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12 Septiembre 2006

Asturias: la democracia bajo mínimos con los partidos en manos de antidemócratas, del Editorial en El Comentario

Las discrepancias internas en el PSOE de Oviedo y en el PP de Gijón, se producen en momentos y lugares diferentes, pero tienen un elemento común, que sorprende y acongoja, y lo cierto es que se podría aconsejar que ambos procesos se dirigieran de otra manera por ambos partidos -da igual, no van a hacer caso-, para ahorrarnos a los que ejercemos el papel de espectadores críticos, y simples votantes, la eterna sensación de que hacemos muy bien en mantener ese papel, pues aunque los partidos políticos tienen la encomienda constitucional de ser los pilares básicos sobre los que se produce la participación de los ciudadanos en la vida pública, el empecinamiento de las élites que tienen su control, en utilizar procedimientos represivos para mantener la autoridad, nos distancia de esas organizaciones, y nos sugiere que hoy por hoy, las personas con sentido crítico, sólo pueden desarrollar su dimensión colectiva, desde los nuevos medios de comunicación, y desde asociaciones ciudadanas, en las que se pueda luchar por lo que a cada uno le parezca importante, sin mezclarse con ese ambiente sórdido que aflora a la vista de la mayoría, en el que se amenaza al que discrepa y se expulsa finalmente al que no está de acuerdo, ni siquiera con lo que dice la mayoría, sino con lo que decide, en cada caso, la casta de profesionales de la representación que toman las decisiones.

Los socialistas críticos de Oviedo han dado el salto a Internet, aunque lo hacen con una prudencia muy explicable ante el clima de amenaza que viven y que se agita públicamente, con las continuas referencias a la apertura de expedientes -los ya abiertos y los que dicen que van a abrir- por parte de sus dirigentes, mientras que los disidentes del PP de Gijón, menos multimediáticos, han constituido la asociación "La Escalerona de San Lorenzo", desde la que organizan encuentros políticos que de momento se han volcado en los ecos del 11-M, a los que han invitado al experto en explosivos Luis Marugán y se anuncia la presencia en una próxima reunión de la diputada Alicia Castro, que realizará una disertación sobre el mismo asunto, que no carece de interés, entre otras cuestiones, por su presencia en la Comisión de Investigación parlamentaria por la que desfiló una buena parte de los protagonistas que podrían arrojar un poco de luz sobre este tan desgraciado como terrible episodio de nuestra historia reciente.

La disidencia del PP de Gijón, que agrupa a buena parte de los afiliados leales a la figura del ex vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez-Cascos, quedó enquistada políticamente, al paralizarse en Madrid el expediente de expulsión del partido de los concejales críticos con la gestión de la presidenta Pilar Fernández Pardo, en el Comité Nacional de Derechos y Garantías del PP que preside el ex mininstro Federico Trillo Figueroa.

Al parecer, Fernández Pardo acusó formalmente a las concejalas Lucía Ezquerra, Luisa Peláez y Vanesa Álvarez, así como al concejal Emilio Noval, de realizar actos "antipartido", en al menos dos reuniones celebradas en octubre del año pasado, después de que estos concejales abandonasen un Pleno, en el que se votaba la sustitución de Peláez en la Fundación Municipal de Cultura. En aquellas reuniones Ezquerra, Peláez, Álvarez y Emilio Noval fueron cuestionados y censurados, y al parecer acusados de "realizar filtraciones al PSOE", cosa que según se dice se escucha en una cinta que le fue entregada a Trillo, y que también fue motivo para un acto de conciliación en el Juzgado.

Conviene señalar que el PP asturiano, había cubierto la vacante de su comisión disciplinaria con el experimentado político franquista Noel Zapico como responsable -lo que sin duda le daba morbo añadido a su papel-, un nombramiento que practicamente coincidió también en el tiempo con su propuesta para ocupar el puesto de adjunto a la Procuradora Maria Antonia Fernández Felgueroso, cuyo nombramiento también motivó el desperdicio de ríos de tinta en el Principado, por el extraño entendimiento entre el PP y el PSOE que había detrás de aquella simultánea exaltación a los altares partidarios y procuradoriales de Zapico, para constituir un órgano de peticiones para la ciudadanía, que se reveló ante la mayoría tan poco fiable como cívico, por la alta tensión partidista de sus cabezas visibles, pues mal puede defender a los ciudadanos indefensos, quien recibe esa encomienda, a cambio de brindarse a utilizar el alfanje para separar cabezas, políticamente hablando, de sus cuerpos.

