Ustedes me sabrán perdonar, pero ¿alguien tendría la amabilidad de explicarme qué celebramos tal día como hoy? Ya sé que tal día como hoy, nefasto día si ustedes quieren, hace nada menos que casi tres siglos, Barcelona se rindió a las tropas de Felipe V y a partir de ahí, por lo visto, empiezan todos nuestros males. El president Pujol presumía que en realidad debíamos celebrar el 12 de septiembre, el día siguiente al de la derrota, cuando los tenderos abrieron sus establecimientos como si tal cosa. La Patria entendida como la Puntual.El caso es que cuando yo era jovencito, en tal día como hoy íbamos cuatro gatos a correr delante de los grises, mientras que el conseller en cap se murió tan ricamente en la cama, en uno de los capítulos más misteriosos de la historia de Catalunya, sólo comparable con la rendición sin la menor resistencia de lucha de Barcelona frente a los nacionales o la entrevista de dirigentes socialistas catalanes con el general Armada antes del 23-F. El caso es que hoy celebramos la fiesta nacional de Catalunya con el protocolo y prosapia propia del caso por el president Maragall, que ha querido dejar raquíticos los saraos montados por su antecesor. Hasta el punto de que se trae en el programa de actos a una cantante portuguesa de progenitores catalanes para cantar La gavina de la señora Marina Rosell, cuando tiene aquí a la señora Marina Rosell de carne y hueso.
Lo bueno del caso es que tenemos una fiesta nacional pero no tenemos nacionales. Es decir, que tenemos un magnífico puente, de diseño y todo, pero no tenemos el río para vadearlo, ni siquiera un riachuelo. Y a las cifras me remito porque, según una encuesta del CIS de mayo del 2006, el 43,2% de los encuestados se sentía "tan español como catalán", el 25,9% "más catalán que español", un 7,16% "únicamente catalán", y un 6.2% "más español que catalán". En el mejor de los casos, sólo un 42% de los encuestados cree que Catalunya sea una nación, y en el pasado referéndum la participación no llegó siquiera al 50% del censo electoral para darle visos de legitimidad democrática (otra cosa es la legalidad). Es decir, que celebramos el Onze de Setembre como celebramos la festividad de la Inmaculada Concepción. Exactamente igual: porque está en el calendario.
Pero ahora resulta que la efeméride tiene que tener un carácter reivindicativo. Precisamente ahora que acabamos de aprobar un Estatut según el cual para el presidente Maragall "el Estado queda aquí prácticamente residual - Maragall olvida que la Generalitat es Estado español en Catalunya-, eso que quede claro", para añadir: "Catalunya puede hacer lo quiera y lo haremos. De todos los territorios de Europa que no son estados, Catalunya es el que más se parece a un Estado". Y para el señor Mas, líder de la oposición, el texto dota a Catalunya de una soberanía "mucho más potente de la que había tenido en los tres últimos siglos"; es decir, desde 1714. Sitúa a Catalunya como uno de los países de la UE sin Estado propio "con un nivel de autogobierno más potente, un nivel de reconocimiento nacional más explícito y una capacidad de desarrollarse más notable". Entonces, ¿quieren explicarme, si el Estatut es tan bueno como dicen, qué caray revindicamos? ¿La luna de Valencia? Menos mal que siempre nos quedará Bruselas para podernos quejar de algo. Si no, no sé qué haríamos.

Escribe un comentario