Housing, housing y más housing. Es la palabra de moda en Estados Unidos. Vivienda, sector de la vivienda, vivienda y tipos de interés, vivienda y empleo, consumo y vivienda. El inmobiliario se halla en boca de todos. Y no precisamente para bien. Día tras día, semana tras semana no hacen sino acumularse datos negativos de actividad y precios que ahogan las cotizaciones de las empresas cotizadas y cuestionan a futuro el vigor que hasta ahora ha mostrado la economía americana. Aquí va un poquito de análisis para los escépticos de las caídas en el precio de las casas. El que tenga oído para oír, que oiga. O no.

Considerar Estados Unidos como un único mercado de la vivienda es una falacia. Obviamente las diferencias entre una costa y otra, o entre norte y sur, son evidentes para cualquiera, pero sí que hay varios puntos de encuentro que recuerdan, y mucho, a la realidad inmobiliaria española. En primer lugar, el sector ha crecido significativamente en términos de participación en el Producto Interior Bruto en los últimos años -como en España donde se ha situado por encima del 10%-, ha aportado una parte importante de la nueva creación de empleo a la vez que servía de mercado laboral para la mano de obra inmigrante que llegaba al país (¿les suena?), ha permitido, gracias al incremento en el valor de la vivienda y a los bajos tipos de interés, que el americano medio se encuentre con unas disponibilidades líquidas con las que nunca había soñado, lo que se ha traducido en una espiral de compra/mejora de las casas y de mayor endeudamiento, consecuencia que ha llevado al límite la capacidad del ciudadano para hacer frente a sus deudas. La vivienda nunca baja.

Y no hay nada más peligroso que pensar que todo sube eternamente. Que quienes han pasado años y años estudiando dos conceptos tan básicos como oferta y demanda o cuestiones más avanzadas como la elasticidad de precios, no han hecho sino el canelo, que aquí los más listos somos los que somos. Y, claro, pasa lo que pasa. Cuatro datos significativos: la venta tanto de casas nuevas como usadas está cayendo a niveles superiores al 20%, incluidas cancelaciones; los niveles de inventarios están en máximos históricos para multipropiedad, mientras que se sitúan en máximos de una década para las viviendas unifamiliares; los precios de las casas nuevas se contraen a niveles superiores al 10% en algunas regiones del país; las nuevas solicitudes de hipotecas se reducen a ritmos cercanos al 25% año sobre año.

Conclusión: el índice NAHB, sumatorio de situación actual, expectativas y tráfico de compradores, se encuentra en el nivel más bajo desde febrero de 1991 tras vivir la mayor caída interanual desde 1985. Nunca desde 1990 tantos americanos reconocían a la vez que no era buen momento para comprarse una casa. Vaya, vaya.

Y eso es lo que tienen las burbujas: se niega su evidencia, se minimizan sus consecuencias, se esconden sus indicios bajo cualquier argumento peregrino, se reducen sus primeros efectos importantes a mera coyunturalidad y acaban estallando en la cara del que se dejó engañar por todos los anteriores. Que se lo digan a los japoneses.

España es diferente, claro que sí. Pero siempre es bueno extraer lecciones de quien ha vivido fenómenos paralelos al nuestro. Precios inflados respecto a la renta disponible; exceso de oferta en determinadas regiones; elevado endeudamiento familiar; tipos de interés al alza; incremento del coste del resto de la cesta de la compra son factores que no se alejan mucho al panorama que tenían al otro lado del Atlántico. Y cuando las barbas de tu vecino veas pelar, ya sabes. Lo que no sé es si llegamos a tiempo de evitar poner las nuestras a remojar.