Así contaba La Nueva España el contenido de las grabaciones de Gijón, el pasado 9 de abril, y resulta interesante recordarlas, dado el estado de un follón que parece dormir el sueño de los justos en la mesa de Trillo. Decía Pardo cosas como éstas: «Os puedo decir que hemos recibido amenazas en el Ayuntamiento por el hecho de ser concejales del PP y tener expectativas de gobernar esta ciudad, y por el hecho de no someternos a lo que nos están pidiendo algunos miembros del equipo de gobierno, cosa que otros compañeros lo están haciendo», afirmó Pardo. La segunda grabación se hizo unos días después, en una de las llamadas comisiones paritarias, un órgano formado por directivos de la Junta local. La presidenta volvió a insistir: «Confirmadas por el equipo de gobierno filtraciones de algunos concejales de este Grupo municipal, y tengo que deciroslo aquí porque me lo han confirmado». «¿Qué acusaciones?», le preguntó Noval. «Tan graves como que concejales de nuestro equipo están pasándole información al equipo de gobierno», respondió Pardo. En aquella reunión, Luis Crego, secretario general del PP de Gijón, llegó a sugerir cómo deben comportarse los concejales del PP: «Yo no puedo tener relaciones personales con los miembros del otro partido, podemos cenar juntos si es por un acto institucional». En aquella misma crónica periodística se comentaba que Luis Crego había calificado a estos concejales como «células cancerígenas al servicio de otros».

El espíritu de secta que preside la polémica pepera gijonesa, no es menor en el caso de Oviedo, en el que se habla de los expedientes a los afiliados que han criticado el proceso de designación de Paloma Sáinz sin primarias. Vean las declaraciones de Alfredo Carreño, hoy, en La Nueva España: «La respuesta de estos compañeros que no quisieron el consenso fue la salida a los medios de comunicación siguiendo una estrategia para cuestionar la decisión tomada por la dirección del partido, e imputar calificativos y adjetivos, como golpe de estado, mafia, intereses ocultos y falta de democracia, un comportamiento que está recogido en los estatutos del partido como falta muy grave y lleva consigo la suspensión de la militancia por períodos de hasta dos años. En este momento hay abiertos varios expedientes y se va a abrir otro, pero no queremos expulsar a nadie del partido, aunque hay casos en que la falta ha sido gravísima», valoró.

El encargado de estos expedientes -al menos de los más importantes-, en terminología al uso, el "juez-instructor", es Guillermo Martínez, que comparte su tiempo en la ejecutiva de la FSA con su papel como secretario de Antonio Trevín, con lo cual es a la vez "juez" y "policía", lo que sin duda le permite tomarse ciertas libertades, muy apreciadas por sus superiores, para hacer creer a los militantes que si escriben en los "blogs" y páginas de Internet, su paso por la red será detectado y sus veleidades críticas reprimidas convenientemente, lo que añade al caso ovetense un tufo represivo de calado muy especial, en el curso de este conflicto.

¿Es propio este clima de una democracia? Es obvio que no. Pero es que la democracia no es un bien absoluto, sino un sistema basado en el uso de unas formas que en unos casos se respetan y en otros no, y en Asturias, desde que el Partido Socialista toleró, a instancias de Vicente Álvarez Areces, que Sergio Marqués gobernase la comunidad autónoma sin grupo parlamentario propio, las formas parecen haberse roto definitivamente -ponemos aquel terrible episodio como frontera de manera caprichosa, pero es que da para todo un ensayo sobre la degradación del sistema-, y lo que es más grave, no se ven signos de renovación que permitan regenerar un clima particularmente dañado por prácticas autoritarias, basadas única y exclusivamente en el "espíritu de secta" que es lo más antidemocrático que puede existir. El "espíritu de secta" es perfectamente visible en el comentario de Luis Crego en las cintas grabadas en Gijón, en las que se habla de "células cancerígenas" que se relacionan con gente del Partido Socialista, como si eso fuera pecado, o cuando se amenaza con la expulsión de un partico político a quien hable de "intereses ocultos", en el caso de Oviedo.

Estamos hablando de gente peligrosa, que por lo que se ve carece de formación y valores democráticos, que no respeta la convivencia de tendencias ideológicas o de pensamiento, y lo que es más grave, que tiene el control, y lo ejerce, sobre los pocos mecanismos de los que en teoría disponen los ciudadanos para su participación en la vida pública. Nada bueno nos espera por este camino.

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