006, suene a chiste, pero es la verdad: consistió en hacer mi parte de un programa que se llamó Primera Plana, en homenaje al cineasta Wilder. Inevitable toque cultureta (mal de una generación).

Algo puedo hablar de televisión en Asturias, habiendo estado en la historia de las locales desde su arranque, tratando a los personajes que lo hicieron posible en muchos casos; y puedo decir que alguna de las escasas entrevistas de "negocios" de mi vida, fueron celebradas para ofrecer técnicas para montar televisiones locales, siempre con gente que demostró que sabía hacerlo. Eso sí, a nuestra peculiar manera.

A mí me tocó estar siempre agazapado y otros iban pasando por delante, mientas yo hacía crónicas de "opinión" y me lo pasaba muy bien, viviendo en la "docta" ignorancia, con el espectáculo a mi alrededor.

Fuera de esta desgraciada Asturias, las televisiones próximas -incluyo ahí el perseguido experimento Teleasturias- dan mucho juego, aparte del muchísimo cutrerío con el que palían las deficiencias de su cuenta de resultados -como aquí-, pero también hay cadenas que se han profesionalizado y viven de un mercado real.

Ya se dijo que Teleoviedo fue eso, una cadena muy profesional, en la época en que José Luis Uribarri, figuró públicamente como empresario.

En otros territorios españoles, las televisiones locales, aparte de la caspa, ofrecen también espacios adecuados para que los ciudadanos queden desbloqueados, y las entidades en las que se mueven, tienen allí su lugar para conectar con muchas opiniones de la calle.

Eso sí es "progresismo", por lo que tiene de plataforma para la democracia, y no lo de andar por ahí montando empresas de producción de panfletos para el PSOE, el PP e IU -en combinaciones como las que todos conocemos- pero claro, eso para Asturias es demasiado.Y esto es así, a pesar de que en el Principado hay un mercado publicitario para empresas con dimensiones adecuadas, que trabajen con el dinero de la publicidad real, y no con los subsidios indirectos captados de las empresas que contratan con la administración, como en el caso del escándalo del panfleto...

¿Quíen es el responsable de un mercado asfixiado? ¿Acaso no es el que lo regula? ¿No regula el gobierno las licencias digitales? ¡Menuda prisa que teníamos con la tecnología digital! Y mira tú ahora...

Yendo al grano, no creo que Teleasturias esté en venta, ni que esa venta esté pendiente de la liquidación de nadie.

Me inclino más a creer que la intención del gobierno es cerrarla sin más, aprovechando el camino que al efecto pude abrir la Ley de Impulso de la Televisión Digital Terrestre, que concede al ejecutivo esa posibilidad -para las televisiones locales, y es de suponer que para las "regionales" por analogía-, una vez solventado el concurso en el que están pendientes las adjudicaciones de los canales locales y regionales, pues de acuerdo con esa ley, el cierre se podría culminar a los seis meses de que el concurso esté resuelto, al margen de las acciones legales que pudiera desarrollar el propietario de la cadena, por los perjuicios que pudieran derivarse de la aplicación de una ley, en la que las cuestiones relativas a las "televisiones regionales", se mantienen en una densa oscuridad, buscada expresamente por el legislador, lo que deja el camino abierto para una defensa legal bien preparada.

Así pues, los plazos para la posibilidad legal de ese cierre, se acercan al año, y por lo tanto, sería para después de las próximas elecciones locales y autonómicas.

¿Qué va a hacer por el camino Rodolfo Cachero con Teleasturias? ¿Qué posición van a adoptar los partidos políticos?

Confieso que la distancia me impide vivir el problema con intensidad, concentrado como estoy en este proyecto ciudadano de comunicación en Internet que es El Comentario TV, pero confieso que me preocupa extraordinariamente como demócrata, que en la Asturias del siglo XXI se pueda vivir de esta manera la agonía de los proyectos de comunicación privados, en el terreno audiovisual, por la enorme falta de libertad, y lo que es peor, de voluntad de conquistarla, en una sociedad en la que tanto se presume de lo contrario.

Sólo digo una cosa. Si yo fuera empresario, y visto lo visto, dedicaría hoy mi inversión y esfuerzo a la promoción de un proyecto audiovisual en Internet, pues la Televisión Digital Terrestre es ya un fracaso cantado, por razones tencológicas y de mercado, dado que cualquier persona informada puede comprender con facilidad, que esa tecnología está limitada por sus propios mecanismos de difusión, mientras que en dos años, el audiovisual distribuido por la red, se convertirá en la nueva comunicación triunfante, acabando por desplazar del mercado publicitario a las televisiones convencionales, por mucho que digitalicen sus contenidos y sistemas de emisión.

Su tiempo pasó.