La no guerra de las lenguas, de Alex Salmón en El Mundo de Cataluña
Escribo sobre el bilingüismo en Cataluña desde hace mucho tiempo.Es una cuestión que siempre me ha interesado. Primero, por polémica.Segundo, porque explica muchas cosas de nuestra sociedad. Las buenas y las malas. Y, sobre todo, por esa facilidad con la que el tema se convierte en un debate encendido, a veces construyendo ideales, y otras sólo un diálogo que destruye su desarrollo.
Una vez más, acercándonos a los días de inicio del curso lectivo, la discusión vuelve a los diarios, a unos más que a otros. Ya se sabe que las omisiones nunca fueron buenas para la salud pública ni democrática. Y así, junto a las informaciones sobre los barracones donde aún se da clase, el incremento de inmigrantes en las aulas y la famosa sexta hora, tan discutida entre los maestros, abordamos el inexistente bilingüismo de las escuelas catalanas.
Como hace años que escribo sobre estos temas, ya sé lo que me voy a encontrar al día siguiente y sucesivos, en la dirección de correo electrónico que está situada al final de los artículos.Unos, critican de forma encendida la ñoñería con la que trato el tema, reducen el debate al considerar que el castellano está en peligro de extinción en Cataluña y me invitan a que no utilice tantos términos en catalán, como conseller, Diputació o Educació.Otros, me expulsarían del país porque soy lo peor para sus proyectos monolingües, amigos de una sociedad que pueda vivir y sentir en catalán y donde el castellano sea perseguido con fuertes sanciones, métodos que recuerdan a otras épocas. Otros mensajes, los minoritarios, me felicitan por el sentido de una sociedad bilingüe. Aunque sean los menos, creo que ése es el sentir mayoritario de la sociedad catalana. La de sumar y no restar.
Los lectores saben que el pasado miércoles denunciábamos en portada las intenciones de la Generalitat de recomendar que las clases que podrían ser en castellano se hagan en el idioma de Pompeu.Ésta es una práctica ya extendida. La mayoría de los colegios públicos de Primaria en Cataluña dan tres clases de catalán, tres de inglés y dos de castellano. Ello es posible gracias al siguiente cálculo: en el Ciclo Inicial, que abarca el primer y el segundo curso, las horas de lengua catalana y castellana son 385, divididas en 140 en castellano y 140 en catalán. Las 105 que faltan se denominan estructurales comunes. Se entiende que, como las construcciones lingüísticas catalana y castellana son las mismas al ser lenguas románicas, no hay problemas de que puedan ser estudiadas en cualquiera de los dos idiomas, que es como decir que se puede estudiar francés en italiano.
Pero, bromas aparte, la decisión final de en qué lengua se dan esas 105 horas es de la dirección del colegio, que siempre opta por hacerlo en catalán. Por lo tanto, los alumnos de primero y segundo de Primaria tienen 140 horas de castellano y 245 de catalán. A ello le debemos sumar el resto de horas lectivas, que se realizan en catalán gracias a la ley de Normalización Lingüística aprobada por mayoría en el año 98 en el Parlament de Catalunya. Ustedes mismos.
Llegados a este punto, analicemos las respuestas del conseller d' Educació, Joan Manuel del Pozo, a Mònica Terribas, el pasado miércoles en TV3. Las preguntas de la periodista fueron las que tocaban. Las respuestas del conseller, también. Son las contestaciones las que delatan el doble rasero con el que juega la Generalitat en el tema de la lengua. Pregunta la Terribas qué ocurre cuando una persona pide para su hijo clases en castellano. La respuesta del conseller: «La escuela procura explicar cuál es nuestra realidad, la de la escuela y la realidad legal. Explica, sin ánimo coactivo, que el catalán es bueno. Que es un factor de enriquecimiento y desarrollo personal. Entre otras razones porque quien domina dos lenguas, tiene más posibilidades para dominar cuatro o cinco.Si aceptan la legalidad, esta lengua les hará mejores ciudadanos».La respuesta no tiene desperdicio. Lo explica todo.
¿Es que si alguien pide estudiar en catalán, cuestión obvia por otro lado, le soltarán este mismo discurso de bienvenida? ¿Es que el catalán es lengua de buen ciudadano y el castellano sólo de ciudadano? ¿Es que el conseller no se percata que él mismo está denunciando las diferencias con las que se trata a unos y a otros?
La legalidad, que él mismo reivindica, obliga a la Generalitat a tratar con igualdad a los padres que quieran que sus hijos sean educados con más horas de castellano en los dos primeros cursos de Primaria. Para ello, la legalidad dice que deben situarse en las hojas de preinscripción dos casillas, para el catalán y el castellano, al ser dos ofertas aprobadas por el Parlament.El Govern se olvida cada curso lectivo de esta legalidad. Lo grave es que primero fueron los nacionalistas, después los independentistas y ahora son los socialistas. Los mismos que están liderados por el primer catalanista de Iznájar.
Vivir con dos lenguas no puede pasar por tantas irregularidades.Hay que estar con los que no se niegan al enriquecimiento que significa vivir en bilingüe. Cataluña siempre las tuvo. Es una cuestión de inteligencia y cultura.
alex.salmon@elmundo.es
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